Eduard Fernández ha recibido este domingo el Premio Luis Buñuel del 54º Festival Internacional de Cine de Huesca en una gala celebrada en el Teatro Olimpia que ha terminado convirtiéndose en una declaración de afecto hacia la ciudad que lo ha acogido durante los últimos días. El actor catalán, uno de los intérpretes más admirados del cine español contemporáneo, ha recogido el galardón entre aplausos y ha confesado que su paso por la capital altoaragonesa le ha dejado una huella inesperada. "Me llevo a Huesca en el corazón", ha afirmado tras recoger el galardón.
El homenaje ha reunido a numeroso público en el Teatro Olimpia, entre ellos la alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, concejales de la corporación municipal y otras autoridades e instituciones vinculadas a la vida cultural oscense. Sobre el escenario, la directora del certamen, Estela Rasal, y el presidente de la Fundación Festival Internacional de Cine de Huesca, Manuel Avellanas, han sido los encargados de entregarle el premio, una pieza diseñada por Isidro Ferrer.
Acompañado por el escritor y comunicador Luis Alegre, Fernández ha reconocido que, pese a una trayectoria jalonada de premios y reconocimientos, sigue afrontando los homenajes con la misma mezcla de respeto y vértigo que cuando comenzaba. "No me termino de acostumbrar", ha admitido. "Si no te pones nervioso para salir a un escenario, es que no te gusta mucho esta profesión". Lejos de la falsa seguridad que a menudo se atribuye a los actores consagrados, ha confesado sentirse "abrumado" por el cariño recibido y ha agradecido de corazón la acogida del público oscense.
La conversación ha vuelto inevitablemente sobre la figura de Luis Buñuel, a quien Fernández considera una influencia decisiva desde la adolescencia. Ha recordado el impacto que le produjo descubrir Un perro andaluz siendo muy joven y cómo aquel cineasta le hizo comprender que era posible crear desde la libertad y la personalidad propia. "Me dio la sensación de que uno puede hacer una cosa distinta, que uno puede hacer un poco lo que le dé la gana, con mucho rigor, pero lo que le dé la gana", ha señalado.
Junto a Buñuel han aparecido otros dos nombres esenciales para él: Carlos Saura y Francisco de Goya. Del cineasta oscense ha destacado su capacidad para construir una obra profundamente personal y libre. Del pintor de Fuendetodos ha hablado con auténtica admiración, heredada en parte de la pasión artística de su padre. "Don Francisco de Goya es uno de los mejores pintores de la historia de la pintura mundial", ha afirmado. Y ha añadido una definición tan rotunda como reveladora: "Es muy bestia, es muy animal y muy arriesgado". No ha ocultado tampoco que le encantaría interpretarlo algún día en la gran pantalla.
Más allá del cine, una parte importante de la gala ha estado dedicada a las impresiones que Huesca ha dejado en el actor. Fernández ha explicado que ha aprovechado su estancia para recorrer la ciudad con calma y ha confesado haberse enamorado del parque Miguel Servet, donde ha paseado en varias ocasiones. "Es maravilloso -ha señalado-. Si viviera aquí estaría muy a menudo en el parque".

Ese descubrimiento de la ciudad ha venido acompañado de otro más profundo: el de algunas de las figuras que forman parte de la memoria colectiva oscense. Fernández ha mostrado especial fascinación por la historia de Ramón Acín, de quien ha conocido durante estos días tanto su dimensión artística como su decisiva contribución a la realización de Las Hurdes. "No sé si la gente lo sabe, pero puso dinero para que se hiciera la película", ha recordado, sorprendido por el hecho de que el artista financiara parte del proyecto de Buñuel gracias al dinero obtenido en la lotería de Navidad de 1932. Entre bromas, ha confesado incluso que él mismo ha comprado algunos décimos durante su estancia en Huesca. "No descarto que me toque", ha manifestado provocando las risas del teatro.
Otro de los nombres propios de la noche ha sido el de María Jesús Sanvicente, alma del histórico comercio La Confianza, a quien ha conocido durante una visita realizada por la mañana. Lo que comenzó como una conversación informal terminó convirtiéndose para él en una auténtica lección profesional. "Me ha dado una clase de interpretación sin saberlo", ha explicado. Fascinado por la manera en que observa a cada cliente y adapta su trato a cada persona, Fernández ha encontrado paralelismos con el trabajo de un actor. "Eso es el principio de actuar", ha reflexionado. Más allá de esa enseñanza inesperada, ha confesado que la vitalidad, la mirada y la energía de María Jesús le han recordado profundamente a su madre.
La charla también ha servido para reivindicar la figura de los guionistas, a propósito de Julio Alejandro, colaborador fundamental de Buñuel y autor de algunos de los textos más importantes de su filmografía. Fernández ha lamentado que siga siendo una profesión poco visible pese a sostener buena parte del edificio cinematográfico. A su juicio, ninguna película puede sobrevivir sin una buena historia detrás y el reconocimiento que reciben quienes la escriben continúa siendo insuficiente y debería ser superior incluso al del director.
La segunda parte de la gala ha girado en torno a El otro, el primer trabajo de Fernández como director, proyectado tras la entrega del premio. El actor ha explicado que la idea nació de una imagen que llevaba más de cuarenta años instalada en su cabeza: la de un hombre que huye de sí mismo mientras es perseguido por su propia identidad. "Un hombre que se persigue a sí mismo", ha resumido. Aquella intuición inicial acabó transformándose en un relato sobre la soledad, las adicciones y los momentos de derrumbe que cualquier persona puede atravesar en silencio. El paisaje elegido para la historia, inspirado en Los Monegros, constituye además uno de los territorios españoles que más le impresionan. "Es uno de los paisajes que más me gustan de España", ha confesado.
Fernández ha querido agradecer especialmente la colaboración de la guionista zaragozana Ainhoa Aldanondo, además de su pareja, cuya participación resultó decisiva para dar forma definitiva al proyecto. Ha explicado que fue ella quien le ayudó a encontrar el cierre adecuado para la historia y quien aportó una mirada imprescindible durante el proceso creativo. "Me ayudó mucho", ha reconocido.
También ha tenido palabras de cariño para la actriz oscense Megan Montaner, con quien compartió dos temporadas de rodaje en 30 monedas. Fernández la ha definido como una persona "maravillosa" y ha destacado tanto su calidad humana como su talento interpretativo, recordando el largo tiempo que ambos pasaron trabajando juntos.

La ceremonia ha concluido con un regalo inesperado. El músico Nayeli Ibarrola ha interpretado una composición creada a partir de las letras del nombre de Eduard Fernández, una pieza concebida expresamente para la ocasión. Tras escucharla y ya con el Premio Luis Buñuel entre las manos, el actor ha pronunciado las palabras que mejor resumen su paso por Huesca. Ha reflexionado sobre cómo los personajes y los lugares terminan formando parte de quien los vive y ha confesado que, igual que le ocurre con muchos de los seres a los que ha dado vida en la pantalla, también la ciudad se quedará con él.
"Poco a poco, yendo a lugares y haciendo personajes, voy queriéndolos un poco más", ha afirmado. Y entonces ha llegado la despedida definitiva, sencilla y sincera, la frase que ha terminado por conquistar al público del Olimpia: "Esta vez me ha tocado estar en Huesca y me la llevo en el corazón porque he estado aquí con ustedes".
La gala ha estado conducida por el actor y dramaturgo José Luis Esteban, que ha ejercido de maestro de ceremonias, y ha contado con la pareja de baile Milki Lee y Teresa Pérez Magallón, mientras que Kike Lera, ha vuelto a salir al escenario. Al frente de la dirección de la gala ha estado Elena Gómez Zazurca.
