Eduardo Viñuales presenta su nueva obra: "Un libro para caminar interiorizando ese sentimiento que nos transmiten las montañas"

La librería El Iglú acoge la presentación de 'Cuaderno de Campo de las Montañas de España', una obra que recoge tres años de trabajo y el bagaje de toda una vida recorriendo paisajes

Periodista
02 de Octubre de 2026
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Eduardo Viñuales presenta su nuevo libro en la librería El Iglú. Foto Mercedes Manterola
Eduardo Viñuales presenta su nuevo libro en la librería El Iglú. Foto Mercedes Manterola

Las montañas no se recorren únicamente para alcanzar una cumbre, también se caminan para observar un bosque, reconocer una planta, descubrir un pueblo, seguir las huellas de sus habitantes o detenerse ante un paisaje que guarda una historia. Esa mirada está en Cuaderno de Campo de las Montañas de España (Anaya Touring), el nuevo libro del naturalista, montañero, fotógrafo y escritor Eduardo Viñuales, presentado en la librería El Iglú junto a Elisa León, de la Plataforma en Defensa de las Montañas, y Carlos Izuel, de la librería oscense.

Prologado por Eduardo Martínez de Pisón, el libro propone un recorrido por 25 espacios naturales de la geografía española, incluida Canarias, a través de fotografías, descripciones, itinerarios, referencias históricas y literarias, testimonios y observaciones propias de un cuaderno de campo. Un trabajo que Viñuales ha desarrollado durante tres años, aunque hunde sus raíces en una relación con las montañas que comenzó cuando era niño.

Viñuales llega a este libro desde Cuaderno de montaña de las maravillas naturales de los Pirineos, publicado dos o tres años antes con la misma editorial y que ya planteaba una manera de acercarse a la montaña basada en la observación y la divulgación. La relación con Anaya Touring se remonta, sin embargo, a cuando Viñuales tenía 18 o 19 años. La editorial se puso en contacto con él a través de la revista Quercus, con la que colaboraba, para que preparase una introducción sobre la naturaleza de Aragón para un libro generalista. Aquel encargo, escrito todavía con máquina de escribir y pasado después a un disquete por su hermana, terminó abriendo una puerta hacia la publicación de guías de naturaleza.

Elisa león y Eduardo Vuñuales en El Iglú. Foto Mercedes Manterola
Elisa león y Eduardo Vuñuales en El Iglú. Foto Mercedes Manterola

"Me dijeron que habían empezado una colección de Ecoguías y si quería hacer un libro del Pirineo aragonés. Yo, muy atrevido, le dije que sí", ha recordado. Aquel fue el comienzo de una trayectoria editorial que Viñuales vincula con "siempre a escribir para divulgar y divulgar para querer y querer para proteger, conservar y que ese patrimonio natural llegue a las generaciones venideras", ha afirmado.

La preocupación por la conservación aparece también al recordar cómo ha cambiado el entorno natural. "Vemos cómo está el mundo, cada vez la naturaleza está más arrinconada. Hay muchas leyes, hay más conciencia, pero los espacios naturales, los ríos, los bosques cada vez están… Se incendian, se secan, se talan", ha lamentado.

Años después, Anaya volvió a ponerse en contacto con él para plantearle un nuevo proyecto. La propuesta dejó a Viñuales libertad para decidir qué quería hacer y su proyecto fue regresar a los Pirineos con un formato diferente. "Me gustaría hacer un libro de los Pirineos, que fuera como un cuaderno de campo de un naturalista, como esos cuadernos de Félix Rodríguez de la Fuente con dibujos que marcaban los aspectos destacados de las aves y del gato montés o del lince. Y que se mezcle también lo práctico de los sitios o de excursiones y mis fotos", fue su propuesta.

El resultado incorporó además "algo que me gusta mucho que son las fotos antiguas y las citas literarias. Así hicimos un pupurri para componer ese cuaderno de campo en el que se mezclara un poco todo", ha expuesto.

Público asistente a la presentación de la nueva obra de Viñuales. Foto Mercedes Manterola
Público asistente a la presentación de la nueva obra de Viñuales. Foto Mercedes Manterola

Después llegaría 101 lugares sorprendentes, otro encargo de Anaya dedicado a Aragón, que le permitió ampliar todavía más esa mirada hacia el patrimonio. En aquella ocasión, además de espacios naturales, incorporó elementos culturales como el mudéjar, la Catedral de Tarazona o el Museo de Huesca. Entre los lugares recogidos figura también la Canal Roya, "intacto y salvaje, por el que luchamos y peleamos para que se siga conservando y que se proteja como parque natural".

Con ese recorrido previo llegó el proyecto de Cuaderno de Campo de las Montañas de España. Viñuales dedicó tres años a redactarlo, aunque el trabajo se apoya en "el bagaje de toda una vida recorriendo las montañas", ha explicado. El Moncayo fue su primera montaña, cuando tenía ocho años. A los 17 viajó a Tenerife con un amigo para subir al Teide. "Las montañas siempre han estado en mi mirada", ha resumido.

La nueva obra conserva el planteamiento del libro anterior, pero amplía el territorio y modifica la selección para evitar repetir contenidos. Si antes había hablado del Aneto, en esta ocasión el recorrido por el Pirineo se amplía al macizo de las Maladetas. "Los Pirineos tenían que estar en las montañas de España, pero he procurado darle una vuelta de tuerca para que los lugares que aparecían no fueran los mismos y que no pareciera un corta y pega", ha contado el autor.

El resultado es un libro pensado para caminar. "Yo pienso que las montañas no se visitan rápidas. Cuando uno va andando tiene tiempo de ir fijándose en los pueblos, en los pájaros, y en ir mirando las plantas y en ir leyendo el paisaje y al final es una satisfacción. Excursiones a pie, sin prisa, con tranquilidad, interiorizando ese sentimiento que nos transmiten las montañas", ha descrito Viñuales.  

Viñuales junto a una fotografía de una perdiz nival. Foto Mercedes Manterola
Viñuales junto a una fotografía de una perdiz nival. Foto Mercedes Manterola

La propuesta se aleja así de una visión puesta en las cumbres y se centra sobre todo en "observar la naturaleza, ir atento. Sí subes montañas, pero no es para hacer cuántos más tres miles mejor". En ocasiones "la meta puede ser quedarnos por un bosque de la base de la montaña y disfrutar encontrando la flora forestal o los animales del bosque", ha añadido. 

El trabajo de campo obligó a regresar a lugares que Viñuales ya conocía. "Hacer un libro no es una cosa baladí", ya que había que tomar notas, revisar recorridos y comprobar que las propuestas pudieran servir a quienes siguieran después esos itinerarios. También hubo que volver en diferentes momentos del año para conseguir imágenes que mostraran la transformación de los paisajes.

A la montaña palentina, por ejemplo, "volver en otoño para coger los colores de los hayedos, también en los meses de octubre y de noviembre en las primeras nieves", con la intención de que el libro fuera también visualmente "un vistazo fluido y completo de esa riqueza".

La fotografía ocupa un lugar central en el trabajo. Viñuales la utiliza para mostrar tanto los grandes paisajes como especies y elementos menos evidentes. Una de las imágenes del quebrantahuesos nació precisamente de una salida realizada el día de su cumpleaños en el Pirineo. Un pastor le informó de que había nevado y de que la carretera estaba limpia, lo que le permitió llegar temprano para fotografiar a las aves al amanecer.

"Al naturalista le interesa todo, no solamente la fauna grande y conocida. Nos interesa, por ejemplo, una mariposa que levanta pasiones; los sarrios, linces, osos, bichos en peligro de extinción que luego el visitante o el lector no lo va a ver", ha apuntado.

La mirada se extiende también a la flora, la nieve, el clima, las nubes y los fenómenos meteorológicos. "Todo naturalista va fijándose en todo y todo tiene un sentido, todo tiene una historia", ha afirmado Viñuales. Entre esas historias están también los glaciares y su desaparición en diferentes sistemas montañosos. "El hielo desapare pero nos deja un premio de consolación en el paisaje que son los ibones", ha comentado.

Junto a la observación científica y naturalista aparecen las vivencias personales. Ha explicado que las montañas son también lugares que se van incorporando a la memoria de quienes las recorren. El Moncayo tiene para él un significado especial por haber sido la primera montaña que subió. Esa dimensión enlaza con El sentimiento de las montañas, de Eduardo Martínez de Pisón y Sebastián Álvaro. "Son lugares que nos emocionan, que nos gustan, que dejan un poso en nosotros y que los interiorizamos", ha compartido. Por eso, el libro incorpora también "algunos de esos pensamientos y vivencias a veces personales, propias de una notación de un cuaderno de campo".

El recorrido por la obra llegó hasta su prólogo. Viñuales pidió a Eduardo Martínez de Pisón -"un sabio de verdad, humilde"- que escribiera esas páginas, que llevan por título Lo que las montañas nos enseñan. "Habla de lo que las montañas no solo nos informan, sino que también nos forman, Nos transmiten valores de compañerismo, de amistad, de educación, que nos pueden formar como personas y que, si uno se deja, solo si se deja, caminar por las montañas nos puede llegar a hacer hasta mejores personas", ha trasladado.

Para Elisa León, esa forma de mirar explica buena parte de la singularidad del autor y de su obra. Durante la presentación, ha recordado que Viñuales comenzó desde muy joven su relación con la naturaleza. "Ha escrito aproximadamente cincuenta libros, hace unas fotografías maravillosas, y tiene una forma de ver la naturaleza que es muy especial, ese espíritu de los naturalistas del siglo XIX", donde se mezclan "aventura y conocimiento".

León  ha valorado también la estructura de Cuaderno de Campo de las Montañas de España, que recorre 25 espacios, tanto de la península como de Canarias. Como ha detallado, en cada uno de ellos, Viñuales plantea una descripción general, propone un itinerario y se detiene en aspectos diferentes relacionados con geógrafos, geólogos, botánicos o zoólogos, además de construcciones, costumbres, fotografías antiguas y otros elementos del territorio.

"Logras captar el alma de cada uno de los espacios en los que estás", le ha dicho. Y ha añadido que el libro se centra en "la esencia de las cosas".

León ha hablado también del prólogo de Martínez de Pisón y su reflexión sobre la relación entre la montaña y la manera de acercarse a ella. León ha recordado sus palabras sobre las posturas que consideran la montaña "como un mero solar para instalaciones y prácticas propias de la industria del ocio". Martínez de Pisón advierte de  que "un solo remonte mecánico en un grandioso circo glacial lo vuelve banal y vulgar, lo hace urbano, donde domina lo postizo y por tanto le hace perder su sustancia".

Y en ese mismo prólogo sitúa el sentido último del trabajo de Viñuales: "Libros como este ayudan a amar la montaña, a conocerla, a quererla y por tanto a defenderla".

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