“Ellas cuentan”, la voz de las mujeres de La Solana que la historia dejó en silencio

El documental de Juan Carlos Somolinos, que se ha proyectado en Diversario, recoge testimonios inéditos recabados en la residencia de Aínsa

14 de Abril de 2026
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Concha Lisa, Juan Carlos Somolinos, Nuria Araujo, Laura Castá y Paula Viñuales. Foto Myriam Martínez
Concha Lisa, Juan Carlos Somolinos, Nuria Araujo, Laura Castá y Paula Viñuales. Foto Myriam Martínez

El documental “Ellas cuentan”, dirigido por Juan Carlos Somolinos Langreo, constituye un homenaje de una hora y 20 minutos a la memoria de las mujeres que residen en la Residencia comarcal La Solana, en Aínsa-Sobrarbe. La obra rescata la "historia cotidiana y sencilla" de 25 protagonistas que, a través de más de 80 horas de grabaciones realizadas durante dos años, comparten vivencias que abarcan desde infancias truncadas y la falta de escolarización hasta experiencias de guerra, exilio, trabajo duro en el campo o como sirvientas, y reflexiones sobre el matrimonio y la vejez. El objetivo esencial del proyecto es dar voz y visibilidad a una generación de mujeres cuyas historias a menudo han quedado ocultas tras un relato histórico masculinizado, reconociendo su papel fundamental como baluartes de la sociedad en tiempos oscuros.

La pieza se ha presentado este martes en el salón de actos de la Diputación Provincial de Huesca, en el marco de la séptima edición de Diversario, el festival impulsado por Cadis Huesca. La sesión ha contado con la participación del propio director, Juan Carlos Somolinos "Somo"; Laura Castán, directora de la residencia La Solana e impulsora del proyecto; Concha Lisa, vinculada a Aspace Huesca, y Paula Viñuales, trabajadora social en una residencia de Jaca. Nuria Araujo, de Cadis Huesca, ha moderado el acto.

Juan Carlos Somolinos. Foto Myriam Martínez
Juan Carlos Somolinos. Foto Myriam Martínez

TRABAJADORAS, VALIENTES, FUERTES Y SENSIBLES

Antes de la proyección, Laura Castán, directora de la residencia La Solana, ha ofrecido una lectura introductoria centrada en la dignificación de las protagonistas, a quienes ha descrito como mujeres “trabajadoras, valientes, fuertes y sensibles”. En su intervención, ha defendido la necesidad de otorgarles visibilidad y reconocimiento, evitando que sus trayectorias queden “escondidas en los resquicios del olvido”.

Durante su alocución, ha contrapuesto la historia oficial, definida como “grandilocuente, manipulada y sesgada”, frente a la historia cotidiana y sencilla que articula el documental. Ha reivindicado así el valor de esos relatos íntimos que “pasan de puntillas coloreando nuestras vidas” y que, con el paso del tiempo, transforman incluso las experiencias más duras en “caricias de terciopelo”.

Asimismo, ha subrayado el carácter de estos testimonios, incidiendo en una memoria común que interpela a toda la sociedad. En este sentido, ha animado a la escucha como ejercicio imprescindible para “anhelar siempre la verdad”, situando la palabra de estas mujeres en el centro del relato.

Concha Lisa, Juan Carlos Somolinos y Nuria Araujo. Foto Myriam Martínez
Concha Lisa, Juan Carlos Somolinos y Nuria Araujo. Foto Myriam Martínez

HISTORIAS CRUDAS Y CONMOVEDORAS

El documental traza un retrato social de gran intensidad a partir de vivencias personales que recorren casi un siglo de historia desde la experiencia íntima de sus protagonistas. La narración se adentra en una infancia marcada por la disciplina y la escasez, donde la educación aparece como un privilegio limitado o atravesado por el rigor. Algunas mujeres evocan castigos severos, mientras otras recuerdan cómo abandonaron la escuela para trabajar desde niñas, ya fuera cuidando ganado o asumiendo responsabilidades familiares. Frente a ello, la película incorpora una mirada esperanzadora al presente, mostrando cómo en la residencia se mantiene vivo el aprendizaje mediante el intercambio de saberes y la alfabetización.

El relato se expande hacia el ámbito laboral y migratorio, poniendo en valor oficios esenciales tradicionalmente invisibilizados, desde colchoneras o modistas hasta telefonistas o sirvientas. Muchas de ellas se vieron obligadas a emigrar a ciudades como Barcelona, Zaragoza o Bilbao, e incluso al extranjero, en busca de oportunidades. La dureza de estas trayectorias queda reflejada en escenas que remiten a una infancia atravesada por el esfuerzo extremo, con recuerdos de trabajo precoz y jornadas extenuantes en el campo o en entornos de subsistencia.

Uno de los bloques más intensos aborda la memoria de la guerra y la posguerra, donde emergen episodios de violencia, miedo y hambre. Los testimonios recogen experiencias de amenazas, bombardeos y huidas hacia el exilio, así como el regreso a una realidad devastada. A estas vivencias se suma un apartado de especial carga emocional centrado en las relaciones personales, en el que las protagonistas rompen silencios en torno a la violencia de género, el alcoholismo o la falta de educación afectivo-sexual, relatando episodios de sometimiento, pero también gestos de resistencia y afirmación personal.

La vida en la residencia La Solana se muestra como un espacio de convivencia activa, con iniciativas intergeneracionales que refuerzan vínculos y combaten la soledad. La obra culmina con el cumplimiento de tres sueños significativos, que simbolizan una reparación emocional: conocer el mar, sobrevolar el territorio que habitó sus vidas y reencontrarse con los escenarios de su infancia, cerrando así un recorrido que transita de la memoria al reconocimiento.

Nuria Araujo, Laura Castá y Paula Viñuales. Foto Myriam Martínez
Nuria Araujo, Laura Castán y Paula Viñuales. Foto Myriam Martínez

HISTÓRICAMENTE INVISIBILIZADAS

Durante el coloquio posterior a la proyección, Juan Carlos Somolinos Langreo, conocido como “Somo”, ha desgranado las claves del proceso creativo de la obra, poniendo el acento en la construcción de la confianza como punto de partida. Según ha explicado, el acercamiento a las residentes se produjo de forma progresiva, sin cámaras en un primer momento, priorizando la conversación y la escucha. En este sentido, ha defendido que este tipo de trabajos requieren “tranquilidad” y tiempo, alejándose de los ritmos acelerados de la industria audiovisual convencional.

El director ha detallado asimismo el largo proceso de producción, que se ha extendido durante dos años y que ha tenido que compaginar con su labor docente. El documental, ha indicado, ha funcionado como una “especie de liberación” para las protagonistas, quienes han compartido ante la cámara vivencias y confidencias que, en muchos casos, nunca habían expresado ni siquiera en el ámbito familiar.

Juan Carlos Somolinos ha destacado la magnitud del bagaje vital reunido en la película, cifrando en más de 2.000 años la suma de las trayectorias de las 25 mujeres participantes. A su juicio, se trata de relatos de una enorme autenticidad, marcados por la ternura y por una capacidad de evocación que, según ha señalado, los sitúa “más allá de la propia realidad”.

En cuanto al enfoque de la obra, ha defendido la decisión de centrar el relato exclusivamente en mujeres, con el objetivo de recuperar voces históricamente relegadas. En este sentido, ha señalado la escasa presencia femenina en los registros documentales, lo que evidencia una invisibilización estructural. Como línea de futuro, ha planteado la incorporación de herramientas audiovisuales en las residencias para preservar estos testimonios, generando un archivo vivo al servicio de las próximas generaciones.

Laura Castán y Elena Gómez Zazurca. Foto Myriam Martínez
Laura Castán y Elena Gómez Zazurca. Foto Myriam Martínez

SUEÑOS EMOCIONES E INQUIETUDES

Laura Castán ha situado el origen del proyecto en el año 2020, en pleno confinamiento, cuando el equipo del centro se convirtió en el único vínculo de las residentes con el exterior. En ese contexto, ha explicado, comenzó un proceso de escucha más profunda orientado a recoger sueños, emociones e inquietudes que hasta entonces habían permanecido en un segundo plano. La iniciativa, ha señalado, partía de un objetivo claro: materializar deseos “alcanzables”.

En esta línea, ha puesto el acento en la implicación de las residentes, quienes, pese a la presencia de la cámara, se abrieron “en canal”, compartiendo experiencias de gran carga emocional. Laura Castán ha destacado especialmente el proyecto de las “cartas anónimas”, desarrollado junto al IES Sobrarbe, que permitió establecer un vínculo intergeneracional entre residentes y adolescentes a través de un intercambio epistolar que culminó en un encuentro de gran intensidad emocional.

Castán ha incidido en la responsabilidad ética del proceso, señalando que, ante la dureza de algunos testimonios, se solicitó la autorización expresa de las familias antes de su difusión. Finalmente, ha definido La Solana como un espacio integrado en la comunidad, donde el objetivo es que las personas residentes continúen desarrollando su proyecto vital con dignidad y sentido, independientemente de la edad.

Paula Viñuales y Concha Lisa. Foto Myriam Martínez
Paula Viñuales y Concha Lisa. Foto Myriam Martínez

UNA MIRADA PERSONAL Y OPTIMISTA

Concha Lisa ha aportado una mirada personal y optimista, marcada por la identificación con las protagonistas del documental pese a la diferencia generacional. Ha destacado su actitud vital, su deseo de seguir aprendiendo y su capacidad para mantenerse activas, subrayando que ese espíritu conecta plenamente con su propia experiencia.

Durante su intervención, ha recordado una infancia sin escolarización, motivada por el temor a que pudiera ocurrirle algo, lo que no le impidió aprender a leer en el ámbito doméstico gracias al apoyo de su entorno. Asimismo, ha reivindicado con orgullo sus raíces rurales, poniendo en valor su crianza en el pueblo y una forma de vida que, aunque distinta a la actual, considera esencial en su desarrollo personal.

Concha Lisa ha lanzado además un mensaje de resiliencia y alegría, defendiendo que la vida debe afrontarse desde la actitud de “vivir y disfrutar y no sufrir”, apostando por “reír, cantar y bailar” como forma de compartir y generar vínculos. En esta línea, ha valorado como “maravillosa” la propuesta de preservar la memoria de las personas mayores mediante herramientas audiovisuales, alineándose con la necesidad de conservar y transmitir esas historias para las generaciones futuras.

Concha Lisa y Juan Carlos Somosaguas. Foto Myriam Martínez
Concha Lisa y Juan Carlos Somolinos. Foto Myriam Martínez

DIÁLOGO INTERGENERACIONAL

En el coloquio ha intervenido también Paula Viñuales, quien ha aportado la mirada de una generación más joven desde su experiencia como trabajadora social en una residencia. Viñuales ha señalado su identificación profesional con los testimonios recogidos en el documental, subrayando que las historias que escucha en su práctica diaria presentan notables similitudes con las vivencias de las protagonistas.

En su análisis, ha contextualizado estos relatos dentro de un entorno social marcado por un machismo estructural, lo que, a su juicio, explica la homogeneidad de los discursos sobre la vida, las relaciones y el papel de la mujer. En este sentido, ha reconocido que uno de los aspectos que más le ha impactado ha sido la concepción del amor y el matrimonio, destacando la dureza de unas experiencias que, pese a parecer lejanas, pertenecen a un pasado reciente.

Asimismo, ha puesto el acento en el valor del diálogo intergeneracional, defendiendo que “los mayores tienen mucho que contar y nosotros mucho que escuchar”, y ha mostrado su interés por la propuesta de preservar estos testimonios a través de herramientas audiovisuales, calificándola de “muy interesante”. Finalmente, ha apuntado hacia el futuro, sugiriendo que las formas de conservar la memoria evolucionarán con el tiempo, adaptándose a nuevos lenguajes y soportes propios de las próximas generaciones.