Fofito regresa a Huesca con su vocación intacta: "Quería hacer felices a los demás"

El legendario payaso Alfonso Aragón vuelve con “Viva el Circo”, un espectáculo de emoción, humor blanco y grandes números internacionales que arranca este 9 de abril

Periodista
09 de Abril de 2026
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Fofito regresa a Huesca con "Viva el circo".
Fofito regresa a Huesca con "Viva el circo".

Hay artistas que no necesitan presentación. Cuando Fofito entra en escena y pregunta "¿cómo están ustedes?", algo se mueve por dentro. Un resorte que lleva décadas dormido y que de repente despierta con toda la fuerza de la infancia y logra emocionar. Alfonso Aragón Sac, Fofito, llega este jueves a Huesca con su circo y se quedará hasta el 19 de abril bajo una gran carpa blanca para demostrar que siguen vigentes las canciones de siempre, el circo de toda la vida y una forma de hacer reír que, lejos de pasar de moda, se vuelve cada vez más necesaria.

“Vuelve a tu infancia” es una promesa que se cumple desde el primer instante en que Fofito, aparece en pista con su inconfundible “¿cómo están ustedes?” que, como él mismo reconoce, es “el DNI de la familia Aragón. Si no lo digo, me meten para adentro". A partir de ahí, el público canta el repertorio que sigue vivo como el primer día y lo hace al unísono, porque quién no recuerda La Gallina Turuleca, Hola Don Pepito, Susanita, Los días de la semana, mi barba tiene tres pelos...

“Lo bonito es que empiezo una canción y me siguen como si hubiese estado ayer en televisión, como si las hubiesen escrito delante de ellos”, explica Fofito. Como señala, en las gradas se mezclan generaciones enteras, desde abuelos que las aprendieron hace décadas, padres que crecieron con ellas y niños que las descubren por primera vez. “Les llega muy dentro. Y eso es lo más emocionante”, apunta.

Ese viaje emocional a través de las canciones es precisamente el corazón del espectáculo. Viva el Circo propone 90 minutos de circo clásico y tradicional en los que Fofito ejerce de anfitrión junto a artistas internacionales, malabaristas y números tan singulares como el del gran Marco con la bicicleta más pequeña del mundo. Todo bajo una puesta en escena cuidada y en una de las carpas más cómodas de Europa pensada para el disfrute familiar.

Pero más allá del despliegue técnico, el alma del espectáculo sigue siendo el humor blanco. “Se ríe igual el abuelo que el niño”, resume el payaso. En tiempos convulsos, Fofito reivindica ese tipo de comedia limpia y accesible. “Tal y como están las cosas hoy en día, hace falta llevarse una sonrisa a casa”, afirma. "Es una pena que hayan desaparecido de televisión programas infantiles como los que había antes, por ejemplo de Torrebruno y otros muchos artistas como nosotros que ya no están y que divertían a los niños", reivindica Fofito.

Ese compromiso con un humor respetuoso no es casual, sino herencia directa de una saga irrepetible. Su padre siempre quiso que estudiara "que fuera abogado, médico o arquitecto, pero -rememora-, le decía "no, papá, a mí lo que me gusta es lo que haces tú: hacer felices a los demás". Aunque rechaza cualquier etiqueta grandilocuente -“hay muchos payasos buenos en el mundo”-, reconoce el peso del apellido Aragón y recuerda las enseñanzas recibidas de su padre y de sus tíos, Gabi y Miliki. “Me decían que no soltara ningún taco para hacer reír, que el niño no entiende el triángulo amoroso y que los padres no quieren que se cuente delante de sus hijos. Nos quedamos en un margen muy blanco con el que aprendimos a hacer reír”.

Con más de seis décadas sobre los escenarios -empezó con apenas 11 años y hoy suma 76-, Fofito sigue sintiendo los nervios antes de salir a pista, mientras se maquilla ante el espejo. “Mucho. Hasta que no digo ‘¿cómo están ustedes?’, me pregunto si se reirán, si cantarán, si gustará”. Esa incertidumbre, lejos de desaparecer, es parte del motor que le mantiene activo. Porque, como confiesa, "el ring del circo engancha. Cuando estoy una o dos semanas fuera, me falta algo. Me falta la hora de la función, de pintarme y hacer reír a los demás”. Recuerda que en la pandemia, cuando actuaba ante un público con mascarillas, le resultaba difícil comprobar que lo estaba logrando. “Mi hija Mónica me decía: mira los ojos, si brillan es que se ríen, y así era”, apunta.

Destaca de su trayectoria que le ha llevado a viajar por medio mundo, "de Canadá a Argentina, pasando por Estados Unidos o Chile", donde "nos llevamos los mejores premios de televisión, que todavía guardo", señala. Una vida nómada que también fue una escuela cultural, que "te da mucho”. Una experiencia intensa que siempre vivió en familia, primero con sus padres y tíos, y después conciliando como pudo su propia vida familiar.

Hoy, ese legado continúa en sus hijas y ya también en sus nietos, algunos de los cuales apuntan maneras artísticas. “La pequeña toca el piano y el mayor, la guitarra con grupos de Madrid”, cuenta y no descarta compartir escenario en alguna ocasión para que le acompañe en sus canciones. “Sería una satisfacción tremenda”, comparte.

El circo, mientras tanto, también ha tenido que reinventarse. La desaparición de los espectáculos con animales supuso un punto de inflexión para muchas compañías. “Algunos tuvieron que cerrar”, recuerda. En su caso, optaron por "un circo que divierta a toda la familia, sin necesidad de sacar ni un perrito”. El resultado es un espectáculo contemporáneo en su logística -un gran convoy de camiones, estructuras y equipos-, pero fiel a la esencia de siempre.

Con ese equilibrio llega ahora a Huesca, donde Fofito lanza una advertencia entre risas: “Que vayan a la cola a coger ya la entrada, porque quedarán muy pocas”. Y no es solo una invitación, sino casi una llamada a no dejar pasar una experiencia más allá del ocio que toca muy dentro.

 

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