La crisis de Ceuta puso de manifiesto, a juicio de los redactores de El Orden Mundial Celia Hernando y Álvaro Medina, las debilidades de una Europa que ha confiado durante años la gestión de sus fronteras a terceros países y que todavía no ha conseguido articular una política migratoria común. La llegada de miles de personas a la ciudad autónoma y la falta de una respuesta europea que suscite una percepción de solidaridad compartida ilustran, para ambos analistas, uno de los desafíos de un continente obligado a revisar su papel en un mundo más fragmentado, con nuevas tensiones geopolíticas y una relación transatlántica cada vez menos previsible.
"Gestionar la frontera europea es cosa de todos los europeos, pero eso en la crisis de Ceuta quedó un poco en entredicho", planteó Álvaro Medina durante la conferencia Las fuerzas que mueven el mundo. La geopolítica y la economía global en mapas, organizada por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y celebrada en la Fundación Ibercaja Huesca. El encuentro, presentado por el director de la UIMP- Pirineos, Alfredo Serreta, y con la colaboración de la librería Estilo, llenó el salón de la entidad y permitió recorrer algunas de las principales transformaciones del siglo XXI a través de mapas que ayudan a interpretar los cambios en el poder, el comercio, la energía y la seguridad internacional.
Celia Hernando y Álvaro Medina forman parte del equipo de El Orden Mundial, un medio especializado en análisis internacional que nació en 2012 como un blog universitario, desde donde ha ido creciendo. "Nos dimos cuenta de que había un nicho que no se estaba ocupando, que lo que pasaba en el mundo no acababa de contarse como merecía y con el detalle que merecía", recordó Medina. El proyecto fue creciendo hasta profesionalizarse en 2018 y ampliar sus canales de divulgación, con artículos, mapas, redes sociales y pódcast.

Hace aproximadamente un año, el equipo publicó el atlas Las fuerzas que mueven el mundo, concebido para explicar la actualidad internacional desde una perspectiva cartográfica elaborada en España y dirigida al público español. La conferencia de Huesca trasladó al público parte de ese trabajo y lo conectó con los acontecimientos más recientes, con una idea de que para comprender el presente no basta con acumular noticias; también es necesario reconocer los procesos históricos, económicos y políticos que las relacionan.
Hernando comenzó por plantear cómo representamos el planeta y qué consecuencias tiene esa elección. Como explicaron, los mapas no son una reproducción neutral de la realidad. Toda proyección debe resolver la dificultad de trasladar una superficie esférica a un plano y, al hacerlo, sacrifica proporciones, formas o distancias. Las decisiones cartográficas condicionan la imagen que construimos del mundo.
La proyección de Mercator, habitual en muchos mapas escolares y aplicaciones de navegación, permite trazar rumbos rectos y resultó especialmente útil para los navegantes. Sin embargo, agranda visualmente los territorios alejados del ecuador y distorsiona la comparación entre continentes. Groenlandia, por ejemplo, puede parecer de un tamaño similar al de África, cuando el continente africano es aproximadamente catorce veces mayor.
"La manera en la que miramos al mundo importa porque también nos hace replicar unos sesgos, y es una manera también política de entender el mundo", señaló Hernando. La representación tradicional del planeta sobredimensiona las regiones septentrionales, entre ellas Europa, América del Norte y Rusia, y puede contribuir a relegar visualmente a los países del sur global.
Medina insistió en que un mapa "es muy subjetivo, pero a menudo, cuando nos enfrentamos a uno, nos lo solemos creer", explicó. Quienes los elaboran conocen las decisiones y limitaciones que hay detrás de cada representación, mientras que quienes los consultan no siempre perciben esos condicionantes.
Los ponentes mostraron otras proyecciones, entre ellas Equal Earth, que representa de forma más proporcionada la superficie de los territorios, aunque introduce sus propias distorsiones. La elección depende de aquello que se quiera explicar. "La forma en la que vemos los mapas condiciona nuestra forma de entender el mundo. Y esto es algo que hacemos mucho en Orden Mundual, pensar qué proyección es más interesante o adecuada a lo que queremos contar", resumió Hernando.

Su libro parte de que "el mundo que conocíamos ha terminado y que ahora estamos en otro mundo nuevo. En un mundo que es más inestable, estamos en el momento de más conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. Y esto no quiere decir que vivíamos en un mundo de paz antes, pero sí que había unas reglas. El mundo que se configuró tras el final de la Guerra Fría ha dejado de funcionar como antes", explico Celia Hernando.
Hernando situó algunos de los principales puntos de inflexión como el origen del cambio. "La caída del muro de Berlín; la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, que es el despegue de una potencia; el 11-S, que demuestra que ese nuevo mundo liderado por Estados Unidos no era tan seguro y que había nuevas amenazas; y la crisis de 2008, que también nos demuestra que este mundo y la economía interconectada no es inmune a todo", afirmó.
A ello añadió "el covid y la interrupción de las cadenas de suministro globales, que nos demuestra que habíamos relegado todo en la globalización en otros países, y a veces es importante tener las infraestructuras estratégicas cerca de casa por lo que pueda pasar".
Medina defendió la necesidad de recuperar perspectiva para interpretar esa sucesión de acontecimientos. "El mundo está loco, pero el mundo se puede entender", afirmó. A su juicio, muchas de las dinámicas actuales tienen antecedentes históricos y solo se comprenden al relacionar hechos que, vistos de forma aislada, parecen inconexos.
Se centró en que el 11-S "fue un desafío a esa potencia hegemónica, a ese supuesto liderazgo global de Estados Unidos. La reacción estadounidense al principio muy fuerte y con el amparo de la ONU, se fue deshaciendo, no se tradujo en nada, salvo en descomposición, desestabilidad, más terrorismo, Estado Islámico, Primaveras Árabes, y ahí llegamos hasta casi la actualidad. Trump es un hijo del 11-S", apuntó.
"Creemos -continuó- que esta amenaza y esta consolidación de la inestabilidad es lo que también le hace perder credibilidad y poder a Estados Unidos. Estados Unidos también empieza a mirar mucho más hacia dentro, empiezan a surgirle dudas y esto el mundo también lo percibe. Este orden liberal vemos que tiene tres puntos de fuga: uno es la seguridad, porque llega un momento en el que Estados Unidos no puede garantizar protección y seguridad al resto del mundo, menos a Oriente Próximo. Otro la crisis de 2008, crisis financiera que pone el punto y final a este sueño neoliberal, desregulador, en el que los mercados se conectan. Y un tercer punto que es el ascenso de China, que empieza a integrarse a las cadenas globales de comercio y llega un punto que le sabe a poco".

CHINA AMPLÍA SU INFLUENCIA
El ascenso de China constituye uno de los principales cambios del último cuarto de siglo. Su incorporación a la Organización Mundial del Comercio en 2001 facilitó su integración en las cadenas globales de producción y comercio, pero el país ha utilizado esa apertura para desarrollar una capacidad industrial y tecnológica propia, sin abandonar su sistema político interno.
"China ya es una potencia consolidada; emergente ya se le queda un poco corto", señaló Hernando. Su crecimiento económico y su estrategia exterior han transformado las relaciones comerciales de numerosos países, incluidos los europeos, y han reducido la centralidad que Estados Unidos había mantenido en buena parte del sistema internacional.
Uno de los instrumentos más visibles de esa estrategia es la Nueva Ruta de la Seda, "que lo que pretende -detalló Hernando- es crear una serie de corredores y de infraestructuras que unan Centro-Asia y Europa para conectar mercados y es el proyecto principal de China para convertirse en el proveedor del mundo en todos los sentidos. Nace en 2011-2013 y se va consolidando y tiene muchísimas ramas. Esta la rama del mar, de crear una red de puertos que conecten también las infraestructuras, por ejemplo el petróleo, y con toda una red de corredores por tierra, precisamente porque China es una potencia encerrada".
Para Hernando, "el proyecto no le va mal y ha conseguido crear una red de aliados enorme, una red de alianzas comerciales que ha batido a Estados Unidos. Lo ha relevado como socio comercial en gran parte del mundo, en el sur global sobre todo, pero también en América Latina, en Asia y en Europa, en muchos casos. España también somos uno de ellos".
La interdependencia económica también tiene una dimensión geográfica. Buena parte del comercio mundial depende de rutas marítimas que atraviesan estrechos y canales estratégicos. El estrecho de Ormuz, por el que transita una parte sustancial del petróleo comercializado internacionalmente, es uno de los ejemplos más claros de cómo una crisis regional puede tener repercusiones en los mercados energéticos y en las economías de todo el mundo.
Los mapas permiten visualizar esos cuellos de botella y entender por qué la ubicación de un puerto, un canal o un estrecho puede convertirse en un factor de poder. También muestran la importancia que adquieren las rutas alternativas, entre ellas las que podrían abrirse en el Ártico a medida que avance el deshielo. Sin embargo, esa posibilidad presenta obstáculos tecnológicos, ambientales y geopolíticos, además de una dependencia significativa de Rusia, como apuntó Hernando.
La pandemia ya había evidenciado los riesgos de unas cadenas de suministro muy largas y ajustadas al modelo de producción just in time, que reduce al mínimo las existencias para abaratar costes. Cuando una fábrica cierra, falta un contenedor o se bloquea una ruta, las consecuencias se transmiten rápidamente al resto del sistema. El atasco del canal de Suez en 2021 y las tensiones en Ormuz son ejemplos de esa vulnerabilidad.
Medina explicó que a respuesta no ha sido producir más en suelo europeo. "Lo que estamos haciendo es contratar más o fabricar más en países amigos, -hasta hace poco Marruecos era uno-, tenemos Turquía, los vecinosde China, Camboya, Indonesia, Vietnam, y México también. Empezamos a hacer lo que se llama el friendshoring, que es básicamente amiguismo, la globalización y la deslocalización industrial siguen en pie, solo que se priorizan países amigos que comparten una afinidad con los otros, y que te puedan garantizar más suministro en caso de que pase algo".
Como ha apuntado, "China sabía que su ascenso a la cúspide de la hegemonía global pasaba en parte por la tecnología verde, que es hacia donde vamos ahora. En Aragón, por ejemplo, con fábricas de coches, baterías... China está invirtiendo mucho en España. Utiliza los coches de España para puentear aranceles europeos, está claro, pero también porque quiere controlar toda la cadena de principio a fin. Aquí no se van a fabricar baterías chinas no coches chinos, se van a ensamblar, que es un matriz muy importante. Y todo el ‘saber hacer’ lo va a controlar China desde Pekín. Y está por ver hasta qué punto toda esa tecnología beneficia a España, que no es muy distinto al caso de los centros de datos. Los centros de datos de Amazon son capital y tecnología estadounidense. Ahora está por ver cómo Europa logra sacar beneficio y conseguir que haya cierto rendimiento local".
El petróleo continúa siendo otro elemento central de ese entramado. Pese al avance de la electrificación y las energías renovables, sigue siendo esencial para el transporte y para sectores como la producción de fertilizantes, con consecuencias directas sobre la agricultura. La transición energética no elimina de inmediato la dependencia de los combustibles fósiles y, mientras esta persista, el control de las rutas y de los recursos seguirá condicionando las relaciones internacionales.
Hernando destacó la diferencia entre las estrategias de China y Estados Unidos. Pekín ha invertido de forma sostenida en tecnologías verdes y electrificación para reducir su dependencia energética, aunque sigue siendo un gran consumidor de petróleo y mantiene vulnerabilidades en rutas como el estrecho de Malaca. Estados Unidos, por su parte, conserva una posición destacada como productor de hidrocarburos y exportador de gas natural licuado. En ese contexto, las tensiones en Oriente Próximo no pueden analizarse solo como conflictos locales. La energía, la competencia entre potencias y la reorganización de alianzas regionales se entrecruzan y generan efectos que alcanzan a Europa, tanto en los precios como en su seguridad energética.

REPLIEGUE DE ESTADOS UNIDOS
La política exterior estadounidense bajo Donald Trump añade incertidumbre a un escenario ya complejo. Medina describió una estrategia centrada en el hemisferio occidental y resumió sus prioridades en tres conceptos: "comercio, territorio y recursos". "Para Trump todo el poder estadounidense parte de controlar su hemisferio occidental. Trump piensa que si no domina desde Groenlandia hasta la Patagonia, va a ser incapaz de extender su modelo en el resto del mundo. incluso llegó a amenazar con invadir Groenlandia, pero es un socio de la OTAN", trasladó Medina.
Según señaló, ese control significa que "regímenes socialistas aquí no quiere. Por eso se produce en captura de Nicolás Maduro, el asedio a Cuba y a ver también qué pasa con Nicaragua. Hay un eje que a Trump le molesta. No quiere que en su patio trasero haya gobiernos ideológicamente contrarios al suyo. Y por el contrario, prefiere a gobiernos como el que está a punto de surgir a Brasil, como el hijo de Bolsonaro, como el que también ha ascendido en Colombia, en Costa Rica, en Argentina.... Y también con controlar todos los recursos y toda la logística de la región. Traducido, no quiere a China; nada que hacer por allí".
Al mismo tiempo, Estados Unidos ha mostrado su disposición a reducir su implicación en Oriente Próximo, una región en la que las intervenciones militares de las últimas décadas han dejado una profunda inestabilidad. Ese repliegue no implica que desaparezca la influencia estadounidense, sino que se modifica su forma de ejercerla y se obliga a los actores regionales a recalcular sus alianzas.
Hernando explicó que el debilitamiento del denominado eje de la resistencia, articulado en torno a Irán, ha alterado los equilibrios de Oriente Próximo. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Egipto e Israel buscan ampliar su margen de influencia en un tablero donde ya no existe un único actor capaz de ordenar la región. Las rivalidades se extienden, además, hacia el mar Rojo y el Cuerno de África, donde los puertos y las rutas comerciales también tienen un valor estratégico.
La guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Próximo se conectan a través de alianzas, suministro de armamento y competencia diplomática. En un mundo con más centros de poder y menos mecanismos compartidos para resolver las crisis, las consecuencias de un conflicto pueden trasladarse con mayor facilidad a otros escenarios.
EUROPA
La invasión rusa de Ucrania en 2022 supuso un punto de inflexión para Europa. La guerra a las puertas del continente puso en cuestión la idea de que los grandes conflictos armados pertenecían a otras regiones y evidenció la fragilidad de la arquitectura de seguridad europea. Al mismo tiempo, la relación con Estados Unidos atraviesa una etapa de incertidumbre.
Desde la pandemia, las instituciones europeas hablan de autonomía estratégica y de la necesidad de construir una política exterior y de defensa más independiente. "Lo proponemos, pero no parece que avancemos", apuntó Hernando.
"Europa tiene que decidir qué quiere ser de mayor y sigue debatiéndolo", resumió Medina. A su juicio, décadas de prosperidad, integración y globalización llevaron al continente a relegar parte de sus necesidades de seguridad y de autonomía industrial. La nueva situación obliga a combinar el mantenimiento del Estado de bienestar con un mayor esfuerzo en defensa, una tarea que abre debates políticos y presupuestarios.
"Europa se ha despertado de un sueño. Estas décadas de prosperidad, de globalización, han venido muy bien, Europa se ha hecho fuerte, hemos crecido, la OTAN se ha extendido. Europa se ha desentendido de su seguridad, de su independencia, pero le ha estallado en la cara", afirmó Medina.
"Tenemos en Estados Unidos cada vez menos dispuesto a defendernos, a apoyar a nuestros socios, como Ucrania. Y también sigue debatiendo la migración. Europa no tiene modelo migratorio. Para mí la gran conclusión es esa".
A raíz de la crisis de refugiados de 2015, "Europa quedó traumatizada y dijo que no podía volver a hacer esto, que lo hagan otros. Esa fue la conclusión, externalizar fronteras, y que fueran otros, a los que íbamos a pagar bastante bien, los que gestionaran esos flujos". Turquía, Mauritania y Marruecos figuran entre los socios, "países que también tienen sus propios intereses y que cuando ven grietas, cuando ven oportunidades, ¿por qué no les van a instrumentalizar? Cuando encima no hay una gestión común. Ya lo vimos, cuando sucedió la crisis del Ceuta, los países europeos fueron un poco menos que solidarios. Nadie vino a ayudarnos. No hubo una condena unánime de lo que estaba sucediendo", apuntó Medina.
Para mí la consecuencia y la reacción a la crisis del Ceuta -continuó- debería ser tomar control de las fronteras. Gestionar las fronteras, no solo militarizarlas, hay que ser capaz de repeler y también de en ciertos momentos crear canales seguros para la migración. Asegurarse de que esto no vuelva a ocurrir, de que si un país más allá de sus fronteras no hace sus deberes, tú no lo pagues. Tener también la infraestructura y la capacidad y el poder de reaccionar, pero al mismo tiempo trabajar en origen y también aumentar la carga administrativa en la frontera. Hay personas que probablemente debamos ir a buscarlas, debemos ponerles fácil que vengan en aquí. Pero hay que crear trámites y canales legales. Esto Europa lo hizo en su día y la Europa de hoy también ha surgido gracias a toda esa apertura y a esa forma de dar la bienvenida a la gente de fuera. Y eso creo que es importante, trabajar en origen y trabajar la frontera en sí misma".
"Lo vimos en Ceuta: la primera reacción del Gobierno fue enviar a funcionarios que pudieran atender a todos los migrantes que vinieron para entender lo que venían, cómo venían y a qué venían. ¿Y eso no se puede hacer en origen, no se puede hacer en frontera?", preguntó.
Para Hernando, "ha sido muy cómodo para Europa tener esta externalización porque las imágenes en frontera nunca son agradables, y en la Europa del idealismo y de los derechos humanos tener estas imágenes en su frontera no era fácil. Quizás tú tienes que hacerte cargo de tu frontera porque, que no veas la frontera europea no quiere decir que no esté. Ahora mismo, esta es la conclusión. Realmente es dar la llave de tu seguridad a otros países y estás viendo que ya no funciona".
El caso del Marruecos es muy paradigmático, "tenemos el caso de 2021 y ya se ha vuelto a repetir y no hemos reaccionado, porque teníamos una política con Marruecos que se llama el colchón de intereses, que es básicamente que cuanto más relación tuviéramos con Marruecos a nivel económico, social, etc, menos incentivos podría tener Marruecos para romper esa relación y mejor sería nuestra vecindad. Pero si esta política exterior no ha funcionado pues hay que replanteársela".
Se refirió Clara Hernando, asimismo, a que se echa mucha culpa a Europa de no actuar. "Cuando Groenlandia fue amenazada por Estados Unidos fuimos más solidarios y con la frontera de Ceuta no hemos visto eso. También parte de culpa nuestra porque no hemos categorizado el incidente como amenaza híbrida con Marruecos, lo hemos categorizado como una crisis migratoria y al calificarlo así lo que hace es echarte la culpa a ti. No has gestionado tu frontera, una frontera en la que no querías tampoco que se desplegara Frontex y has tenido esta consecuencia. Pero el cruce de 80.000 personas en un día, de crisis migratoria no tiene pinta. Si lo achacas a las mafias también tienes otro problema interno con esto. Hay que ponerse las pilas", concluyó.