Ignacio Almudévar no escribe para explicar una enfermedad, sino para dar sentido a lo que le ocurrió. Su libro, Un cuerpo rebelde, una vida infinita, nace de una necesidad íntima que ha terminado desbordando cualquier previsión. Lo que comenzó en una noche de insomnio se ha convertido en un proyecto que ya roza los 500 ejemplares vendidos de una tirada inicial de 1.500. “El objetivo era ayudar a una persona, y resulta que va a ser una con un montón de ceros detrás”.
El punto de partida es una ruptura que casi nadie contempla. El cuerpo deja de obedecer. Ese pacto silencioso que sostiene cada gesto cotidiano se rompe sin previo aviso, obligando a replantear la vida desde lo más básico.
Antes de poner nombre a lo que le sucedía, vivió una etapa marcada por la confusión. “Te llaman los amigos para ayudarte con una cerveza y dices: no tengo ganas, estoy cansado. Tu familia te dice: eres un insociable”. El cambio era evidente, pero no tenía explicación. “No tenemos sonrisas en la cara, pero la tenemos en el corazón”.
La confirmación llegó con una contundencia que lo descolocó todo. “Cuando se produce el diagnóstico es una bomba atómica que te cae encima”. Durante unos minutos, todo se vino abajo. “Dije: ¿qué voy a hacer? ¿Suspendo la comida que tenía prevista?”. Poco después, reaccionó. “Ignacio, ¿pero estás tonto? Claro que tienes que ir a comer con tus amigos”. Aquella decisión marcó un punto de inflexión.
El impacto no desapareció de inmediato. Al enfrentarse a otros pacientes, la realidad golpeó con dureza. “Cuando salí de la asociación y vi a los que salían de rehabilitación, me cuestioné si volvería a casa o terminaría con mi vida, porque eso es lo que te espera”. Con el paso del tiempo, la perspectiva cambia. “He seguido trabajando con muchísimo esfuerzo, y ahora lo más bonito es poder ayudar a otras personas”.
Ese giro tiene un momento decisivo tras su salida del hospital durante la pandemia. “Me di cuenta de que era un punto de esperanza. Los familiares llamaban a la UCI. Me di cuenta inmediatamente de que me tenía que poner al servicio de los demás, que era un privilegiado”. A partir de ahí, escribir dejó de ser una opción. “Era casi una obligación moral”.
En ese recorrido aparece una paradoja que atraviesa toda su historia. Tras el diagnóstico, intensificó su preparación física con bicicleta y montaña. Aquello que parecía una respuesta al deterioro adquirió otro sentido con el tiempo. “Cuando llegó el covid en 2020, yo estaba físicamente muy fuerte. Si no hubiera llegado así, no habría sobrevivido”. Y lo resume con una idea clara: “Una enfermedad que me está castigando en la vida, casi con toda seguridad me la ha salvado”.
Asumir la enfermedad no significa rendirse. Supone reorganizar la vida desde otra lógica. Una forma de resistencia consciente, donde la adaptación se convierte en estrategia.
"El 50 % de tu curación está en tu mente"
Su planteamiento se apoya en una convicción firme. “El 50 % de la curación está en tu mente, no está en la farmacia”. Para explicarlo, recurre a una imagen concreta. “Los coches tienen un acelerador de pie, los tractores tienen uno de pie y otro de mano. Yo tengo un tercer acelerador, que está en la cabeza”. Ese impulso se alimenta de esfuerzo, trabajo, ganas y propósito.
El libro no responde a un plan previo. Aquella noche de insomnio en la que empezó a escribir acabó dando forma a algo que él mismo define con claridad: “Es un milagro”.
En ese proceso, Alicia López ocupa un lugar central. Su vocación nace de una experiencia que marcó su vida. Su padre sufrió un grave accidente al caer por el hueco de una escalera, y fue la intervención de los fisioterapeutas lo que permitió su recuperación. “Esta es la profesión de mi vida”, pensó ella. Lo relata Ignacio Almudévar, que tiene muy claro el papel de esta profesional: “Alicia no solo trata el cuerpo, sostiene el alma”.
"Alicia no solo trata el cuerpo, sostiene el alma"
El libro desmonta además una visión simplificada de esta enfermedad. “La sociedad piensa que el párkinson es temblar, pero hay más de treinta síntomas”. Más allá de lo visible, la patología despliega una dimensión silenciosa que condiciona cada jornada. El insomnio persistente, la fatiga o la pérdida de los sentidos convierten lo cotidiano en un esfuerzo continuo.
Esa invisibilidad tiene también una dimensión social. La lentitud o la torpeza suelen interpretarse sin contexto. Detrás de cada gesto hay un esfuerzo que no se ve. El libro interpela directamente a quien observa, invitando a sustituir la prisa por comprensión.
"Es posible encontrar sentido incluso en los momentos más difíciles"
Junto a lo físico, aparecen otros elementos esenciales. El humor es esencial, y la música, la risa y las relaciones se convierten en apoyos fundamentales para sostener el día a día.
Buena parte de lo que marca hoy su forma de entender la vida nace de su relación con el mundo de la discapacidad. “Han sido mis maestros”. De ahí surge una convicción que atraviesa todo el libro. "Es posible encontrar sentido incluso en los momentos más difíciles".
Su forma de explicarlo se concreta en una imagen. La subida al pico de Guara. Antes de hacerlo, lo dejó claro. Iba a intentarlo. Si tenía que darse la vuelta, no sería una derrota. “La victoria es intentarlo”.
El proyecto tiene además una base solidaria. Los beneficios se destinan a asociaciones como Parkinson, Down, Esclerosis, Valentia y Asapme, que han presentado proyectos concretos para poder recibir esos recursos.
Entre quienes han acompañado este proceso, destaca el papel de Carlos López-Otín, cuya implicación en la obra aporta una dimensión adicional. Almudévar valora especialmente que en su prólogo “se ha desnudado también a sí mismo”.
También explica qué ha querido decir con el título del libro. “La vida infinita es la huella que dejamos en nuestra vida. Hay que dejar un trazado que sirva para que otros puedan recorrerlo”.
Este viernes, el teatro Olimpia acogerá la presentación dentro del Cosmos Festival de Down Huesca. No será una cita convencional. Será el reflejo de todo lo que hay detrás de este libro.
Y en el fondo, todo queda reducido a una idea sencilla que atraviesa su historia.
“Intentarlo es ya un triunfo”.