Inés Plana convierte "Los espías y el enigma Aquiles" en una reflexión sobre el poder, la tecnología y las grietas humanas

La autora ha explicado en la Feria del Libro de Huesca cómo ha construido una trama de espionaje alejada de los clichés tradicionales

02 de Junio de 2026
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Jorge Piedrafita e Inés Plana. 42 Feria del libro el martes 2 de junio. Foto Myriam Martínez
Jorge Piedrafita e Inés Plana. 42 Feria del libro el martes 2 de junio. Foto Myriam Martínez

La novela "Los espías y el enigma Aquiles" (Espasa) ha aterrizado este martes en la 42 Feria del Libro de Huesca como una propuesta que amplía los horizontes narrativos de Inés Plana y la conduce hacia un territorio poco transitado en su trayectoria: el espionaje internacional. La autora barbastrese ha abandonado el escenario habitual de la investigación policial para adentrarse en un mundo donde la información vale más que las armas, los enemigos rara vez muestran su rostro y las amenazas sobrevuelan el presente con la discreción de una sombra.

Acompañada por el abogado Jorge Piedrafita, encargado de presentar y entrevistar a la escritora, Plana ha compartido con los asistentes las claves de una obra que recupera al capitán de la Guardia Civil Julián Tresser, uno de los personajes más reconocibles de su universo literario. Sin embargo, esta vez el protagonista abandona el camino balizado de los procedimientos judiciales para internarse en los senderos sinuosos de la inteligencia, donde las fronteras entre lo correcto y lo necesario se vuelven más difusas.

La escritora ha explicado que el origen de la novela se encuentra en la invasión de Ucrania y en la revolución tecnológica que ha transformado los conflictos contemporáneos. La resistencia ucraniana frente al ejército ruso y el protagonismo adquirido por los drones despertaron en ella una reflexión que terminó convirtiéndose en el motor de la historia. A partir de esa realidad nació Aquiles, un dron ficticio capaz de atravesar cualquier espacio aéreo sin ser detectado, invisible a los radares, silencioso y aparentemente invencible.

Más allá de la intriga, la autora ha señalado que el verdadero interés de la novela radica en las preguntas que plantea. Estos artefactos sobrevuelan hoy ciudades, infraestructuras y fronteras con una naturalidad que invita a olvidar los riesgos que pueden entrañar. En este sentido, Aquiles funciona como una metáfora inquietante de los desafíos tecnológicos que avanzan por debajo del umbral de la percepción colectiva.

Uno de los aspectos que más interés ha despertado durante la presentación ha sido la presencia de mujeres espías del CNI como protagonistas de la trama. Plana ha reconocido que sentía la necesidad de reivindicar a unas profesionales que apenas han tenido espacio en la literatura de espionaje, habitualmente dominada por figuras masculinas o por personajes femeninos construidos desde el estereotipo.

La autora ha explicado que, durante el proceso de documentación, descubrió una realidad marcada por la discreción y el sacrificio. Muchas agentes de inteligencia viven atrapadas entre dos identidades, obligadas a mantener una doble vida que ni siquiera pueden compartir con familiares o amigos. Según ha señalado, el espionaje evita atentados, previene conflictos y protege intereses estratégicos, pero quienes lo ejercen rara vez reciben reconocimiento público por su labor.

Inés Plana, firmando ejemplares en la 42 Feria del libro el martes 2 de junio. Foto Myriam Martínez
Inés Plana, firmando ejemplares. Foto Myriam Martínez

En la novela, esa realidad se encarna en personajes como Alessia y Mara, dos agentes alejadas de cualquier cliché cinematográfico. Alessia intenta compatibilizar su trabajo con la maternidad y apenas puede disfrutar de su hija de siete años, mientras que Mara acumula fracasos sentimentales y una existencia marcada por la soledad. Ambas representan el coste humano de una profesión que exige renuncias permanentes y una dedicación absoluta.

Frente a ellas se alza la figura de Julián Tresser, un hombre acostumbrado a las certezas del mundo judicial y a la disciplina de la Guardia Civil. El capitán observa con recelo la forma de actuar de los servicios secretos y choca constantemente con unos métodos que considera difíciles de aceptar. Esa tensión entre dos concepciones opuestas del deber acaba convirtiéndose en uno de los motores emocionales de la novela.

Plana ha destacado que Tresser atraviesa además un momento decisivo de su vida personal. Cuando arranca la historia está a punto de convertirse en padre, pero al mismo tiempo se ve arrastrado a una operación que le obliga a trabajar incluso a espaldas de sus superiores. Sobre él gravita un poderoso entramado internacional, una especie de eje del mal vinculado al misterioso dron que da título a la obra.

La elección del nombre Aquiles tampoco es casual. La escritora ha explicado que el legendario héroe griego le servía para recordar una idea fundamental: la perfección no existe. Del mismo modo que el guerrero parecía invulnerable hasta que una flecha alcanzó su talón, el dron representa la obsesión humana por construir algo perfecto. Sin embargo, toda creación contiene alguna grieta por la que terminan colándose el error, la derrota o el fracaso.

La autora ha aprovechado esta reflexión para extenderla a la condición humana. A su juicio, las personas tampoco son perfectas y las debilidades individuales acaban condicionando incluso las estructuras más sólidas. Esa mirada atraviesa toda la novela y se convierte en uno de los mensajes de fondo que sostienen la trama.

Durante el encuentro también ha advertido sobre una percepción de seguridad que considera engañosa. Plana ha recordado diversos episodios recientes en los que drones militares han atravesado espacios aéreos europeos sin ser interceptados y ha insistido en que la realidad demuestra hasta qué punto las sociedades contemporáneas son más frágiles de lo que creen. En ese contexto, el viaje de Aquiles se convierte en una advertencia sobre amenazas que pueden pasar desapercibidas hasta que resulta demasiado tarde.

Jorge Piedrafita e Inés Plana. 42 Feria del libro el martes 2 de junio. Foto Myriam Martínez
Jorge Piedrafita e Inés Plana. Foto Myriam Martínez

Para construir el universo del espionaje, la autora ha llevado a cabo una intensa labor de documentación. Entre las obras que más le han ayudado destacó "No sabes nada de mí", de la periodista Pilar Cernuda, basada en testimonios de mujeres del Centro Nacional de Inteligencia. Aquellas historias le permitieron comprender mejor el sacrificio que implica entregar la propia identidad al servicio de un objetivo superior.

Pese a ello, Plana ha insistido en que "Los espías y el enigma Aquiles" no es una novela de espionaje al uso. Más que reproducir los códigos tradicionales del género, la escritora ha querido construir una mirada propia sobre quienes trabajan en la sombra, mostrando tanto su fortaleza como sus contradicciones, su cara visible y su reverso más íntimo.

EL MAYOR ESFUERZO LITERARIO

La profundidad psicológica de los personajes ha ocupado una parte importante de la conversación. La autora ha afirmado que ese constituye su principal esfuerzo técnico como novelista. Para ella, las historias no nacen únicamente de los acontecimientos, sino de las personas que los viven. Por eso considera que la trama se va construyendo al mismo tiempo que se desarrollan las emociones, los conflictos y las decisiones de quienes la protagonizan.

Esa apuesta se refleja en una obra coral integrada por una quincena de personajes principales y secundarios. Todos ellos atraviesan situaciones duras, decisiones irreversibles y conflictos que dejan huella. La escritora ha confesado sentirse especialmente orgullosa del arco evolutivo que ha conseguido construir para cada uno de ellos y ha reconocido que ha convivido con estas vidas ficticias durante más tiempo del que ha pasado con su propia familia.

No en vano, ha definido esta novela como el mayor esfuerzo literario de toda su carrera. La complejidad de la historia, la documentación previa y el proceso de corrección la convirtieron en la edición más exigente a la que se ha enfrentado hasta la fecha. El objetivo, según ha explicado, era lograr una narración ambiciosa pero al mismo tiempo clara, capaz de manejar numerosos personajes y varias líneas argumentales sin perder nunca la cercanía con el lector.

Inés Plana. 42 Feria del libro el martes 2 de junio. Foto Myriam Martínez
Numeroso público ha acudido a ver a Inés Plana. Foto Myriam Martínez

LUBA, UN PERSONAJE ESPECIAL

Entre todos ellos sobresale Luba, uno de los personajes más queridos de la saga. Tras el salto temporal que marca la invasión de Ucrania, reaparece convertida en una joven de 23 años que estudia un grado de ilusionismo. Plana la ha definido como uno de los mejores personajes que ha creado y ha destacado su capacidad para encontrar belleza y esperanza incluso después de haber atravesado experiencias extremadamente dolorosas. Para desarrollar algunos aspectos relacionados con la magia, contó con la colaboración del ilusionista Dani, de Villanúa.

La escritora también ha reivindicado la necesidad de asumir riesgos creativos, como le ha indicado Jorge Piedrafita. Salir de la zona de confort, explorar nuevos territorios y enfrentarse a desafíos desconocidos forma parte, a su juicio, de la esencia misma de la literatura. "La literatura es riesgo", ha afirmado, defendiendo una manera de escribir que rehúye la repetición y busca constantemente nuevos caminos.

Antes de concluir el encuentro, Plana ha adelantado algunos de sus próximos proyectos. Entre ellos figura un true crime que supondrá un regreso al periodismo, una profesión que considera tan vocacional como la literatura y de la que asegura no haberse marchado nunca. También ha anunciado la creación de "La Condena", un festival de novela negra que impulsará en la localidad manchega de Villarejo-Periesteban con el objetivo de acercar la cultura a pequeñas poblaciones alejadas de los grandes circuitos literarios.

Tras la presentación, Inés Plana ha permanecido durante largo tiempo firmando ejemplares y conversando con los lectores, que han aprovechado la ocasión para intercambiar impresiones con la autora y llevarse dedicada una novela que abre una nueva etapa en su trayectoria narrativa sin renunciar a las señas de identidad que han convertido su obra en una de las voces más reconocibles del género negro español.