La iglesia de Castiello de Jaca acogió la noche del pasado martes el quinto gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. El silencio, ese compañero habitual de los peregrinos y peregrinas que recorren la ruta jacobea, se vio gratamente interrumpido esta vez no por el eco de los pasos y el cantar de los pájaros, sino por la vibración profunda del violonchelo y el rasgueo preciso de la guitarra española. Se celebró el directo de Zaruk, un precioso compendio de laboratorio y academia, pero también de intimidad, utopía y sincero bienestar anímico y sonoro.
Iris Azquinezer y Rainer Seiferth, los artífices de este proyecto, celebraban su primera década de trayectoria artística compartida, un decenio que ellos mismos definen como una travesía por los nuevos mares de música. Al presentar su propuesta ante el público de Castiello, Iris se encargó de poner contexto a lo que iba a tener lugar bajo bóvedas románicas: “Somos Zaruk, un ensemble de guitarra y chelo que celebramos nuestros primeros diez años juntos. En este tiempo hemos creado músicas muy diferentes, desde arreglos de obras clásicas, canciones populares o composiciones propias. Cada arreglo lo llevamos a nuestro mundo, esa tierra en el mar del silencio, que se llama Zaruk”.
La invitación de Zaruk no fue un recital al uso, sino una propuesta a sumergirse en su personal universo e imaginario sonoro. Cuando se les preguntó sobre cuál era la principal baza de su actuación en esta trigésimo quinta edición del FICS, la respuesta fue clara: la celebración de la identidad. “Tocamos las canciones que más nos gustan y algunas nuevas de nuestro próximo proyecto: Utopía”, subrayaban con honestidad, como la que, tema a tema, fue palpable desde los primeros compases de su directo. Erik Olin Wright ya proponía pensar en ‘utopías reales’, alternativas institucionales que siempre permitan escapar de cualquier lógica explotadora.
El repertorio elegido para Castiello de Jaca fue un profundo y lúdico viaje emocional. Entre las piezas que pusieron en valor, destacaron obras propias que exploran la conexión con la naturaleza y el folklore, “como ‘El nocturno selenita’, una composición dedicada a la luna, un arreglo de ‘Fuentecilla del arroyo’, canción aragonesa, y la magia de cada ‘Encuentro’, entre otras”, fueron algunos de los temas clave que ellos mismos destacaron. Y es que uno de los secretos de Zaruk reside en su capacidad para tomar elementos ya preexistentes -sean clásicos o populares- y pasarlos por la intuición, el tono, el estilo y el sentido innovador de su tamiz musical.

“Habrá mucha mezcla, todo llevado a nuestro imaginario sonoro por descubrir”, confesaban, dejando claro que no buscan solo la fidelidad académica, sino también la actualización de ritmos y canciones desde la reinterpretación emocional de músicos y público. Porque cuando se les pregunta qué es lo que los oyentes más valoran en sus directos, ellos apuntan directamente al corazón de una honesta comunicación artística: “La complicidad entre los intérpretes y la cercanía de explicar cada canción”. Y es que, en Zaruk, la música no termina cuando cesa la vibración de todas sus cuerdas. El puente entre artista y público se construye también con la arquitectura de la palabra y sus significados, con la explicación pausada de los orígenes de cada pieza, lo que genera toda una gran fiesta cómplice en cada uno de sus cuidados directos.
“No lleven nunca ideas preconcebidas y entréguense al disfrute”. Así se remató la velada en Castiello de Jaca. El FICS, en su labor de rescatar y poner de relieve el patrimonio musical de la Corona de Aragón, encontró en Zaruk un aliado perfecto. Al preguntarles sobre la temática de esta edición, su entusiasmo fue más que evidente: “Fantástico. Compartimos alguna sorpresa al respecto”, y así fue, integrando sonoridades que dialogaban con la historia del territorio, desde nuestras tierras hasta Nápoles, pasando por los paisajes reales y los imaginados desde la ficción, siempre en continua construcción.
MÚSICA CON Y DE VALOR
Por otro lado, detrás de la magia del directo y la elegancia de la ejecución de ambos, subyace una realidad más compleja. La conversación con Iris y Rainer revela un panorama agridulce sobre el estado de la música antigua y clásica en nuestro Estado. Al hacer balance de este 2026, la visión es de una cautelosa recuperación. “El 2024 fue un año muy bueno. 2025 se notó mucho la caída de conciertos y 2026 parece que se recupera un poco, pero la música necesita mucho más valor y compromiso institucional”, sentencian.
El momento que atraviesa la música antigua o barroca -y su extensión a los proyectos de fusión musical como el suyo- requiere, según el dúo, un apoyo estructural más sólido. “Mucho más apoyo...”, repiten cuando se les pide un análisis de los retos a corto y medio plazo. Es una demanda silenciosa, pero rotunda. Si queremos que la “tierra en el mar del silencio” siga existiendo, es preciso regarla con estrategias y políticas culturales que garanticen la estabilidad de los creadores de estos estos espacios sonoros. Como decía el gran José Saramago, “mañana es la única utopía”.
El concierto en la iglesia de Castiello de Jaca terminó con una ovación amplia, repetida y cerrada. A lo largo de estos diez años, Zaruk ha logrado algo difícil de encontrar: una voz con sello propio, que no necesita artificios, solo dos instrumentos dialogando sinceros en la luz y en la penumbra. La música en el Camino de Santiago se vive así, de cerca, con complicidad, y con la valentía sincera de quienes, como Zaruk, se atreven a construir su propia Utopía, siempre colectiva. Que los próximos diez años sigan permitiéndoles convertir el silencio en música, porque, al final, como ellos mismos demostraron -y obsequiaron-en Castiello de Jaca, la música es, ante todo, una cuestión de entrega, de espíritu innovador generosamente creativo.