Javier Olivera y Sara Barquinero, un diálogo sobre la mente a través de la literatura

Las novelas ‘Los escorpiones’ y ‘La chica más lista que conozco’ sirven de punto de partida para hablar de culpa, vergüenza, desencanto, memoria y emociones

Periodista
01 de Octubre de 2026
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Sara Barquinero y Javier Olivera durante su charla en la Fundación Ibercaja. Foto Mercedes Manterola
Sara Barquinero y Javier Olivera durante su charla en la Fundación Ibercaja. Foto Mercedes Manterola

La literatura y la salud mental han compartido escenario este jueves en Huesca en una conversación que ha puesto sobre la mesa algunas de las emociones y experiencias que atraviesan la vida cotidiana. El psiquiatra oscense y profesor de Psiquiatría Javier Olivera y la escritora y filósofa Sara Barquinero han participado en el encuentro ‘Ficciones sobre el tedio y la desesperanza’, una nueva sesión de los encuentros ‘Literariamente’ que la Fundación Manantial y el Hospital Universitario Ramón y Cajal desarrollan habitualmente en la Librería Alberti de Madrid y que, en esta ocasión, llegó a Huesca con la colaboración de Fundación Ibercaja, dentro de su 150 aniversario, y del FCCSD de Huesca de la Universidad de Zaragoza.

El diálogo ha tomado como punto de partida las dos novelas más recientes de Barquinero, Los escorpiones (Lumen, 2024) y La chica más lista que conozco (Lumen, 2026), para recorrer cuestiones como la vergüenza, la culpa, la responsabilidad, el aburrimiento, el suicidio, la relación con la tecnología, la memoria o la percepción de la propia experiencia. Han pesentado la charla Patricia Fernández, del Hospital Universitario Ramón Cajal de Madrid, y Alexia Serrano, vicepresidenta de la Fundación Ibercaja, y se ha contado con la colaboración de la librería Anónima.

Sara Barquinero, Javier Olivera, Patricia Fernández y Alexia Serrano. Foto Mercedes Manterola
Sara Barquinero, Javier Olivera, Patricia Fernández y Alexia Serrano. Foto Mercedes Manterola

Olivera ha abierto la conversación fijándose precisamente en el subtítulo de la última novela de Barquinero, ‘Un tratado sobre la vergüenza’, una expresión que no aparece en la portada pero que ocupa un lugar central en el planteamiento del libro. La escritora ha explicado que la elección nació en parte de su intención de construir la novela con la estructura de un tratado filosófico, pero que la vergüenza le permitía abordar cuestiones diferentes.

“Me interesaba la vergüenza como concepto para hablar a la vez de tres cosas diferentes: la identidad personal, como muchas veces está construida en torno a la vergüenza que podemos sentir, a lo que nos avergonzamos de ser y, por lo tanto, nos anima a ser diferentes; a la vergüenza propia del romanticismo y, por último, también quería usarlo como excusa para hablar de la figura de Sartre”, ha explicado Barquinero. "Dedica muchas páginas a hablar de la vergüenza como emoción filosófica, porque uno de los problemas clásicos de la historia de la filosofía es cómo demostrar que existen los otros, o sea, que no existe solo el yo. Y la demostración que hace de Sartre es que, si no existieran los otros, no sentiría vergüenza".

Olivera ha profundizado en la cuestión desde la psiquiatría y Barquinero ha apuntado que “la vergüenza es una emoción que da la construcción. Muchas veces no te avergüenzas exactamente de lo que has hecho por ti misma, sino porque se aleja de la imagen de ti misma que quieres dar”, ha señalado la escritora.

De ahí han pasado a otra emoción: la culpa. Barquinero ha reconocido que es una cuestión que ha abordado también desde su experiencia personal y que aparece de manera explícita en su escritura. “Siento que hay cosas que están mal y que está bien que uno reconozca cuando se ha equivocado”, ha afirmado. Asimismo, la escritora ha cuestionado que "el discurso psicoanalítico, psicológico, psiquiátrico es muy de disculpar nuestros excesos narcisistas". Olivera ha estado de acuerdo y ha defendido que "sabemos dónde lleva la culpa. La culpa puede llevarte a lugares muy oscuros. Por ejemplo, la culpa es un síntoma fundamental para la depresión", ha expuesto.

Público en la charla de
Público en el encuentro ‘Literariamente'. Foto Mercedes Manterola

La conversación se ha desplazado hacia Los escorpiones, una novela en la que Barquinero aborda, entre otros elementos, las teorías de la conspiración y el malestar de sus personajes. Olivera se ha interesado por la familia D'Alessandro, que ocupa un lugar destacado en la historia. “Son una familia metida en cosas que todo el mundo podría reconocer como turbias, pero que también resultan atractivos. A mí me resultan atractivos los personajes porque tú podrías llegar a imaginarte que harías lo mismo en su situación -ha explicado-. Y sobre todo porque son gente que se aburre mucho. Y una de las maneras más fáciles de parecer interesantes es que la gente se dé cuenta de que te estás aburriendo. Se está aburriendo, está por encima de esto. Los D'Alessandro están muy construidos por el aburrimiento, y creo que es fácil empatizar con esos personajes”, ha añadido.

La escritora ha distinguido también entre la experiencia que puede proporcionar una novela y la que corresponde a una relación terapéutica, ya que "un libro te tiene que acompañar para entender cosas de ti misma y de la realidad, pero un terapeuta te tiene que llevar a tomar acción, que es el paso siguiente”, ha señalado.

El suicidio ha siurgido como otro de los asuntos abordado de Los escorpiones. Barquinero ha recuperado una frase del libro que señala que "los budistas lo sabían, uno nunca quiere morirse, sino matar algo que vive dentro de sí, aunque a veces eso implique acabar con la propia vida. "Del personaje protagonista de esa parte me interesaba un deseo constante, y que para ella es tranquilizador, de pensar en el suicidio como una opción tranquilizadora, pero en el momento de la verdad lo que quiere es que alguien la rescate de esa parte de sí misma con la que no se siente identificada o que querría dejar de ser", ha explicado.

Olivera ha relacionado esa cuestión con su experiencia profesional y con un trabajo que está desarrollando junto a un compañero sobre las razones para vivir y las razones para no vivir. “Estoy muy de acuerdo en que la mayoría de las personas que se suicidan no quieren acabar con su vida, quieren acabar con una situación que les resulta insoportable. Realmente, si nosotros consiguieron cambiar esa situación…”, ha afirmado.

Olivera se ha referido a otro planteamiento recogido en el libro que señala que, si todos sintiéramos que somos inmortales, terminaríamos suicidándonos. "Creo que esto es algo que a todo el mundo le pasa. No creo que nadie sienta realmente que se va a morir. Yo sigo esperando que un magnate de la tecnología nos descargue la conciencia en algún lugar", ha afirmado. Y ha insistido en que "si la inmortalidad fuese un hecho, probablemente acabaríamos todos suicidándonos. La vida solo tiene valor porque es finita".

Imagen de la cita celebrada en la Fundación Ibercaja.
Imagen de la cita celebrada en la Fundación Ibercaja.

A partir de ahí, la charla ha entrado en el tedio y la sensación de desilusión. Olivera ha preguntado a Barquinero por esa percepción de hastío que recorre Los escorpiones y por si cree que "estamos en un mundo en el que llegamos a aburrimos tanto que nos llegamos a desilusionar".

“Un escritor decía: la sorpresa está en el pasado, solo ya nos queda la repetición. Eso es algo que siento que en otros momentos de la historia estuvo muy vinculado a una madurez en edad y en años, pero mi generación, y probablemente las que me sigan, es una cierta sensación de ya estar de vuelta de todo, incluso aunque no hayas vivido nada”, ha señalado.

Olivera ha coincidido en la influencia que puede tener el exceso de información. “Es muy difícil ahora que algo te sorprenda”, ha apuntado. Barquinero ha comparado el valor de seleccionar unas pocas fotografías y conservarlas en un álbum con la acumulación casi ilimitada de imágenes digitales. “Internet en cierto modo es un espacio de no tiempo”, ha apuntado.

Olivera ha considerado que la memoria irá cambiando, "porque hasta ahora a los ítems que almacenábamos les prestábamos una gran atención. Ahora sabemos que los tenemos. Un ejemplo es que nadie se sabe ya el teléfono de la familia. De la misma forma, memorias de sucesos vitales, realmente intensos, importantes, quizá también intentamos rápidamente pasar al siguiente, enlazar, enlazar, enlazar. Y eso a lo mejor es una huida de la muerte", ha planteado.

Asistentes a la charla. Foto Mercedes Manterola
Asistentes a la charla. Foto Mercedes Manterola

Para Barquinero, "es injusto culpar a la tecnología como si fuera algo completamente ajeno al sistema social”. A su juicio, Internet puede compensar determinadas carencias y no debe entenderse únicamente como un elemento negativo. “Si Facebook tiene éxito es porque antes existía una necesidad de exactamente ese producto”, ha señalado. En sus novelas, Internet tampoco representa únicamente un elemento perjudicial, sino que “también les da cosas buenas, pero desde luego refuerza la idea de que nunca cambiará nada, de que el futuro no existe y de que el pasado se convierte en una masa amorfa a la que es difícil acceder”.

La charla se ha adentrado también en la manera en que las personas experimentan la felicidad y a la dificultad de reconocer determinados momentos mientras están sucediendo. Olivera ha recordado una charla anterior sobre la felicidad en la que preguntó al público cuál había sido el momento más feliz de sus vidas. Ninguno de los asistentes señaló el presente. “Hay una elaboración posterior, una reobservación. Vuelves a observar la trayectoria de tu vida y entonces puedes decir que ese momento fue feliz”, ha expuesto.

“Nuestra época concretamente tiene una relación un poco más perniciosa con la expectativa”, ha introducido la escritora y ha puesto como ejemplo la experiencia universitaria, sobre la que puede depositarse una expectativa tan elevada que la realidad difícilmente llega a cumplirla. “Es como si estuvieran algunas personas, o yo misma en algunos momentos, en una permanente fiesta de Nochevieja, en que eres tan consciente de que te lo tienes que pasar bien, que luego nunca te lo pasas bien, porque estás demasiado preparado”, ha relatado.

Esa reflexión ha llevado a hablar de las primeras impresiones y de la intuición. Ante la pregunta de Olivera sobre si confía en esas primeras sensaciones, Barquinero ha respondido que “totalmente. Y -ha añadido- cada vez que decido desoír esas primeras intuiciones luego me arrepiento de no haber hecho caso a mi primer impulso”.

Olivera ha planteado si esa confianza suponía conceder más valor a las emociones que a la razón. Barquinero ha rechazado esa oposición. “No creo que sea emoción versus razón. Creo que eso es una falsa diatriba”.

La escritora ha comentado que, en ocasiones, una intuición puede anticipar algo. “A veces tengo intuiciones de algo que todavía no sé por qué es. Y solo con el tiempo me doy cuenta de que inconscientemente ya sabía algunas fuerzas que estaban operando”, ha señalado.

La conversación ha terminado adentrándose en otro territorio, el del inconsciente colectivo. Ante la pregunta de Olivera sobre si cree en él, Barquinero ha respondido: “Sí, porque he querido creer en él. Siempre me ha encantado esa movida, pero no sé si es real. Sospecho que es una construcción social, pero me gustaría que fuese otra cosa".