Una alfombra roja -o línea de sangre- adornaba este miércoles el Salón Azul del Casino para la presentación de Arterial (Candaya), la primera novela de María José Galé, en un acto organizado por el Club de Lecturas Feministas del Colectivo Feminista de Huesca, en colaboración con la librería Anónima. La imagen era una declaración de intenciones. La sangre, como hilo narrativo y conceptual, atraviesa toda la obra y también la conversación que mantuvo la autora con la filóloga oscense María Nogués.
María José Galé Moyano (L’Hospitalet de Llobregat, 1975), residente en Zaragoza desde la infancia y autora del ensayo Mujeres barbudas. Cuerpos singulares, explicó que su llegada a la ficción ha sido un desplazamiento natural. Reconoció que “nadie llega sola a ninguna parte” y quiso comenzar agradeciendo a quienes la han acompañado en este tránsito y a las amigas del club de lectura, a la librería Anónima, a su amiga María Nogués y al público que llenaba el salón, un espacio cuya belleza confesó que le abrumaba hasta rozar “ese síndrome de Stendhal" que también tiene una de las protagonistas de la novela.

Ese paso del discurso académico al literario responde, según Galé, a la necesidad de decir las cosas “con otro tipo de discurso”. Consideró que cada texto establece un pacto distinto con quien lo lee: mientras la academia pretende decir la verdad, la ficción permite al lector dejarse llevar. “Te permea de una manera distinta a cómo lo hacen otros discursos”, señaló.
La impronta corporal que ya estaba presente en su ensayo reaparece en Arterial. Galé trasladó que es un texto “sobre los vínculos, sobre las personas, sobre los encuentros inesperados, sobre las personas que nos sostienen en la vida, incluso en los momentos más duros. Es mi impronta y no puedo dejar de decirlo. Lo que dije en un lado de una manera -explicó-, lo que digo en otro de otra forma, pero siempre desde esa óptica feminista, que cuestiona, que siempre se está formulando preguntas”.
La conversación se detuvo también en la poderosa imagen de la portada, una fotografía de la zaragozana Cecilia de Val tomada a comienzos de los años 2000. La autora contó que no conocía a la fotógrafa y que el hallazgo le sorprendió. “¿Cómo es posible que ella lo haya visto más de 20 años antes que yo?”, se preguntó y lo interpretó como una confluencia de miradas preocupadas por las mismas cosas, entre otras los vínculos. ”Y a veces los puedes escribir y otras veces lo que haces es dejar que se viertan fuera. Es un verter fuera toda esa sangre de la que está compuesto este texto. El libro habla de sangre entendida de muchas maneras, la que prolifera, la que está fuera, la que está dentro”, abundó.

María Nogués desgranó la estructura de la novela, subrayando su capacidad para atrapar al lector desde el inicio. Arterial entrelaza tres voces narrativas: la historia de Django, un chico de barrio que acaba de perder a su madre, contada en una interpeladora segunda persona; la de Florencia, una joven fotógrafa narrada en tercera persona; y una tercera voz ensayística, plagada de citas y reflexiones sobre la sangre a lo largo de la historia. Ese hilo sanguíneo funciona como un flujo que conecta los relatos.
Galé explicó que Django habita la periferia, los bares, la cotidianidad más concreta, mientras que Florencia "está en un lugar donde su portal es de mármol y tiene otra vida". Sin embargo, ambos personajes despiertan un día -en temporalidades distintas- y encuentran algo que los descoloca y “se imbrica con sus vidas de tal manera que, al avanzar, cambian. A él, encuentros inesperados muy sorprendentes y a ella, porque se enfrenta con su propio pasado a partir de la visión de una mancha de sangre, “no una manchita, una mancha contundente”, en el portal de su casa. A partir de ahí, sus experiencias empiezan a tocarse. “A priori, querríamos pensar desde nuestros prejuicios que eso no es así, que ella está en el lugar de lo sublime y él está en el de lo cotidiano. Pero en realidad reflexionan sobre los mismos temas desde distintos detonantes”, expuso Galé.

La autora definió la novela como un pulso, un bombeo constante entre Florencia y Django, una sístole y diástole narrativa. Defendió también la incomodidad deliberada de la segunda persona dirigida a Django, un personaje en pleno duelo. “El texto le interpela tanto que me hacía sentir violenta, pero no podía dejar de hacerlo”, comentó. En ese desbordamiento se inserta el llamado “falso ensayo, en teoría”, un texto que "va por donde quiere, es como un fluido también desbordado".
La reflexión sobre la belleza y el síndrome de Stendhal llevó la conversación al arte y a la obsesión creativa de Florencia. Para la autora, lo bello no se limita a lo que todo el mundo determina que lo es; también puede surgir de aquello que nadie nombra como arte, pero que, al ser mirado de otro modo, se sublima. Para Florencia “la idea del arte está ahí, le persigue, no le deja descansar. Lo que hace ella es sublimar, pasar a concepto, lo que está en el suelo”.
“Es como si la novela tuviera 500 páginas donde no tenemos acceso a muchas de las cosas que pasan, como ocurre en la vida real. Creemos que todo tiene explicación, pero hay algunas cosas que se nos escapan, y a pesar de todo podemos centrarnos en esa belleza de lo que se nos escapa y disfrutar ese pequeño hueco de lo que tenemos”, consideró la autora.

El cuerpo, y especialmente su interior, atraviesa todo el libro. Galé planteó preguntas que la novela deja abiertas: qué es lo interior, qué son nuestros cuerpos, hasta qué punto podemos conocerlos. Florencia se define como una insider, y lo que encuentra en el suelo es "precisamente el interior de alguien, estrictamente la sangre derramada en el portal", y eso le mueve a actuar.
Lejos de contraponer mundos, Arterial los hace converger. Mientras Florencia trabaja con fragmentos fotográficos, Django reconstruye fragmentos de surimi en una cocina navideña. Ambos piensan en la recomposición, desde lugares distintos pero atravesados por las mismas preguntas. La sangre aparece entonces como el elemento común por excelencia, aquello que nos iguala. "Y hay muchos otros elementos que nos unen que podríamos tratar de ver. Si no lo hacemos es porque los valoramos con palabras que nos han sido legadas y que nos impiden verlos".
"Estoy en todos los personajes", reconoció Galé: con Django y su duelo, con Florencia y su obsesión artística, con Chelo, la camarera que estudió Magisterio y con su madre". La autora compartió que trabajó muchos años en la peluquería de su madre también un contexto de barrio, algo que sorprendió y la entrelazó más con María Nogués, que también ayudaba de pequeña a su madre en la peluquería.

Sorprendida por la acogida del libro, Galé confesó que no escribió pensando en un lector concreto. "Me ha sorprendido muchísimo el cariño con el que todo el mundo ha cogido un texto, que para mí era desafiante en muchos aspectos. No sabía si en realidad la gente se iba a enganchar, pero en las respuestas que me están dando muchas personas veo que sí", apuntó. Lectores muy diversos se están empatizando con los personajes, se emocionan con el duelo o sufren con Florencia".
El cierre llegó con una revelación: el capítulo final, un catálogo de miradas al interior que incluye radiografías reales de la autora. Una decisión arriesgada que Candaya acogió con naturalidad. "Esa mirada al interior es literal, quien lee el libro mira mi interior, no solamente metafóricamente por el texto, sino porque realmente está aquí".
María Nogués dio la enhorabuena a la autora por lo vivido mientras leía el texto. Arterial es "un claro ejemplo de una novela contemporánea escrita por una mujer ecléctica, maravillosa y sorprendente como eres tú", le dijo a María José Galé, quien para cerrar leyó un fragmento del texto.