Con Los antepresentes, la colección Letras del Año Nuevo alcanza su vigésima entrega y suma una pieza especialmente significativa dentro de su trayectoria. El libro, escrito por la autora altoaragonesa Marta Borraz (Huesca, 1981) e ilustrado por su primo, el artista Carlos Aquilué, se adentra en un territorio narrativo donde la memoria familiar y la tradición oral conviven con un sutil juego de misterio y humor. Concebido como un relato de transición, la obra funciona como puente literario entre Años de vida y la próxima novela de la escritora.
La presentación se ha celebrado este miércoles 7 de enero en el salón de actos del Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), que ha registrado un lleno total, y ha contado con la colaboración de la Librería Anónima. El encuentro ha servido para desentrañar las claves creativas del libro y para situarlo dentro de una colección que, tras dos décadas de recorrido, se ha consolidado como un espacio singular de encuentro entre literatura y creación gráfica.
El director de la colección, José Ángel Sánchez Ibáñez, ha contextualizado el proyecto dentro de una trayectoria marcada por la continuidad y la perseverancia institucional. Ha recordado que Letras del Año Nuevo nació como un “capricho” editorial ligado a la felicitación anual del IEA y que, con el paso del tiempo, ha logrado consolidarse como una colección reconocible, integrada en el circuito habitual de librerías y apreciada tanto por su contenido literario como por su cuidado formal.
Sánchez Ibáñez ha incidido en el doble eje que articula la colección, sustentado en la relación entre texto e imagen. Ha destacado el trabajo de diseño y maquetación, con pequeñas variaciones anuales que aportan identidad propia a cada volumen, así como el papel central de la ilustración, coordinada por Isidro Ferrer y confiada a creadores vinculados al Alto Aragón. También ha aludido al riesgo inherente al encargo literario, al tratarse de textos solicitados sin conocer de antemano su resultado, una incertidumbre que, según ha señalado, siempre se ha resuelto de manera satisfactoria.

Marta Borraz ha agradecido la invitación del IEA y ha afirmado que en este espacio se siente como “en casa”, recordando su relación previa con la institución como usuaria habitual de la biblioteca. Ha explicado que fue un lugar determinante durante el proceso de documentación y escritura de Años de vida, gracias al trato cercano y facilitador del personal.
La oscense ha señalado que recibir el encargo para escribir Los antepresentes le produjo “una alegría inmensa” y ha subrayado la ilusión que le ha supuesto incorporarse a una colección integrada por autores a los que admira y ha leído, como Severino Pallaruelo, Cristina Grande, Mariano Gistaín, Ramón Acín o Víctor Juan. Formar parte de este conjunto, ha indicado, refuerza su vínculo con la literatura altoaragonesa.
La autora ha detallado que, cuando le propusieron el encargo, se dio cuenta de que la historia le permitía enlazar Años de vida con la novela en la que trabaja actualmente. Entre ambas, ha descrito, existe “un abismo”, que este libro viene a salvar. Así, Los antepresentes funciona así como "un libro-puente" entre su primera y la que será su segunda novela.
La autora ha reconocido que llegó a barajar un título alternativo, "Un puente de sangre", inspirado en la letra de una canción de la Ronda de Boltaña, aunque lo descartó por considerarlo “demasiado pretencioso” para una historia que finalmente se decanta por un tono más ligero y con presencia del humor.
Borraz ha definido el libro como un “bonus track” para los lectores de Años de vida, un “regalito” que no actúa como despedida, sino como prolongación del universo narrativo ya conocido. En sus páginas se reconocen escenarios y personajes familiares, algunos de ellos secundarios en la primera novela, que en esta ocasión adquieren voz y afrontan conversaciones pendientes, mezclando el tiempo de los antepasados con el presente narrativo.
La autora también ha puesto en valor el trabajo editorial desarrollado junto al equipo del IEA, especialmente con Teresa Sas y con José Ángel Sánchez Ibáñez, y ha valorado el aprendizaje que supone colaborar con profesionales con una larga trayectoria y disfrutar de una faceta complementaria a la escritura, habitualmente más solitaria.

LAS ILUSTRACIONES
Carlos Aquilué ha profundizado en la dimensión visual del libro. El ilustrador ha explicado que, al leer el texto por primera vez, pensó de inmediato en Edward Gorey como referencia, por su capacidad para conjugar lo oscuro y lo misterioso con un humor sutil. En ese sentido, ha definido el relato de Borraz como “muy misterioso, pero muy divertido a la vez”, una combinación que trató de trasladar al plano gráfico.
Ha añadido que la elección cromática fue un proceso conjunto con Isidro Ferrer, en el que inicialmente se planteó el uso de un azul, pero finalmente se decantaron por un verde flúor o menta tras revisar la pantonera en la imprenta. Esta tonalidad fue seleccionada específicamente porque permitía jugar con los claroscuros y recrear de manera efectiva la atmósfera tenebrosa de los interiores de casas antiguas iluminadas por velas. Para lograr este efecto, Carlos utilizó tramas que le permitieron crear una especie de escala de grises y transitar con fluidez del negro puro al verde. A pesar de que al ver el resultado impreso inicialmente le pareció "muy verde" o "verde azulado", se ha mostrado muy satisfecho con la tinta tan llamativa y el resultado visual del objeto final
Aquilué también ha reconocido haberse “autocensurado” en algunas escenas, como la representación de la muerte de un personaje, optando por un enfoque más poético que impactante. En su valoración del texto, ha señalado que se trata de un relato “intergeneracional, pero sobre todo interdimensional”, y ha añadido que trabajar bajo encargo le sirve como guía para situarse y decidir hacia dónde dirigir el lenguaje visual según el público.
Sobre la posible presencia de bromas o dobles sentidos en sus ilustraciones, especialmente en la imagen final, el artista ha preferido dejar la interpretación “abierta al espectador”, subrayando su papel como traductor visual que no copia el texto, sino que busca capturar su atmósfera, transformando el misterio en sombras y el humor en matices de color.
LA NUEVA NOVELA DE BORRAZ
En ese tránsito creativo, Marta Borraz ha avanzado algunos rasgos de la segunda novela en la que trabaja actualmente, un proyecto que ha descrito como un ejercicio de libertad creativa, pero también de vértigo.
La escritora ha señalado que supone un giro claro respecto al costumbrismo rural de su primer libro. Si Años de vida estaba anclada en los pueblos y en la generación de los abuelos, la historia que prepara se sitúa en las generaciones de los años ochenta y noventa y se adentra en relatos de mujeres, deseo y sensualidad.
Actualmente, se encuentra inmersa en un proceso de corrección y reescritura que ha definido sin rodeos como “sufrido”, precisamente por la ausencia de los límites que impone un encargo. Ha señalado que no prevé la publicación de la novela antes de 2027 o 2028 y que antes debe estar completamente segura de que la historia está contada exactamente como desea, siguiendo el mismo criterio que aplicó en su debut.
La escritora también ha compartido algunos aspectos de su metodología de trabajo, señalando que suele comenzar por los diálogos para después construir la escena y la atmósfera. Para la autora, la manera de hablar de los personajes define quiénes son, y en esta nueva etapa busca un equilibrio en el que acción y lenguaje fluyan con naturalidad. Una forma de avanzar, ha sugerido, que la lleva a cruzar definitivamente ese puente narrativo desde la memoria familiar hacia un territorio más contemporáneo, urbano y personal, donde el peso del pasado deja paso a los deseos del presente.
Marta Borraz ha regresado a un plano más personal al referirse a su relación con la capital altoaragonesa. Ha afirmado que volver a Huesca sigue siendo una fuente constante de recuerdos felices, ligados a su infancia, a su abuelo y a su familia, y ha agradecido al público su presencia por seguir generándole nuevas memorias asociadas a la ciudad.