La Fundación Ibercaja de Huesca ha acogido este miércoles la presentación de La hija, la última novela de Sergio del Molino, en un encuentro organizado por la UIMP-Pirineos, en el que el autor ha conversado con el profesor José Domingo Dueñas, y que ha contado con la colaboración de la librería Anónima. Seiscientas cincuenta páginas que son, en palabras de su autor, "una fiesta", y que proponen al lector un viaje por el siglo XIX para rescata la figura de Rosario Weiss, pintora, discípula de Goya y, muy probablemente, su hija.
Sergio del Molino ha pasado largas horas en la sala 62A del Museo del Prado, contemplando el único autorretrato al óleo conocido de Rosario Weiss, un cuadro adquirido por el museo en 2024, que llegó en un momento en el que el autor estaba ya obsesionado por el personaje. "Es un cuadro que verdaderamente fascina porque es muy distinto a la pintura de su tiempo", ha explicado el escritor. Mientras las mujeres de su época posaban con decoro y empaque burgués, "Weiss aparece en el lienzo con un vestido de gasa, casi una desnudez que es muy rara en esa época y con una picardía, un sentido de la ironía, algo que percibes que es muy distinto, que estás ante un personaje muy interesante, que lo sabe y coquetea, que tiene una historia detrás en la que siempre va a haber un misterio y que merece la pena dedicarle ese tiempo".
Ese cuadro, además, ha sido colocado en el Prado justo encima del retrato que Vicente López hizo a Goya en 1826. Dueñas le ha preguntado si cree que los conservadores del museo han acertado al establecer esa relación. La respuesta de Del Molino ha sido contundente. "Están diciendo claramente que es su hija. Nadie con un bagaje académico que se respete diría que es su hija, porque no se puede demostrar, pero creo que el Prado ha hecho una declaración de intenciones. Curiosamente, son los dos últimos retratos que se les hacen a los dos, es como la despedida de ambos, y que estén juntos en la última imagen que tenemos de ellos me parece fascinante. Ahí está declarado que son familia, para mí es evidente".

UN LIBRO QUE SON DOS LIBROS
La estructura de La hija es singular. La obra se divide en dos partes, con una novela protagonizada por Juan Antonio Rascón, amigo íntimo de Weiss que en 1878 viaja a París y contempla las pinturas negras de Goya, lo que desencadena el recuerdo de todo lo que vivió junto a Rosario; y un ensayo narrativo firmado por el propio Del Molino en el que especula, desbarra y reflexiona sobre los mismos hechos desde la no ficción. Dueñas ha señalado que se trata de algo insólito en la literatura reciente. "Yo no lo conozco", ha respondido Del Molino, "y si lo hubiera conocido, no lo hubiera escrito".
El escritor ha explicado que no se planteó escribir primero una parte y luego la otra. "Tenía claro que quería escribir sobre Rosario Weiss, que me había obsesionado, tenía ya un montón de documentación y estaba investigando, pero no sabía por dónde tirar. De repente, se me iluminó. Me di cuenta de que por un lado estaba emborronando un ensayo y por otro lado estaba jugando con un narrador llamado Juan Antonio Rascón. Pensaba al principio que el ensayo eran notas personales que me ayudaban, pero luego me di cuenta de que las dos estrategias se complementaban y que el libro en realidad eran los dos narradores, los dos en espejo".
"Porque es un libro de mirar -ha continuado-, donde todos los elementos, los personajes, las épocas se miran, se reflejan unas en la otra. Y que esa estructura estuviera también reflejada en el libro me parecía muy interesante porque me permitía completarlo todo".
Como ha expuesto, "había muchas cosas de Rosario a las que la ficción no podía acceder, era insatisfactorio; y había otras muchas a las que no ficción tampoco podía llegar, y que la ficción era mucho más penetrante y me permitía libertad. ¿Por qué no combino ambas? Eso me permitió hacer una escritura muy ágil, porque cuando me atascaba en la parte de la ficción, avanzaba con la parte de la no ficción, y cuando me atascaba con la parte de la no ficción, avanzaba con la otra. Y eso ha permitido que las dos se complementen muy bien y que no haya una sensación de reiteración".
Del Molino ha reconocido que es muy difícil explicar un libro así a una editora. "Cuando me pregunta ¿qué estás haciendo? para mí es muy difícil de responder" y para justificar esa segunda resumió que "a la gente le gusta mucho charlar sobre lo que ha leído, esa dinámica del club de lectura. Pues esa segunda parte es como el cinefórum, es como la tertulia después del libro. Se baja el telón y hay un montón de cosas que han quedado flotando en el aire. En este caso las trato yo -ha señalado-, de forma monologista, pero ofrezco la sensación de que podemos incorporar eso a la experiencia de la lectura".

En el libro, el autor también reivindica a Leocadia Zorrilla, madre de Rosario Weiss y compañera de los últimos años de Goya, a quien los libros de texto han reducido históricamente al papel de ama de llaves. Del Molino ha recordado con ironía cómo ese detalle le había mosqueado desde joven. "En el libro de texto de COU le dedicaba a Goya una página o media página, y al final decían: 'y pasó los últimos años de su vida exiliado en Burdeos junto a su ama de llaves Leocadia Zorrilla.' Y yo decía: este libro dedica cuatro líneas a Goya y dos son para el ama de llaves. No puede ser. ¿Por qué no sabemos nada de las amas de llaves del resto de los artistas?".
Su tesis es que Goya no se exilió en Burdeos por razones políticas propias, ya que estaba bien protegido, sino para acompañar a Leocadia, que sí era una mujer perseguida por su significación liberal. Se encontraron cuando él se quedó viudo y ella fue repudiada por su marído y estaba a la intemperie. "Yo creo que es fácil imaginar que los dos se encuentran, se entienden en ese momento tan terrible de la España de entonces, y empieza un amor", ha señalado. Y ha añadido su posición ante la historia oficial. "El historiador no puede contarlas, pero el escritor sí. Es evidente que esto es una familia, no es el ama de llaves y la hija pobrecita. Funcionan como una familia. Tenemos que decir las cosas claras", ha apuntado.
Del Molino ha dedicado especial atención a la personalidad de Rosario Weiss, que creció en un hogar completamente ajeno a la mojigatería de su época. "Ha crecido en una casa donde el pudor, los sentimientos pacatos, la mojigataría ambiental no existen. Ha crecido en un hogar completamente libre. Y eso se va a reflejar en su obra y en su personalidad". Fue una mujer que no quiso casarse, que eligió vivir de su trabajo y que se labró un hueco en el Madrid del siglo XIX pese al boicot sistemático de los Madrazo, la familia que dominaba el mundo del arte y que mantenía buenas relaciones con Javier de Goya, el hijo legítimo del pintor.

De vuelta del exilio, gracias a las conexiones liberales de su hermano Guillermo, Rosario consiguió ser preceptora de dibujo de la futura Isabel II y de su hermana Luisa Fernanda. Del Molino ha confesado que esa relación entre Rosario y la niña reina es una de las partes que más le ha gustado escribir. "Ella se siente desamparada toda la vida y ve a la niña que, en teoría, es su enemigo político, la hija del tirano que les llevó al exilio, y sin embargo se compadece muchísimo de la suerte de esa niña. Es un momento que a mí me interesa muchísimo".
GOYA: "CON LOS FRANCESES A TOPE"
Como ha señalado José Domingo Dueñas, Rosario Weiss es la protagonista del libro, "pero el personaje de fondo es Goya, sobre el que pensamos que ya está todo dicho, pero en este libro se demuestra que queda mucho develar". Para Del Molino, "nunca sabremos cómo es el Goya real, porque él no quiso que lo supiéramos. Lo podemos intuir a través de su obra, que es muy extensa y muy elocuente, y deja espacio para especular y mirar ampliamente. Pero no escribió unas memorias, no dejó escrita una teoría estética, no sabemos qué pensaba sobre el arte", ha recordado.
El escritor ha trazado la división entre dos miradas sobre el pintor. "La francesa de Baudelaire, que lo ven como un genio y lo que más irrita y desconcierta a los escritores franceses es que Goya no es francés. No lo entienden. En algún momento, creo que encontrarán una coexión y propagarán que es francés, porque piensan que, evidentemente, no puede ser de Fuendetodos". Sin embargo, "esa mirada romántica, la mirada del genio, ha molestado mucho desde el principio a los biógrafos españoles. El sobrino de Martín Zapater, por ejemplo, que tiene todas las cartas, lee las primeras biografías que se publican en Francia de Goya y piensa que son una barbaridad: ¡cómo que Goya liándose con la Duquesa de Alba!, que si adúltero, que si loco. ¡Hombre, no! Goya era un señor católico, un padre de familia bien. Defiende un Goya muy familiar, muy tradicional".

Son dos tradiciones que persisten hoy. "Los franceses, y ahora también los americanos, tienden a sublimar el genio y a celebrarlo, y a decir que es único en el mundo -ha expuesto el autor-, mientras los expertos españoles tienden a rebajar el mito y a veces desromantizan tanto a Goya, que va a llegar un momento en el que van a defender que lo quiten del Prado -ha ironizado-. Yo estoy con los franceses a tope. Y en ellos me he apoyado para escribir este libro, y si tengo que defender la excepcionalidad de Goya, la defiendo a capa y espada", ha expresado..
"Has encontrado un sitio desde el que mirar, un sitio personal, has aportado mucho a un personaje como Rosario y a Goya, incluso. Y tienes una prosa cada vez más fluida y más atractiva", ha finalizado José Domingo Dueñas sobre el autor de la obra, que Del Molino ha confesado que le ha resultado una fiesta. "Me gustaría que el lector notase que ha sido una fiesta escribir este libro, que sea partícipe de ese jolgorio que a mí me ha invadido", ha deseado.