El Museo Diocesano de Huesca ha celebrado el Día Internacional de los Museos con una destacada respuesta de público y la presentación del proyecto museográfico “Érase una vez una catedral al revés”, una propuesta con recursos gráficos, audiovisuales y teatralización para explicar la evolución histórica del espacio que hoy ocupa la catedral. La jornada ha incluido también puertas abiertas por la mañana al museo-catedral y a la torre campanario, que ha mostrado el interés por este enclave patrimonial.
La iniciativa, desarrollada en el antiguo claustro románico, ofrece un recorrido didáctico por las distintas etapas históricas del lugar a través de paneles ilustrados y un audiovisual que contextualiza los restos conservados. Capiteles, columnas y vestigios arqueológicos dialogan ahora con nuevos soportes que permiten comprender la continuidad histórica de este espacio, considerado durante siglos el centro religioso, cultural y social de la ciudad.
La directora del museo, Susana Villacampa, ha destacado la alta participación registrada durante toda la jornada: “Hemos empezado por la mañana con una jornada de puertas abiertas en la que han participado más de 400 personas; ha habido muchísima afluencia”. Por la tarde, la presentación del nuevo proyecto completó el aforo en los dos pases organizados, lo que podría llevar a "repetir la actividad en el futuro", ha apuntado.
Sobre el contenido de la propuesta, Villacampa ha explicado que se trata de "un proyecto en el que llevamos trabajando varios meses, con materiales gráficos diseñados por Cielo Entrena y un audiovisual de Ramón Día, para poder contar la historia de la catedral desde sus orígenes, como un espacio construido, vivido, habitado y sacralizado”. Ha añadido que se ha contado con "una parte más lúdica y teatral, con ayuda de un grupo de actores aficionados, que le da un punto más cercano a un contenido que puede ser más científico o académico”.

La intervención incorpora una línea del tiempo instalada en la cristalera del claustro, concebida como herramienta pedagógica, especialmente para el público infantil. “Se va a quedar tanto el audiovisual como la línea del tiempo, que tiene ese punto más didáctico para niños y niñas, y el vídeo ya formará parte permanente del recorrido”, ha señalado la directora. Asimismo, ha puesto en valor la colaboración que ha hecho posible el proyecto, con el apoyo del Área de Cultura del Ayuntamiento de Huesca y la implicación de la Asociación de Amigos del Museo.
El audiovisual ofrece un recorrido cronológico por la evolución histórica del espacio donde hoy se levanta la catedral de Huesca, destacando su continuidad como enclave central. Sitúa los primeros asentamientos en época íbera, cuando la ciudad de Bolskan se estableció entre los siglos IV y V a. C. en un cerro estratégico junto a los ríos Isuela y Flumen. Con la llegada de los romanos, a partir del siglo II a. C., la ciudad se transforma en Osca, ampliándose y organizándose con edificios públicos, espacios de culto y estructuras urbanas, de cuyos restos -calles, cerámicas, conducciones o elementos escultóricos- se han hallado vestigios bajo el subsuelo actual.
El relato continúa con la expansión del cristianismo entre los siglos I y IV y la posterior etapa visigoda, en la que la ciudad se consolida como sede episcopal, aunque con escasos restos conservados. A partir del año 711, bajo dominio musulmán, la ciudad pasa a denominarse Wasqa, crece urbanísticamente y levanta su mezquita mayor en el mismo emplazamiento que hoy ocupa la catedral, de la que aún se conservan elementos como cimentaciones y un arco de herradura.
Tras la conquista cristiana en 1096 por el rey Pedro I, la mezquita es consagrada como catedral y se inicia una nueva etapa marcada por la construcción de un conjunto románico con claustro y dependencias canónicas. A finales del siglo XIII comienza la edificación de la actual catedral gótica, un proceso que se prolonga durante más de dos siglos y que culmina en el siglo XVI, incorporando elementos arquitectónicos avanzados como arbotantes y grandes ventanales. El recorrido concluye con las transformaciones posteriores, como el retablo mayor renacentista de Damián Forment y las reformas barrocas, y subraya que el lugar ha mantenido de forma ininterrumpida su carácter religioso, cultural y simbólico hasta la actualidad, y que aún conserva importantes restos arqueológicos en su subsuelo.