Nueva exposición de Santiago Arranz en Castejón de Sos: "Cualquier fragmentación de la naturaleza o del espacio real nos conduce al infinito"

"Los espacios infinitos" reúne 72 obras de un ciclo de seis años en torno a la tierra, el aire, el agua y el fuego

01 de Septiembre de 2026
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Exposición "Los espacios infinitos" de Santiago Arranz en Castejón de Sos.
Exposición "Los espacios infinitos" de Santiago Arranz en Castejón de Sos.

Un árbol deja de ser solamente un árbol cuando pierde su condición de figura para convertirse en estructura, arraigo y resistencia. Un pájaro puede desprenderse de su condición animal y encarnar el pensamiento. El mar borra la frontera entre cielo y horizonte y el fuego, además de consumir, anuncia la posibilidad de otra forma de vida. En ese tránsito entre lo reconocible y lo esencial se sitúa "Los espacios infinitos", la nueva exposición de Santiago Arranz en Castejón de Sos.

Inaugurada el 22 de agosto, la muestra permanecerá abierta hasta el 15 de noviembre y reúne 72 obras seleccionadas de un conjunto de aproximadamente 270 piezas realizadas desde 2020. Son seis años de investigación en los que el artista ha desplazado progresivamente el centro de su trabajo desde sus anteriores exploraciones, muy vinculadas a la literatura y a las iconografías formales, hacia el paisaje, la naturaleza y la materia. La hoja de sala sitúa el ciclo entre 2020 y 2026 y lo articula alrededor de los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego.

El recorrido se articula entre el Espacio Maigualas y Casa Silvestre, sede de la Fundación Arranz-Raso. En Maigualas, la disposición de las obras adquiere una dimensión casi arquitectónica: cuatro grandes murales presiden la sala y dialogan con pequeños polípticos y otras piezas de menor formato. El montaje se prolonga además en los propios paños que envuelven el espacio, teñidos con los colores correspondientes a cada ámbito.

Exposición "Los espacios infinitos" de Santiago Arranz en Castejón de Sos.
El aire está poblado de pájaros.

El azul acompaña al agua; el ocre, a la tierra; los tonos grisáceos y celestes, al aire, y los guindas y colores de fuego, a la última de las series. El cromatismo no funciona únicamente como recurso visual, sino que permite que cada elemento adquiera su propia atmósfera dentro del conjunto.

El aire está poblado de pájaros. Suspendidos a diferentes alturas, los animales se convierten en signos de una dimensión que escapa al peso de la materia. "Cuando hablamos del aire estamos hablando de la elevación del alma, de la pluralidad de pensamientos, de cómo el pensamiento se hace infinito", explica Arranz.

La tierra se manifiesta especialmente a través de los árboles. El motivo vegetal remite al hogar, al espacio íntimo y a la pertenencia a un lugar concreto. "La tierra es nuestro espacio vital íntimo, la casa, lo más entrañable de nuestra persona", señala el artista. La Ribagorza, territorio vital de Arranz, proporciona el paisaje desde el que se desarrolla buena parte de esta investigación.

El agua abre el campo visual hacia el mar y enfrenta al espectador con la pérdida de referencias estables. Para Arranz, el horizonte y el agua terminan fundiéndose hasta borrar los límites entre ambos.

El fuego, correspondiente a la producción más reciente, introduce una ruptura cromática y conceptual. Las piezas fueron realizadas durante el último invierno y nacieron casi como una premonición de la devastación de los incendios forestales. "El fuego nos destruye, pero también nos ofrece la posibilidad de un renacimiento de la propia materia", sostiene el artista.

Exposición "Los espacios infinitos" de Santiago Arranz en Castejón de Sos.
Asistentes a la inauguración.

LA NATURALEZA COMO MATERIA ABSTRACTA

La singularidad de este ciclo reside precisamente en que Arranz no pretende reproducir el paisaje, sino extraer de él sus estructuras esenciales. El árbol permanece como referencia, pero deja de ser una representación botánica; el pájaro conserva el impulso del vuelo sin limitarse a describir un animal; el mar se transforma en horizonte y profundidad; el fuego abandona su literalidad para convertirse en energía y mutación.

La abstracción surge así de un proceso de despojamiento. No parte de una negación de lo real, sino de una profundización en aquello que lo constituye. Las formas naturales funcionan como detonantes de una investigación que termina desplazándose hacia el terreno de lo simbólico.

En esa búsqueda aparece una de las claves más profundas de la exposición: "Cualquier fragmentación de la naturaleza o del espacio real nos conduce al infinito", afirma Arranz. La frase condensa el tránsito que sostiene todo el proyecto: partir de lo visible para desprenderse de su apariencia y abrirlo a otras lecturas.

Exposición "Los espacios infinitos" de Santiago Arranz en Castejón de Sos.
El fuego corresponde a la producción más reciente, casi premonitoria.

El espectador queda situado ante un trabajo que reclama tiempo. No existe una narración figurativa que conduzca de manera inmediata hacia un significado concreto. La experiencia se construye a través de la contemplación, el color, las relaciones entre las superficies y la asociación libre de los elementos. Como plantea Arranz, "cuando miramos el mundo sin nosotros, cuando miramos los paisajes sin nosotros, surge esa mirada mucho más profunda acerca de lo que es real".

"Los espacios infinitos" podrá visitarse hasta el 15 de noviembre. Después, las obras regresarán al almacén ante la llegada del frío, ya que el espacio expositivo no dispone de climatización para el invierno.

ALBA LORENTE: LA BELLEZA DESPUÉS DE LA RUPTURA

El Centro Cultural Santiago Arranz, bautizado así por el Ayuntamiento en homenaje al artista, ha acogido durante este verano la residencia de Alba Lorente, joven creadora madrileña cuya investigación introduce otra concepción de la abstracción.

Su trabajo parte del concepto de punctum desarrollado por Roland Barthes y utiliza la propia destrucción del soporte como procedimiento artístico. Lorente trabaja con capas de papel que desgarra manualmente, en una acción sutil y automática que modifica la superficie hasta hacer desaparecer cualquier forma reconocible.

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Los fragmentos resultantes adquieren una apariencia de herida, de huella o de cicatriz. La artista convierte así el deterioro en posibilidad formal: la ruptura no clausura la obra, sino que genera una nueva superficie.

Su investigación introduce un contrapunto especialmente fértil respecto al trabajo de Arranz. Mientras el pintor parte de los elementos naturales para llevarlos hacia la abstracción, Lorente interviene directamente sobre la materia del soporte y encuentra en su fractura una nueva posibilidad estética.

La residencia se ha desarrollado desde junio y la exposición ha permanecido abierta hasta el 31 de agosto. Lorente tuvo que abandonar temporalmente Castejón de Sos antes de la clausura debido a sus compromisos profesionales.

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