La amistad, la memoria y la duda articulan el nuevo videoclip de Opinión, la canción con la que el grupo oscense Kiev cuando nieva acaba de ampliar su universo creativo y que ha sido dirigida por el cineasta Orencio Boix. Rodada en el interior de la iglesia de San Pedro el Viejo, la pieza convierte el espacio románico en un escenario cargado de resonancias íntimas, donde la arquitectura, los gestos y los cuerpos dialogan con una canción atravesada por la búsqueda de una voz propia. En esta entrevista, Boix desgrana el proceso creativo de un trabajo concebido como un diálogo colectivo, nutrido por décadas de colaboración con la banda, por un elenco formado por amigos y familiares -entre ellos su propia madre- y por una mirada cinematográfica que apuesta por la contención formal y la apertura interpretativa.
PREGUNTA: ¿Cómo se fragua el proyecto y qué te interesó de él, por qué accediste a llevarlo a cabo?
RESPUESTA: Kiev cuando nieva y yo llevamos casi veinte años colaborando de un modo u otro de manera intermitente. Siempre han sido proyectos muy gratificantes en los que hemos ido creando un imaginario común. Cada vez que terminamos un proyecto, no sé si ellos, pero yo al menos deseo que volvamos a encontrar el momento y las circunstancias para continuar con esta especie de memorabilia simbólica. Además, somos amigos. Con todos esos mimbres, cómo no hacerlo.
P: ¿Qué fue lo primero que “viste” al escuchar la canción por primera vez: una imagen, una atmósfera, una historia concreta…?
R: La primera vez que escuché este disco, “Opinión” fue una de las canciones que más me llamó la atención. Su ligero aire a los lieder del romanticismo alemán, esa letra en la que un autor parece buscar una voz propia que abraza la duda y cierto tono eclesial me hicieron pensar en la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, un lugar importante en mi historia familiar y en el que siempre había querido filmar. Se podría decir que la canción me sugirió el espacio.

P: ¿Qué parte de la canción marca la realización: la letra, el ritmo, la estructura, los silencios?
R: Todos esos aspectos que mencionas influyen muchísimo y, a la vez, trato de que ninguno se imponga. Que sea un proceso de escucha entre todos ellos y las imágenes. Se trata de descentrar esas relaciones, que sean no jerárquicas.
P: ¿Qué decisión creativa fue la más arriesgada y por qué sentiste que merecía la pena defenderla?
R: Era la primera vez que trataba de rodar una narrativa de ficción en el interior de una iglesia y no sabía si sería posible, si obtendríamos el permiso. Eso era lo que a priori me parecía más complicado porque no dependía de mí, y el escenario era fundamental porque condicionaba totalmente lo que estaba pensando. La verdad es que finalmente fueron todo facilidades y, en ese sentido, estamos muy agradecidos. Ha sido un verdadero privilegio poder rodar allí.
P: ¿Cuál es el “detalle invisible” del vídeo del que estás especialmente orgulloso?
R: Surge en el proceso y es un poco misterioso para mí; tiene que ver con los gestos que expresan las resistencias tanto del personaje de la parroquiana, como de la niña y con aquello a lo que responden.
P: ¿Qué te ha inspirado en la concepción de este cinematográfico vídeo?
R: Cuando pensamos en la idea de hacer alguna recreación de las escenas que se representan en los capiteles, vinieron a la mente las películas de Bill Viola, aunque de una manera muy oblicua y menos solemne. Por otro lado, la iglesia de San Pedro ha sido una inspiración espacial; he confeccionado gran parte de la narrativa a partir de mis visitas y paseos por ella y del estudio de su luz.

P: ¿Qué has tenido que “negociar” con Kiev cuando nieva para hacer este trabajo (desde el punto de vista artístico)?
R: Es un proceso artístico conjunto, vamos muy de la mano en todo. Cuando hacemos un vídeo yo me siento un poco parte del grupo y ellos parte del equipo de rodaje, y es que realmente es así. No lo vivo tanto como una negociación sino como un paseo que hacemos juntos. Verdaderamente es muy gozoso.
P: ¿Hasta dónde llegan las ideas y hasta dónde el presupuesto?
R: Es una relación en dos direcciones. Por un lado, las ideas son el punto de partida para las imágenes que acabarán siendo materiales y, aunque las ideas las preceden, por supuesto a estas alturas vienen ya mediadas; no son ideas puras a la manera platónica. Y por otro, las imágenes materiales —de las que el presupuesto es solo una parte— acaban devolviendo algo a las ideas que las transforma.
P: ¿Hay algo en el videoclip que sea deliberadamente ambiguo para provocar interpretaciones distintas? ¿O buscabas una lectura cerrada?
R: No diría tanto que es ambiguo como que es un vídeo que trata de relacionarse con la duda, de conocerla, y ese es un espacio inevitablemente abierto. Eso en cuanto al fondo, porque la forma la veo precisa, contenida y a veces muy vertical.
P: ¿Qué es lo más Orencio Boix de este trabajo?
R: Sin lugar a dudas, la aparición de mi madre. Nada más germinal.

P: ¿Cómo elegiste a las personas que aparecen y qué te hizo pensar: “tienen que ser ellas”?
R: Colaboramos con un elenco de personas muy cercanas y queridas; siempre lo hemos hecho así. Algunas incluso van reapareciendo entre vídeo y vídeo, adaptando la teoría bressoniana del modelo y llevándola también a un plano afectivo. Es algo que trato de cuidar mucho y que agradezco infinitamente, pues todas esas personas queridas ponen su cuerpo, con su misterio, para encarnar nuestras imágenes.
P: ¿Qué te interesaba contar a través de sus rostros y sus gestos, más allá de la historia de la canción? ¿Qué representan para ti dentro del videoclip?
R: Trabajar con la gestualidad es relacionarte con los enigmas de todo ser viviente. Además, en el vídeo hay un momento en el que todas y todos devienen imágenes recreadas, casi petrificadas; es como si salieran de sí mismos quizá para ya no volver a entrar, y esa es la hora de abandonar la escena.