La editora Arianna Squilloni ha presentado este jueves en la librería Anónima dos nuevos álbumes ilustrados, El paseo y La fábrica de las preguntas, en un acto que ha reunido a sus autores en torno a unas propuestas que reivindican una mirada propia. En la presentación han participado Hugo Ferrer, Vega Mayor e Isidro Ferrer, acompañados por Rosa Tabernero, mientras que María José Ferrada y Motoko Toda han estado presentes online desde Chile.
Durante el acto, Tabernero ha destacado el papel de la editora en el panorama actual. “Detrás hay una editora que arriesga. Hasta diría yo que Arianna Squilloni marca caminos en el panorama editorial europeo”, ha afirmado, y ha subrayado que con estas obras “realmente se produce un paso adelante”. En este sentido, ha explicado que “María José Ferrada hace un ejercicio que pocos autores llevan a cabo de intentar entender la infancia desde sus propias reglas, no desde las leyes de los adultos”, un enfoque que ha vinculado con la “feliz insubordinación de la infancia”, que defiende Walter Benjamin. Son "libros que marcan una manera de hacer que veremos repetida. Porque ahora necesitamos la fuerza de la realidad, que la realidad nos haga también soñar. Y esto es la infancia", ha añadido.

El paseo, firmado por María José Ferrada, Motoko Toda y el dúo Ferrer&Mayor, propone un recorrido visual y narrativo protagonizado por tres esculturas de corcho -Perro, Chanchita y Conejo- que cobran vida en manos de un grupo de niños. A través de fotografías y texto, la obra muestra cómo estos personajes acompañan a los más pequeños en sus exploraciones por la naturaleza.
Por su parte, La fábrica de las preguntas, de María José Ferrada e Isidro Ferrer, se centra en la curiosidad como motor de conocimiento. El libro plantea un universo en el que objetos y figuras formulan preguntas sobre el mundo, desde lo cotidiano hasta lo más abstracto, sin ofrecer respuestas.
Tabernero ha señalado que ambos títulos “aportan una forma de hacer distinta” y responden a una necesidad actual de conectar con la realidad desde la literatura. “Hay libros que se sienten impostados, por muy correctos que sean, y otros que se sienten vividos y sobre todo con un respeto enorme a la infancia”, ha afirmado.
En este sentido, ha destacado el trabajo visual de Hugo Ferrer, orientado a captar “la esencia de la infancia”, así como el diálogo creativo entre texto e imagen en ambas obras. “María José establece un guión y deja huecos, silencios, para que de repente haya niños que nos llamen la atención”, ha explicado.

Asimismo, ha subrayado la complementariedad entre Ferrada e Isidro Ferrer en La fábrica de las preguntas: “María José pregunta e Isidro no responde, pero juntos construyen otro lugar que la infancia entiende muy bien y a los adultos nos cuesta”.
La propuesta se completa con una dimensión más amplia que integra arte, literatura y objeto. “Son obras que inician caminos, cada una en su estilo, pero compartiendo muchos elementos”, ha concluido.
'LA FÁBRICA DE LAS PREGUNTAS'
En relación con La fábrica de las preguntas, María José Ferrada ha destacado la naturalidad del proceso creativo. “Salió tan fluido que en realidad el proceso fue casi transparente”, ha explicado. "Tuvimos las imágenes de Isidro, yo hice las preguntas y a Ariadna le pareció bien rápidamente. Es raro que un libro sea tan fluido”, ha reconocido.
La autora ha explicado que le encantó imaginar a los animalitos como “trabajadores de las preguntas”. “Me imaginaba que se iban a trabajar y su trabajo consistía en eso que tanto les gusta a los niños y con menos intensidad a los adultos, que es hacernos preguntas. Me los imaginaba juntando los conceptos”, ha señalado.
Ferrada ha subrayado además que la obra busca hacer un homenaje a "la forma en que los niños y también algunos adultos se aproximan al mundo, no con tanta seguridad ni con un discurso tan claro, sino con preguntas”, ha afirmado. “Me gusta que no estén las respuestas, porque creo que nos hace bien no estar tan seguros de las cosas”, ha añadido.

Por su parte, Isidro Ferrer ha incidido en el carácter singular del proceso creativo, que rompe con los esquemas habituales de la literatura infantil. “Se ha establecido un diálogo entre imagen y texto que van de la mano”, ha explicado. En este caso “el ilustrador no parte de un texto, sino que trabaja en un universo y la palabra acompaña”, ha añadido. Según ha indicado, se trata de “fórmulas inauditas” que han permitido construir el libro “a la inversa de lo habitual”.
Ferrer ha definido la obra como “un libro lleno de interrogantes”, que se transforma con cada lectura. “Es un libro imprevisible, no se acaba nunca, porque las preguntas no se acaban nunca”, ha señalado. También ha destacado que las ilustraciones, "en su propia rareza, tampoco se cierran en sí mismas, sino que establecen un juego constante entre la palabra y la imagen".
Asimismo, ha defendido que el libro se aleja de las normas convencionales de representación. “No está sujeto a la dictadura de la representación, ni en la palabra ni en la imagen”, ha afirmado y ha apuntado que propone “una aproximación desde el juego, desde la parte más lúdica de entender la palabra y la imagen como algo vivo e imprevisible”.
En esta línea, Ferrada ha valorado el trabajo conjunto como una experiencia creativa particular. “Es como si uno entrara en el sueño de otro. Los elementos que tienes para trabajar es la realidad que imaginó otro”, ha señalado,
Por su parte, la editora Arianna Squilloni ha destacado que encontró "un sentir poético brutal en la creación de las preguntas”, subrayando el diálogo entre imagen y texto. “Había unas imágenes, María José escribió unos textos, y luego las imágenes se acomodaron”, ha explicado.

EL PASEO
En cuanto a El paseo, la artista Motoko Toda ha explicado el origen de las esculturas protagonistas del libro, elaboradas con corcho. “Viví casi 13 años en Chile y cuando llegué quise comenzar con un material especial de allí”, ha señalado. Fue entonces cuando descubrió este material ligado a la tradición vinícola del país y, tras experimentar, creó en 2014 su primer personaje, un perro al que llamó Tinto. Le acompañaba en el paseo y empezó a tener los mismos accesorios que tiene alguien que pasea.
A partir de estas figuras, María José Ferrada contruyó el relato del libro, que luego fue cambiando de dimensión. “Ariadna vio a los perritos porque Motoko los ponía en su cuenta de Instagram, y yo también quería hacer algo con ellos”, ha explicado. De ahí surgió una primera historia centrada en un paseo que, con el tiempo, adquirió un significado más profundo. “Luego llegó la pandemia y una de las pocas salidas era pasear. Yo me juntaba con Motoko a dar vueltas por un parque, y eso cambió totalmente para mí. Ahora veo El paseo y me emociono un montón porque fue un poco mi salvación en ese tiempo”, ha señalado.
La autora ha destacado que el libro evolucionó de forma abierta, incorporando nuevas miradas en el proceso. “Quedó como un libro de juego y a mí eso me fascina. Es buenísimo que queden espacios para que pasen cosas que no están programadas dentro del guion”, ha indicado. Fue la aportación de los fotógrafos Hugo Ferrer y Vega Mayor, así como la participación de los niños.

Hugo Ferrer ha definido el desarrollo del libro como “un regalo”, no solo por parte del equipo creativo, sino también de los propios niños. “Son ellos los que han construido las imágenes”, ha afirmado y ha explicado que su labor como fotógrafos consistía en “mirar y documentar lo que estaban haciendo”.
El punto de partida fue observar el juego espontáneo de los niños. “Nos dimos cuenta de que a las figuras les tenían que dar vida los niños, que jugaran con ellas y construyeran la historia”, ha señalado. A partir de ahí, el proceso se alejó de cualquier planificación. “Vas con un guion, eliges los espacios, pero cuando llegas allí los niños se rebelan, se emocionan y son ellos los que te marcan el camino del cuento”.
Ferrer ha destacado que este enfoque también supone un aprendizaje para los adultos. “Te metes con ellos en el juego y te empiezan a enseñar, a explorar y a descubrir la naturaleza, algo que se te olvida cuando te haces mayor”, ha explicado.
El resultado final se construyó en un entorno natural con una luz muy específica, lo que influyó en las decisiones formales del libro. Aunque inicialmente se planteó en blanco y negro, finalmente se optó por el color.