Con un aforo completo, comenzó en la tarde del jueves 16 de abril la conferencia que Pedro Barragán ofreció con su visión de China, en la que expuso su percepción de que la victoria es suya.
Previamente, fue el historiador José Mª Adé quien lo presentó. Indicó que es economista y experto en relaciones internacionales, especializado en el análisis de la economía china y su impacto global. Su trayectoria profesional ha estado marcada por el estudio de las dinámicas del comercio internacional como operador directo en los mercados de futuros financieros.
Asesor de la Fundación Cátedra China, escribe con regularidad en diversos medios de comunicación sobre temas como la transformación del modelo económico chino, la expansión tecnológica o las tensiones comerciales con Occidente. Autor de numerosos trabajos sobre la guerra comercial entre Estados Unidos y China, cabe citar entre los más recientes: Trump se atasca en su guerra arancelaria global, sobre esta segunda guerra arancelaria; China añade multilateralismo a la locomotora mundial frente al proteccionismo de Estados Unidos, anticipándose al «Día de la liberación» de Trump, y La globalización, Estados Unidos y China.
Tras las presentaciones, el autor comenzó mencionando el concepto de “círculo virtuoso” encarnado en la economía china y su impacto social. Basó ese influjo en dos características genéricas: el empoderamiento social, que sitúa a las personas y su desarrollo como objetivo prioritario, y la mixtura entre confucianismo y marxismo, orientada a promover el bienestar colectivo y la supervivencia de la sociedad en su conjunto.
Aludió a la intensa campaña antichina, basada —según indicó— en prejuicios y fuentes mal interpretadas, que obvian el notable desarrollo económico y su rapidez. Para ilustrarlo, se refirió a los Juegos Olímpicos de 2008, cuando el PIB chino era inferior al japonés, y a los de 2020, momento en el que lo triplicaba.
Para el ponente, no existen problemas de escasez de productos, ya que —según defendió— se fabrican en un contexto de plena libertad empresarial. Indicó también que China envía anualmente a 350.000 estudiantes universitarios al extranjero, sin temor a influencias ideológicas externas.
Al abordar el funcionamiento del Estado socialista chino, señaló que el Partido Comunista chino es mayoritario, aunque coexisten otros nueve partidos con representación parlamentaria que desarrollan su actividad sin dificultades. Destacó, además, la elevada afiliación política y la importancia de los planes quinquenales, orientados —según expuso— a priorizar las necesidades del pueblo frente a los intereses del mercado.
En relación con el tejido empresarial, mencionó que las empresas públicas compiten con las privadas sin constituir monopolios. Citó a Forbes para señalar que, entre las cien mayores empresas del mundo, se sitúan 17 compañías chinas, frente a siete del resto del mundo.
Respecto a los salarios, afirmó que en los últimos doce años han experimentado un incremento del 300%. En cuanto a la desigualdad social, la situó principalmente en el sector primario, especialmente en la agricultura. Aseguró que el Estado está impulsando el traslado de población del ámbito rural a entornos más desarrollados, mediante planificación y desarrollo urbano, con el objetivo de evitar fenómenos como las “villas miseria”.
También subrayó el crecimiento de la clase media en China, que cifró en el 65%, en contraste con India (22%) y el conjunto global (32%). Argumentó que no se trata de repartir pobreza —como, según indicó, se atribuye al socialismo clásico—, sino de fomentar la riqueza sin necesidad de denominarlo capitalismo. Añadió que este modelo se apoya en el impulso de códigos abiertos en sectores como la fabricación de chips o el software.
En el tramo final de su intervención, abordó el concepto de la “gobernanza mundial”, señalando los desequilibrios existentes entre los países emergentes y el G7. Se refirió asimismo a la Agenda 2030, mostrando su insatisfacción al considerar que los aspectos más relegados son los relativos a la igualdad y la lucha contra la pobreza.
El debate posterior fue intenso y prolongado. Surgieron cuestiones como el Tíbet, los trabajadores no sindicados, la política del hijo único, el papel de China en África o la gestión de infraestructuras estratégicas en Europa. El ponente respondió a todas ellas, aunque no todas sus explicaciones convencieron a los asistentes. Finalmente, tras más de dos horas de charla y tertulia, el público despidió a Pedro Barragán con un prolongado aplauso en reconocimiento a su participación en estas jornadas.