Popesía y Javier García convierten el Teatro Olimpia de Huesca en una verbena de versos

Subtítulo: Javier García y una banda de gran nivel recorren a Machado, Lorca, Quevedo, Gloria Fuertes y otros autores con humor y nuevos arreglos

07 de Noviembre de 2026
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Popesía acerca la poesía al público con la música como gran aliada. Foto Myriam Martínez
Popesía acerca la poesía al público con la música como gran aliada. Foto Myriam Martínez

Los versos que tantas veces hemos leído en un libro sonaron este viernes de otra manera en el Teatro Olimpia de Huesca. Unos 300 espectadores acompañaron a Javier García en el recorrido de Popesía por la literatura española, en una función dirigida por Jesús Arbués que encontró en la música una forma natural de acercar la poesía al público y que, poco a poco, hizo cantar también a la sala.

La función pasó por Jorge Manrique y Antonio Machado, con Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, San Juan de la Cruz, Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Gloria Fuertes y José Agustín Goytisolo. También hubo romances anónimos y canciones de tradición popular. Algunos de los textos ya habían encontrado su lugar en la música y otros adquirieron en los arreglos de Popesía una sonoridad diferente.

Ahí estuvo una de las claves de Popesía. Los versos no aparecieron encerrados en su contexto literario, sino puestos a cantar. El espectáculo recuperó algunas composiciones que ya habían sido musicadas por Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat o Amancio Prada, pero las llevó a nuevos arreglos y a otros terrenos musicales. Góngora pudo sonar a pasodoble y Goytisolo llegó incluso al reguetón.

Javier García volvió a demostrar que es un gran actor y que tiene muchos registros. Durante la función pasó de la explicación al canto y de la ironía a otros momentos más serios con mucha naturalidad. Hizo reír, provocó respuestas desde las butacas y consiguió que los espectadores acabaran entrando en el juego sin que pareciera una participación forzada.

Popesía acerca la poesía al público con la música como gran aliada. Foto Myriam Martínez
Javier García, recitando uno de los poemas. Foto Myriam Martínez

Y hubo otro elemento que elevó especialmente la parte musical: la maravillosa voz de Elena Olmos. Su presencia fue un magnífico contrapunto a García en las canciones y aportó matices distintos a los que él buscaba desde la interpretación. La combinación de ambas voces funcionó muy bien y dio a algunos de los poemas una dimensión musical especialmente hermosa.

La banda estuvo a la altura. Paco Escudero, en los teclados; David Sánchez, en la batería y percusión; Elena Olmos, a la guitarra y la voz, y Gerardo López Pontaque, director musical, trompetista, trombonista, pianista y voz en distintos momentos, trabajaron con mucha solvencia. Los cambios de estilo se sucedieron con naturalidad y los arreglos tuvieron suficiente personalidad para que los poemas no sonaran todos de la misma manera.

Uno de los momentos que mejor explicó qué pretendía Popesía llegó al hablar de los juglares. García contó cómo los romances habían viajado durante siglos de boca en boca y después hizo que el público participara en esa transmisión. La sala tuvo que repetir, responder y cantar antes de escuchar el Romance del conde Olinos. 

Con Jorge Manrique apareció otra de las ideas que atravesaron la función. García recordó el poder, las posesiones y las batallas que habían rodeado la vida del poeta y los contrapuso con aquello que había llegado hasta nosotros: sus versos. Las Coplas a la muerte de su padre habían mantenido su nombre y el de su progenitor muchos siglos después, mientras el resto de aquel mundo había quedado atrás.

Luis de Góngora apareció en un terreno bastante menos solemne de lo que cabría esperar. Déjame en paz, amor tirano se convirtió en un pasodoble y García invitó al público a cantar. 

Francisco de Quevedo dio todavía más juego. García recordó su carácter provocador, habló de A una nariz y sus disputas con Góngora, y llevó después a la sala hasta Poderoso caballero es Don Dinero. 

Con San Juan de la Cruz, García planteó con humor cómo podía encajar la poesía mística en una verbena. Explicó que sus versos hablaban de la fe y religión, pero que, al leerlos, él encontraba claramente otra cosa: "De amor habla, de eso no cabe duda". Después invitó al público a juzgar por sí mismo antes de interpretar Cántico espiritual, con unos versos cargados de referencias sensuales.

Rosalía de Castro introdujo el desgarro de la emigración. El espectáculo puso el foco en quien se marcha y deja atrás su tierra, en la ruptura que supone abandonar el lugar de origen y en la tristeza que acompaña a esa separación.

Recordó la fascinación de Federico García Lorca, se recordó la fascinación del poeta por Cuba, sus músicas y sus olores, además de su estancia de tres meses en la isla. Citó una de sus frases sobre ese vínculo: "Si alguna vez me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba". Después llegó Son de negros.

La rumba apareció con Romance sonámbulo, una historia trágica que se presentó, con humor, ligada a "la tragedia, sin el abandono, sin el desamor, sin la ausencia". Verde que te quiero verde cerró este pasaje de la función.

Miguel Hernández apareció en Popesía a través de una breve aproximación a su infancia y a su formación. Apenas pudo acudir a la escuela y su padre le obligó a trabajar como pastor, pero encontró en la lectura una vía para formarse. Los libros prestados que leía en el monte fueron su contacto con la poesía y una parte esencial de su aprendizaje.

Desde ahí, la función llegó hasta Para la libertad. La presentación situó la canción entre esos temas de otro tiempo que, según se planteó, parecen haber dejado de interesar, y recordó que Hernández "cantó a la libertad" y "sufrió en vida todas las cárceles posibles". La interpretación llevó después esos versos al terreno musical.

Gloria Fuertes tuvo su lugar en el espectáculo. Foto Myriam Martínez
Gloria Fuertes tuvo su lugar en el espectáculo. Foto Myriam Martínez

La Gloria Fuertes que apareció en escena fue mucho más allá de la autora de versos infantiles que forma parte del imaginario popular. Se recordó que muchos poetas y críticos de su tiempo no la consideraron una escritora de primera categoría y se apuntaron tres posibles motivos: su origen humilde, su dedicación a la poesía social y el hecho de ser mujer.

Esto pasa, señores mostró precisamente esa vertiente menos conocida, con un texto que abordaba realidades incómodas sin apartar la mirada. Hablaba de la soledad, de las relaciones desiguales y de la indiferencia ante la muerte.

José Agustín Goytisolo apareció con Palabras para Julia, presentado como uno de los poemas más bellos escritos por un hombre para una mujer en castellano. Nació como un texto dedicado a su hija, pero su destinataria terminó ampliándose a todas las mujeres con ese nombre. La interpretación se planteó sobre un ritmo de reguetón, en uno de los contrastes musicales más singulares de la función.

Con Antonio Machado llegó uno de los momentos más reconocibles de la noche, a través de Cantares y Caminante no hay camino, unos versos que se han incorporado al imaginario musical de varias generaciones. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" sonó como una de esas letras que el público reconoce casi antes de que termine la primera frase. La referencia a Manuel Machado, su hermano, llevó después la poesía fuera de los libros, hacia las coplas y la tradición popular: "Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son. Y cuando el pueblo las canta, ya nadie sabe el autor".

Después de unos preciosos "bises", salí del Teatro Olimpia pensando que la poesía se halla mucho más cerca de nosotros de lo que solemos creer. Se muestra en canciones que llevábamos años escuchando, en romances aprendidos de oído y en versos que quizá habíamos memorizado sin llegar a descubrirlos del todo. La función consiguió que volvieran a sonar de otra manera y que durante una hora el público se acercara a ellos sin la distancia con la que a veces se estudia la literatura.

La producción de Corral de García contó con Sergio Iguacel y Alfonso Malo en las labores técnicas, Beatriz López en fotografía y vídeo, Carmen Serrano en distribución, Aimé Gavílondo en producción y Lumi Jiménez en administración.