El ciclo Redoladas Huesca Rural ha dado comienzo a su sexta edición en el CDAN, Centro de Arte y Naturaleza de Huesca, con El llanto del glaciar, una propuesta que sitúa la música que surge del amor a las montañas en el epicentro de una experiencia expandida donde imagen, cuerpo y territorio se entremezclan.
El llanto del glaciar es un proyecto colaborativo entre artistas que reúne música, danza vertical y creación audiovisual, a partir de intervenciones realizadas en algunos de los glaciares más vulnerables del planeta. La propuesta se construye desde registros de actuaciones artísticas llevadas a cabo enclaves como Antisana (Ecuador), Aletsch (Suiza), La Mer de Glace (Francia) o el Cerro Tronador, entre Argentina y Chile, donde cada artista ha intervenido en condiciones reales de alta montaña, situando la práctica artística en relación directa con el paisaje.

La sesión comenzaba con un visionado de los audiovisuales que componen el proyecto, acompañados con la música en directo de su director, Jordi Mestre. El guitarrista y compositor operó desde un registro íntimo, casi microscópico en su construcción. Su trazo limpio y sin artificio se mueve en las nada convencionales coordenadas entre el acid jazz acústico y el neofolk contemporáneo. Se pudieron ver diferentes grabaciones de sus intervenciones musicales realizadas en algunas de las cimas más conocidas del Pirineo y los Alpes.
La propuesta se trasladó a los jardines del CDAN, donde la música en directo adquirió una presencia más expansiva. La voz -cálida, sostenida, sin exceso expresivo- del músico argentino Nico Simari introducía una dimensión melódica, atravesada por una raíz andina reconocible en el sonido de instrumentos como el ronroco o la guitarra criolla, que ampliaron el espectro tímbrico con las resonancias propias del canto tradicional de la Patagonia argentina.
El conjunto se desenvolvía entre el folk contemporáneo y ciertas derivas cercanas a una psicodelia de corte orgánico sin perder en ningún momento una coherencia estética muy definida. El Llanto del Glaciar lo componen composiciones concebidas en altura, en condiciones reales de montaña, hay una voluntad clara de situar la música en relación directa con el entorno, como extensión del mismo. El viento, la distancia, la escala del paisaje formaban la quintaesencia en la escucha, generando una textura sonora que escapaba de lo puramente escénico, en el que la arquitectura de Rafael Moneo, el paisaje y el sonido se alinearon en una misma escena, generando un momento único para los asistentes.
Pablo Pérez Terré, director de proyectos de Estoesloquehay, aseguraba que “iniciar Redoladas en el CDAN tiene que ver con reconocer un espacio que lleva años trabajando en la relación entre arte y naturaleza. En ese contexto, la
propuesta de El llanto del glaciar encaja de forma muy precisa, porque sitúa la práctica artística en contacto directo con el paisaje y con aquello que está ocurriendo en él.”