¿Qué queda de una mujer cuando, teniéndolo todo, descubre que no es nada más que "la mujer de alguien"? Tras el éxito de La vida de Ángela, la escritora y abogada Sol Otto regresa con una obra que es la cruz de la misma moneda, La mujer de Marcos (Pregunta Ediciones): un viaje emocional por la insatisfacción, el desamor y la búsqueda de identidad en una Huesca donde el parque actúa como hilo conductor de la historia.
Escrita con la precisión de quien conoce el mundo del derecho y la sensibilidad de quien honra sus raíces, esta novela nos sumerge en una estructura perfecta de cuatro estaciones. No se trata solo de un relato sobre la ruptura, sino una reflexión profunda sobre la soledad que conlleva no haber hecho lo que uno quería con su propia vida.
La autora ha presentado este viernes, 6 de marzo, su nueva obra en la librería Anónima de Huesca, en un acto que ha reunido a lectores y público interesado en un diálogo literario en el que ha participado también el escritor Severino Pallaruelo, tras las palabras de bienvenida del librero José María Aniés.
Este último ha recordado la trayectoria literaria de la autora, natural de Barbastro, antes de dar paso a un coloquio en el que Pallaruelo ha conversado con Otto sobre el origen, la estructura y los temas que atraviesan la novela, que se caracteriza por una prosa intensa y lírica que combina ironía, crítica social y escenas cotidianas cargadas de simbolismo.
Ha presentado a Sol Otto recordando que hace casi tres años estuvieron en ese mismo lugar para el lanzamiento de La vida de Ángela. Antes de adentrarse en la narrativa larga, la autora ya contaba con una trayectoria polifacética: es doctora en Derecho, abogada en ejercicio y profesora de la UNED, y había publicado en diversos géneros literarios como la poesía, el ensayo jurídico y el relato corto. Esta diversidad profesional, que incluye su pasión por el cine y colaboraciones en radio y televisión, se refleja en su escritura, donde mezcla su conocimiento técnico con una sensibilidad literaria que Pallaruelo destaca como fruto de un trabajo constante.

CARA Y CRUZ
Respecto a sus novelas, Pallaruelo ha señalado que, aunque ambas llevan nombres femeninos en el título, representan realidades opuestas. Mientras que la primera presentaba a una protagonista que hablaba por sí misma y era dueña de su destino, la segunda, Laura, retrata a una persona que, aun teniéndolo todo, se siente anulada al quedar reducida a ser simplemente “la mujer de alguien”.
Esta nueva entrega se adentra en el desamor, la insatisfacción vital y las contradicciones personales, alejándose del tono más romántico de su debut para centrarse en quien revisa el rumbo de su propia vida. Aun así, Otto ha explicado que la obra introduce ironía, humor y escenas cotidianas tratadas con ligereza, destacando “la gracia que pueden tener a veces algunas situaciones que no son graciosas”.
Pese a estas diferencias, ambas historias comparten elementos comunes como la ternura, las raíces y el peso de la familia y la tierra como motores que impulsan a sus protagonistas a tomar las riendas de su destino.
La autora ha señalado además que este nuevo libro resulta más ágil y dinámico gracias a una estructura que Pallaruelo ha descrito como una arquitectura casi matemática, dividida en cuatro partes -una por cada estación- y en capítulos muy breves que imprimen al relato un ritmo continuo.
A través de esta historia, Otto también plantea una reflexión sobre los estereotipos femeninos, al contraponer la melancolía de una protagonista acomodada con la vitalidad de personajes como Samira, que lucha cada día por salir adelante.
A partir de ese planteamiento, la obra abre una reflexión sobre el balance vital, la introspección personal y las decisiones de vida. De ahí que la autora subraye que el núcleo del libro es “esa reflexión que hacemos a veces las mujeres sobre nuestra propia vida y la soledad que conlleva cuando crees que no has hecho lo que tenías que hacer”.

Otro de los hilos de la narración remite a la memoria familiar, las raíces y el legado de los ancestros como refugio frente a la desorientación vital. En ese sentido, la barbastrense ha defendido la vigencia de la herencia emocional transmitida entre generaciones: “No hay que olvidar nunca de dónde venimos cuáles han sido nuestros ancestros y por qué somos de una manera”. Ese legado se convierte en una fuerza reparadora cuando el personaje encuentra en él la energía para recomponer su trayectoria, pues —según ha explicado— “gracias a sus raíces sabe salir adelante, sabe sacar de su familia la fuerza para poder tomar las riendas de su vida”.
En cuanto al estilo, Otto ha defendido una escritura clara, precisa y directa, influida en parte por su formación jurídica, y se ha declarado más cercana a la tradición de Quevedo que al artificio barroco de Góngora.
LO CERCANO
La conversación también ha girado en torno a una poética narrativa anclada en lo cercano, donde los episodios cotidianos sustituyen a las aventuras remotas. Otto ha señalado que “las historias de paraísos lejanos" en este momento no le interesan.
Bajo esa premisa, el valor de la literatura reside en la forma de construir el relato más que en el argumento. “Lo importante de la literatura no es el tema, es cómo se desarrolla ese tema”, ha recordado la autora, convencida además de que “un tema sencillo puede tener dentro una profundidad muy importante”.
Esa mirada parte de una confianza en la experiencia vivida, hasta el punto de afirmar que “la realidad casi siempre es superior en todo a la ficción: en dramatismo, en ridículo, en tristeza, en fuerza”.
Durante el diálogo también ha aparecido una referencia al poeta y narrador Félix Grande, junto a una reflexión sobre los estereotipos femeninos en la sociedad y en la literatura. Otto ha defendido que no todas las mujeres responden al mismo patrón ni encajan en la imagen de una figura siempre fuerte o empoderada, y ha apostado por retratar esa diversidad de experiencias.

LOS PERSONAJES
El coloquio también ha permitido detenerse en el conjunto de figuras que pueblan la historia y que configuran el universo humano en el que se mueve Laura. A través de ellas, la autora construye un retrato coral donde cada presencia aporta un matiz distinto a la evolución de la protagonista.
Entre esos perfiles destaca Samira, inmigrante y madre de tres hijos, que desempeña varios trabajos para sostener a su familia. Su presencia introduce una perspectiva distinta sobre la vida cotidiana y permite observar la realidad desde otro lugar social y emocional.
También adquiere relevancia la figura del padre de Laura, cuya memoria atraviesa la narración como un hilo afectivo constante. Aunque pertenece al pasado del personaje, su recuerdo sigue influyendo en las decisiones de la protagonista. En ese vínculo se resume una idea que aparece de forma explícita en la novela: “El padre arrastra a la hija, acompaña a la hija, cuida a la hija”.
El entorno de Laura se completa con otros nombres que aportan distintas miradas al relato. Marcos, el marido que da título al libro, forma parte de ese círculo cercano que condiciona su vida personal. A su alrededor aparecen personas vinculadas al ámbito cultural y periodístico, como Carlos, quien introduce una observación crítica al afirmar que “ya vale de las de la literatura, solo de por y para mujeres”. También irrumpe Alberto, descrito con humor como un “escritorzuelo turolense” que admite que “no puede vivir sin escribir”.

LOS ESCENARIOS
En la conversación también se ha destacado el papel de los espacios en los que transcurre la narración. El principal escenario es Huesca, ciudad que vertebra toda la historia y cuyo parque Miguel Servet adquiere una presencia constante. Durante el encuentro se ha recordado la conocida definición de la capital oscense -“Huesca es un parque rodeado de ciudad”-, y la autora ha explicado que ese lugar, frente al que vive Laura, funciona como un auténtico eje narrativo, hasta el punto de concebirlo como “un protagonista más”.
Ese marco se completa con guiños locales que sitúan la historia en su territorio, como las fiestas de San Lorenzo, la Ronda de Boltaña o los Titiriteros de Binéfar. Junto a Huesca aparece Zaragoza, donde la protagonista experimenta un mayor anonimato y una momentánea sensación de libertad, aunque incluso allí termina encontrándose con conocidos en lugares como El Corte Inglés, El Pilar o el Paseo de Independencia.
Otro escenario destacado es Rodellar, en la Sierra de Guara, vinculado a las raíces familiares de la autora y descrito como un paisaje de gran fuerza evocadora, asociado a los relatos de “brujas y de lobos” que escuchaba en su infancia.
A estos emplazamientos se suman microescenarios cotidianos que dinamizan la narración, como la peluquería, los despachos de abogados, las librerías -que Otto ha reivindicado como espacios culturales imprescindibles- o el restaurante donde se celebra una cena de escritores inspirada en vivencias juveniles de la autora.
DIMENSIÓN SOCIAL
Otro de los aspectos que ha suscitado interés durante la conversación ha sido la dimensión social del relato, especialmente la mirada crítica hacia determinados comportamientos ligados al origen social. Ese elemento atraviesa buena parte de la novela y describe un entorno en el que “se valora en muchos ambientes menos la capacidad o el mérito de alguien que el origen social que tenga”.
Ese análisis se relaciona con la representación del ambiente de una ciudad pequeña, donde las relaciones personales se entrecruzan continuamente y la intimidad resulta difícil de preservar. En ese contexto, la protagonista atraviesa momentos incómodos cuando se encuentra con conocidos que le recuerdan situaciones que preferiría dejar atrás durante el proceso de ruptura que vive.
Para ilustrar ese clima social, la novela introduce figuras reconocibles como “la típica cotilla que se quiere enterar” de los asuntos ajenos. Sin embargo, la autora ha explicado que su intención no ha sido dramatizar esas escenas, sino tratarlas con cierta ironía y ligereza, buscando “darle un aire un poco más festivo” a situaciones que, en apariencia, podrían resultar molestas.
La reflexión social también se construye mediante el contraste entre distintas posiciones dentro de la escala social. Frente al entorno acomodado de la protagonista, el relato incorpora personajes cuya realidad cotidiana es mucho más exigente. Este contraste permite poner en diálogo dos formas de afrontar la vida: la de quien dispone de estabilidad material pero experimenta un profundo malestar interior y la de quienes, aun en circunstancias difíciles, mantienen una actitud vital más firme.

A esa tensión se suma además la diferencia entre espacios urbanos, especialmente entre Huesca y Zaragoza. Mientras que en la capital oscense la protagonista se mueve en un entorno donde todo el mundo parece conocer la vida de los demás, Zaragoza aparece como un espacio donde el anonimato permite respirar con mayor libertad.
La mujer de Marcos trasciende el relato de una ruptura sentimental para convertirse en una indagación sobre las contradicciones humanas y la búsqueda de autenticidad. Con una estructura precisa y un lenguaje claro, Sol Otto sitúa el foco en las raíces, la memoria familiar y las decisiones que marcan una vida. En esa mirada a la gente corriente se encuentra la profundidad emocional que sostiene toda la novela.