La iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós acogió el viernes el octavo gran concierto de la 35 edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca, un lugar perfecto impregnado de espiritualidad y de leyenda para acoger la vitalidad actual de la música antigua con Taracea y su diálogo con las raíces, las otras músicas y su improvisación.
Música antigua con una traslación hacia el jazz y su dramaturgia, Belén Nieto, flautista, refleja la filosofía del grupo. “Criada en la sierra de Madrid, crecida en Ámsterdam y Utrecht, mi formación fue desde el inicio en flautas históricas y música antigua en general, pero siempre con gran interés en otras músicas del mundo, el jazz y la improvisación, incluso en el teatro”, explicaba antes de recalcar el “juego en escena y la interacción” como base de todo acto interpretativo.
Santa Cruz de la Serós acogió un estreno absoluto, una apuesta de Taracea por rescatar un repertorio de raíces aún más profundas de las que acostumbra: piezas del Llibre Vermell de Montserrat y las Cantigas de Alfonso X convivían con joyas menos transitadas de las tradiciones popular portuguesa, griega y asturiana. “Lo que se preserva de estas músicas en general son puras melodías, así que de manera natural tenemos espacio para las rearmonizaciones propuestas por Rainer Seiferth —también a las cuerdas— que con mucho gusto se funden con las melodías originales sin que pierdan su esencia y dando mucho juego”, señalaba Nieto.
Belén Nieto utilizó una nueva flauta doble, fabricada a partir de iconografía del siglo XIV, ampliando así la paleta sonora del grupo. Acompañada por Isabel Martín y David Mayoral en las voces y la percusión, y con el buen hacer de Miguel Rodrigáñez en la improvisación con el contrabajo, “la combinación de todo esto, que en realidad tiene mucho en común, quizás pueda ser considerado uno de nuestros puntos fuertes”, apuntaba Nieto.
Taracea apuesta por la transparencia: “Completamos el proceso creativo al mostrarlo tal como lo vivimos, y me gusta pensar que hacemos partícipes del mismo al público”, confesaba Nieto. El reto estriba en interiorizar todo lo recogido hasta que se convierte en una extensión de quienes lo tocan, como diría para nuestros tiempos Marshall McLuhan. “Aunque parezca algo cliché, el primer adjetivo que me viene a la mente al pensar en nuestro estilo sería 'personal', pero en este caso con toda su profundidad”, añadía Belén en el recorrido hacia la emoción.
El directo sirvió para reflexionar sobre el patrimonio musical de la Corona de Aragón, eje de esta edición. Para Belén Nieto, “rescatar, cuidar y compartir el patrimonio del pasado de cada tierra es algo importantísimo, y compartirlo con el público, para contribuir a una cultura general más rica y sabia”, afirmó. Para la flautista, la clave está en el diálogo que provoca: “Reconociendo la cultura musical de esta manera se potencia el diálogo entre especialistas en historia, musicología e intérpretes; y de nuevo se da oportunidad también a no especialistas y público en general para que lo conozcan y disfruten. Lo aplaudo”.

Nieto puso de relieve cómo, al desvincular la música de una autoría individual concreta, ésta adquiere una dimensión colectiva: “Es interesante desvincular así la música de una persona en concreto y otorgarle el protagonismo al pueblo, a quien le pertenece y que participa, en este caso directamente incluso cantando y bailando”, comentaba sobre el global del repertorio interpretado y aplaudido en Santa Cruz de la Serós. Su filosofía fue palpable en la iglesia de Santa María, donde sus melodías invitaban a un movimiento interno, a un baile sagrado alrededor del Llibre Vermell con sensibilidad contemporánea. Como quiso dejar claro Taracea, a partir de aquí, “dejen volar su imaginación, fantaseen y permitan el disfrute de lo que también les pertenece. Bailen, aunque sea hacia adentro”.
La perspectiva de Taracea es optimista pero pragmática. Nieto observa con satisfacción cómo, a diferencia de hace dos décadas, hoy existe una generación de intérpretes extraordinariamente preparada, con muchos de formados en el extranjero —como su propio caso en los Países Bajos—. Sin embargo, el reto persiste: “Seguir profundizando en la investigación histórica sin perder la capacidad de comunicar y emocionar”. Para el grupo, el camino a seguir es claro: continuar moviendo sus proyectos con ilusión, siempre con la puerta abierta a nuevas grabaciones y, sobre todo, a nuevos retos creativos que les permitan seguir reinterpretando lo antiguo.