Víctor Ibáñez abre el álbum de la infancia de Huesca en su nueva exposición

El fotógrafo inaugura en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner la muestra 'Todos fuimos niños', con 70 imágenes expuestas y 200 proyectadas

Periodista
12 de Julio de 2026
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Un viaje a la infancia de Huesca de la mano de Víctor Ibáñez

Hay fotografías que no solo congelan un instante, sino que muestran una manera de vivir. Las que integran Todos fuimos niños, la nueva exposición de Víctor Ibáñez en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner, pertenecen a esa categoría. Son imágenes de una Huesca que muchos reconocerán de inmediato y de una infancia en la que no había teléfonos móviles y todos estaban atentos a lo que ocurría sin grabar ni tomar imágenes y sin la conciencia de estar siendo fotografiados.

La muestra celebra su undécima edición convertida en una cita imprescindible de los oscenses desde un mes antes del inicio de las fiestas de San Lorenzo hasta el 30 de agosto. Este año reúne 70 fotografías en papel y cerca de 200 imágenes más proyectadas en una pantalla, todas ellas centradas en los niños que llenaban las calles y las actividades de la ciudad entre finales de los años ochenta y principios de los noventa.

Los más pequeños aparecen en sus cunas y hoy superan la treintena. "Nunca había dedicado una exposición entera a la infancia", reconoce Ibáñez. "Siempre aparecían niños en mis fotografías, pero este año, revisando el archivo, empezaron a salir una detrás de otra y pensé que ya tenía el tema. La infancia es muy agradecida".

La mirada del fotógrafo también invita a observar una forma de relacionarse con el mundo que hoy prácticamente ha desaparecido. "Estos niños no conocían los móviles ni las pantallas. Se comportaban con una naturalidad absoluta delante de la cámara porque ni siquiera sabían lo que yo estaba haciendo", explica. "Parece que están en otra dimensión distinta a la fotografía. Ellos están jugando, leyendo, hablando... viven su momento sin preocuparse del fotógrafo. Es una forma de ver la historia diferente".

Imágenes de la muestra de Víctor Ibáñez. Foto Mercedes Manterola
Imágenes de la muestra de Víctor Ibáñez. Foto Mercedes Manterola

La exposición no muestra pupitres ni aulas. "Quería que todas las fotografías fueran lúdicas", señala. Están disfrazados, haciendo teatro, jugando al fútbol o al baloncesto, mirando con curiosidad a los gigantes, al Payasete, saludando a los Reyes Magos, de acampada o pintando. "Ha quedado bastante entretenida y muy variada", afirma. 

Llegar a esa selección no fue sencillo. Víctor Ibáñez buceó durante semanas en su archivo "casi inabarcable". "Vi varios miles de fotografías. Primero seleccioné unas dos mil y después tuve que seguir descartando hasta que decidí que las que iban a pasar a papel iban a ser lúdicas. Y funcionó, las fotos han quedado muy bonitas y son muy directas. Ves lo que es, no hay nada que explicar. Se hicieron porque ese día lo que recoge era noticia, y todas estas fotos se han utilizado para ilustrar lo que pasaba ese día", ha destacado.

El recorrido está lleno de escenas que hoy despiertan sonrisas y también cierta nostalgia. Una muestra la visita de jugadores del Club Baloncesto Peñas a niños hospitalizados por Reyes. "Es muy divertida. Al crío le regalaron una gorra que le iba cuatro tallas grande... seguramente pensaron que ya le serviría cuando creciera".

Otra imagen captura la mezcla de miedo y fascinación que siempre han provocado gigantes y cabezudos. "Normalmente les daban miedo, pero al final siempre acababan acercándose. Esa curiosidad era más fuerte".

Público en la exposición 'Todos fuimos niños'. Foto Mercedes Manterola
Público en la exposición 'Todos fuimos niños'. Foto Mercedes Manterola

Entre las fotografías también hay espacio para reivindicaciones que dieron su fruto, como la protesta de unos reclamando una fuente para poder beber en la zona de juegos o un paso de peatones. Cortaron la calle y se tumbaron en el suelo simulando que los había atropellado un coche. "Los padres sujetaban la pancarta mientras los niños estaban muertos de risa", recuerda.

La exposición también deja imágenes de los primeros ordenadores que llegaron a los colegios, que eran paea juegos muy sencillos, laberintos... el primer contacto que tenían con los ordenadores".

ONCE VERANOS MIRANDO HUESCA

Todos fuimos niños también es la undécima parada de un proyecto que comenzó casi por casualidad. Todo arrancó cuando Víctor Ibáñez recibió la Parrilla de Oro y decidió corresponder al reconocimiento regalando a la ciudad una exposición con fotografías entrañables de San Lorenzo.

Aquella primera edición tuvo una anécdota que todavía recuerda. "El título era 'Una mirada inédita a San Lorenzo', pero en la agenda del periódico apareció publicado 'Una mierda inédita'. Fue una errata que lanzó totalmente a la gente a venir a ver qué era, que no podía ser que Víctor hubiera puesto eso. Resultó una buena publicidad", recuerda divertido.

Después llegó una exposición dedicada a las calles de Huesca, que se unió ese mismo año con otra con motivo del cincuenta aniversario del hermanamiento con Tarbes y, desde entonces, una nueva muestra cada verano, únicamente interrumpida durante los años de la pandemia.

Exposición de Víctor Ibáñez. Foto Mercedes Manterola
Exposición de Víctor Ibáñez. Foto Mercedes Manterola

Once ediciones después, Víctor Ibáñez reconoce que nunca imaginó que aquellas exposiciones estivales llegarían tan lejos. Preparar cada nueva muestra exige revisar miles de imágenes, seleccionar las más representativas y restaurarlas para que recuperen toda su calidad. Un trabajo laborioso que afronta con la misma ilusión. "Me cuesta trabajo, pero lo hago muy a gusto. Disfruto delante del ordenador organizando el archivo, eligiendo las fotografías y arreglándolas, porque en aquella época había que hacerlas deprisa para llevarlas corriendo al periódico. Además, no podías disparar cuarenta veces como ahora; hacías dos o tres fotos y tenías que acertar".

También supone que el Ayuntamiento va haciendo "un archivo bastante interesante de mi archivo, que al final tendrá que pasar a una entidad diferente a mí que se haga cargo de todo, porque hay millones de fotos", recuerda.

El fotógrafo destaca también la respuesta que recibe cada verano por parte del público, convertido ya en un visitante fiel de esta cita previa a San Lorenzo. "Estoy muy contento. La gente pregunta cuál será el tema de este año y luego viene a verla con mucho interés". Para Ibáñez, el atractivo de la exposición reside precisamente en que cada visitante puede hacer suya la historia que muestran las imágenes. "Es una exposición muy directa, muy visual. Cada uno puede ver en cada fotografía lo que le parezca. Habrá quien encuentra a sus hijos, quien reconozca a sus padres o incluso algún abuelo que descubra a sus hijos y a sus nietos. La historia está ahí, a disposición de quien quiera utilizarla".