Uno de los abogados de Manuel Torres Guillaumet, Juan Pablo Lerena, amenazó a un expatrono de la Fundación Alcoraz con presentar una "querella catalana", en el argot jurídico una acción abusiva con nula o escasa base legal con la contraprestación de paralizar o ralentizar una demanda, en este caso la interpuesta por la Sociedad Deportiva Huesca contra el consejero delegado que reclama más de 933.000 euros. El diálogo, grabado, reside ya en los tribunales de justicia.
En la conversación telefónica entre Lerena y el expatrono, quedó de manifiesto la estrategia de desactivar, anular o contarrestar a toda costa (nunca mejor dicho), la demanda interpuesta por la Sociedad Deportiva Huesca. de ahí la amenaza de una querella para "coaccionar y chantajear, conscientes de que los hechos objeto de denuncia serían falsos", como explica el expatrono.
Explícitamente, el abogado Lerena, conocido en Huesca por su defensa de Íñigo López en la Operación Oikos, admite que la querella sería “catalana”, una maniobra considerada fraudulenta, sabiendo que los hechos son inciertos, que busca amenazar y coaccionar con un proceso penal para obtener el querellante un beneficio, conociendo la falsedad de los hechos. En este caso se pretendía forzar a la retirada de la demanda civil por parte de la Sociedad Deportiva Huesca.
Además, serviría también, al menos, e inicialmente, para suspender el procedimiento civil de la Sociedad deportiva Huesca contra Torres.
Exponía en la charla telefónica Lerena que la intención de la querella presentada por la vía penal por Manuel Torres obedecía a la "enorme cantidad" de dinero que la Sociedad Deportiva Huesca demanda a Torres. La pretensión de la llamada estribaba en que la querella se había construido ante la negativa de los actuales dirigentes del club a retirar la reclamación de lo que cobró.
En la conversación, hay otro aspecto muy llamativo: la incitación al expatrono para que le aportara datos y elementos contra Jorge Costa, Ricardo Mur y Alfonso García Vicente, con el compromiso a cambio de no incluirle en la querella penal. Su interlocutor le recordaba que ya no tenía nada que ver con la Sociedad Deportiva Huesca ni con la Fundación Alcoraz. Resulta evidente, para el expatrono, que la intención futura era atacar su reputación y honor.