Del amor al odio hay un paso. Los aforismos de nuestro rico idioma son aplicables a muchas facetas de la vida, incluso a la futbolística. Aunque la opinión sincronizada de redes sociales zaragocistas, impulsadas por algunos periodistas que no siembran sino el odio, ha establecido que el puñetazo del argentino al toledano ha sido plausible por algún tipo de vieja rencilla, lo cierto es que se debieron conocer no mucho antes de aquel 16 de noviembre en que el Real Zaragoza se enfrentaba en el Ibercaja Estadio a la Sociedad Deportiva Huesca.
Aquella derrota del Huesca en el debut de Bolo con el golazo de Aguirregabiria, estuvo precedida por la tradicional retahíla de lanzamiento de objetos con que se da la bienvenida al club azulgrana en los aledaños del estadio, esta vez el Ibercaja Estadio, siempre La Romareda, más que nada para ambientar el fraternal encuentro. Andrada hizo un buen partido, como ayer, y evitó en varias ocasiones la igualada de los oscenses, que conjuntaban excepcionalmente pantalón grana y la elástica azulgrana que es la primera equipación, combinación para no confundir la parte de abajo a pesar de la diferente tonalidad, más clara la zaragocista.
Al término del choque, probablemente con un grado de felicidad superior al de ayer, Esteban Maximiliano Andrada pidió la camiseta a Jorge Pulido Mayoral, una tradicional muestra de respeto y admiración mutua entre los futbolistas. Y, por supuesto,
Quiso el enloquecimiento futbolístico que este domingo el argentino sustituyera el entusiasmo de la estima por una serie de gestos de animadversión: tras señalar el penalti con un empujón que bien pudiera haber sido la segunda amarilla (y, como dice Alvise, se acababa la fiesta), cuando Pulido se acercó en el 97 y fue recibido con un rechazo de manos que lo derribó (como para no, menudo tiarrón), para después, recién vista la roja, emular a Ilia Topuria con un crochet boxístico (puñetazo lateral, para los que no conozcan la terminología) que le produjo un buen hematoma.
Como el conde Broken o la famosa pareja del médico y el detective, en sus dos caras tornó Andrada en sus declaraciones a calificar de "colega" a Jorge Pulido, por desgracia para los instigadores sin decir si el capitán del Huesca le había dicho algo (que va a ser que no, en un mundo repleto de cámaras tiene poca salida la mentira). Esto merece una reconciliación, pero quizás no le dé tiempo al argentino.