En la anochecida cuando todavía se perfilaba la ermita encima del cerro de San Jorge, imperaba en la zona de prensa el silencio. Quedábamos compañeros de Zaragoza y un servidor terminando las piezas, todavía ojipláticos por lo visto en la batalla campal de El Alcoraz, quizás la segunda más abrupta después de la del patrón de Aragón. Una voz empezó a instruir al resto, claro, por aquello del supremacismo del periódico-Estado (expresión que seguro utilizaría mi añorado José Manuel Porquet tras el choque de ayer). Lo cierto es que el resto no respondía, estaban en plena faenad. La explicación era delirante. Una especie de confabulación entre Pulido y el árbitro. El mundo contra Zaragoza. Y sin una Agustina de Aragón que nos defienda.
Lo ratificaba después en un tuit, que viene a sostener que Andrada, en realidad, vino a ser el justiciero que surgió de la pampa para hacer pagar como debe a Jorge Pulido por la crueldad extrema sobre el campo de nuestro central, particularmente ante el Zaragoza. Pulido ha sido durante años el director del coro de La Romareda en la que han deseado su muerte, un auténtico suicida musical. Pulido fue el criminal que zancadilleó a Puado, según la interpretación de los opinadores de medios venidos a menos, antes de aquella celestial definición de Javi Galán. Pero, sobre todo, nuestro capitán aloja en su maligno ser la autoría de la más pérfida fechoría: vestir como adalid la camiseta azulgrana.
La noche fue intensa y extensa, el mundo futbolístico estupefacto por lo visto en El Alcoraz. Quedé asombrado por la crónica de Marca donde el firmante asegura que Pulido le dijo primero a Andrada y, al retirarse tras el descomunal empujón, todavía provocó en voz más alta, ante lo cual el cancerbero salió furibundo para propinar un puñetazo al defensor oscense... en legítima defensa. Sólo le faltó decir que Jorge habría dañado la mano con su jetazo en la mano del "canchero", como con admiración han definido a Andrada en los medios zaragozanos todas las temporadas por su racialidad desmesurada. De aquellas aguas, aquestos lodos.
En una lectura en conjunto de lo acontecido ayer, después de la estupefacción por lo sucedido, después de la injustificable doble agresión de Dani Jiménez y de Dani Tasende, por delante del gen recesivo que invade las redes sociales hasta las actitudes más primitivas del homo erectus, conviene hacer una reflexión basada en cinco puntos:
1.- Lo de Andrada no tiene comparación, es una salvajada de tal calibre que difícilmente nuestras retinas recuerdan algo similar en España. Lo veíamos en Sudamérica en alguna ocasión como si fuera otro mundo.
2.- Andrada pidió perdón, en su mejor actuación de la jornada, y se disculpó ante Pulido, sin decir nada de provocación porque era consciente de que la culpa fue exclusivamente suya. Así que los forofos periodísticos del zaragocismo fueron más allá del propio protagonista... y de la racionalidad.
3.- Impecables las respuestas del Gobierno de Aragón, del Real Zaragoza y de la Sociedad Deportiva Huesca, aplicando serenidad a la confrontación. La imagen de nuestra comunidad, en lo futbolístico, no puede salir más dañada. Y algo peor: la quiebra entre dos aficiones y dos ciudades que se merecen respetarse más.
4.- Indignante el tratamiento de los medios de comunicación zaragozanos con sus portadas, con sus comentarios, con sus sesgadas interpretaciones. Por aquí empieza, cada año, esa hartura de tensión previa y post derbis, que lo son le pese a quien le pese porque, de hecho, todos los aficionados de Huesca y Zaragoza que apenas alcancen la mayoría de edad los han visto toda su vida. Pirómanos al frente del servicio de bomberos futbolístico.
5.- Francho Serrano, quizás porque es oscense de Alcalá de Gurrea y jugador del Zaragoza, dio en el clavo con un aspecto a la par que pedía perdón: el ejemplo para los niños es terrible, la peor lección que pueden tener en la formación de su pensamiento. Quizás, esta mañana de lunes, los profesores debieran poner el video de lo sucedido ayer para explicar cómo no hay que comportarse en la vida, porque contradice lo que ellos quieren inculcar en los valores deportivos.
Dejo fuera de este medio decálogo (daría para completarlo porque lo de esta pasada tarde-noche ha sido muy gordo) a los jugadores de Huesca y Zaragoza que, después de las conductas inaceptables de algunos de ellos, han respondido admirablemente, con mesura, léase Sielva o el propio Francho, el arrepentimiento de Dani Jiménez y de Andrada. No hay rectificación porque no es posible, sí responsabilidad que recaerá sobre cada comportamiento.
Quienes se quedarán sin más punibilidad que el reproche de los contrarios y el estúpido jaleo de los propios son los que generan odio de forma gratuita simplemente para alimentar el ego y para vender media docena de periódicos que añadir a la docena que venden cada lunes. Y, mientras tanto, en el ojo de los jóvenes, en el crepitar hormonal de los adolescentes, alguien habrá puesto en su pesebre vital el odio hacia el rival. Que puede que no sea ajusticiable, pero no le resta ni un gramo de indignidad.
P.D.: Por cierto, Jorge Pulido estuvo descomunal y reivindicó toda la autoridad que el asunto Almería le había esquilmado.