Recomiendo una buena prevención, que en esta temporada de dolor de la Sociedad Deportiva Huesca pasa por no elevar las expectativas, por aquello de la frustración que induce a la depresión y la hipertensión. La verdad es que me gustaría que todos nos aplicáramos en la comprensión lectora para entender que lo que se escribe es lo que se quiere escribir, y que si tenemos dificultades para aplicarnos en la lectura denotativa no hemos de penetrar en el proceloso camino de la lectura entre líneas, porque nos puede inducir a confusión.
En el Huesca, que no ha sido un modelo de gestión económica ni deportiva en los últimos años y en los últimos meses como es obvio, hay que buscar dentro de la compleja encrucijada el camino de la virtud deportiva. Ya lo escribió Peter Drucker, que si la estructura acertada no garantizará los resultados y el rendimiento, la equivocada constituye una garantía de fracaso. En lo institucional, la Sociedad Deportiva Huesca y la Fundación están sumidas en una zozobra y desconcierto importantes, pero mientras se resuelven (si es que lo consiguen) hay que buscar ese milagro poco habitual que es evitar el trasvase de las penurias de los despachos al césped.
Ahora estamos en una situación en la que la realidad en el campo sólo puede evolucionar si el entrenador, que creo que es el faro que a todos nos ilumina, es capaz de extraer de los jugadores todo lo que tienen. Y que pueda profundizar en esa búsqueda del arca perdida que es encontrar en ellos habilidades que hasta su llegada creíamos -y ellos también seguramente- que eran inexistentes.
Dicho sea lista y llanamente, esta es la tripulación que va a remar con el timonel Hidalgo desde ahora hasta el final de la temporada. Ni más, ni menos. No hay para más a 28 de enero de 2024, apenas un puñado de horas antes del cierre del mercado. Y no lo habrá. Significa que lo que hay es lo que es y que, mientras la masa social puede seguir legítimamente reclamando las responsabilidades que estime oportunas (recuerden aquel artículo del respetable respetable), la solución deportiva pasa por una evolución favorable de los rendimientos del equipo (hoy está entre los peores partidos con este técnico), la búsqueda imperativa de cuatro conjuntos peores y, transversalmente, la convocatoria de un consejo de administración celestial presidido por San Jorge y con San Lorenzo y San Vicente como vocales. Y, como se empeña Agustín Lasaosa en incorporar, María Auxiliadora como talento femenino. Todas las ciudades tienen sus santos, pero como los nuestros no hay ninguno. Si nos salvamos, será una resurrección en toda regla, un fenómeno entre sobrenatural y paranormal. A partir de ahí, la afición tendrá todo el derecho a exigir. Es lo suyo.