Confío en que el club alcance a dar las explicaciones de su actuación con más certeza que Jorge Pulido Mayoral. Nos equivocábamos porque no valorábamos la realidad de la existencia humana. No, no era el eterno capitán. Esa etiqueta la ha arrancado de cuajo él mismo. La filosofía y la literatura sobre el ser humano son concluyentes: su motor es la voluntad, esa fuerza que Einstein situaba por delante del vapor o del ferrocarril. Y su voluntad ha sido, dicho sea lisa y descarnadamente, irse. Bajarse de un barco en pleno temporal deportivo, como nunca lo hacen los capitanes. En su caso, nadie lo dude, el impulso ha venido de la ambición por el dinero, legítima, en muchos casos incontestable, pero, sobre todo en este, indisimulable.
Ha sido su despedida real, por cierto con la secuela de una estúpida ovación cuando ha entrado en el vestuario de los compañeros a los que abandona, un disparate continuado. Una traición al Jorge Pulido de apenas hace un mes que comprometió fidelidad eterna a Huesca y al Huesca. En el final de la comparecencia, ha pretendido reivindicar este sentimiento. Pero nos permitirá el señor Pulido Mayoral que le indiquemos una verdad apodíctica: el más fiable análisis de la intención y del afecto es el hecho, y el hecho desdice lo que su boca pronuncia. Recuerdo a mi añorado Alberto Carrera Blecua, que sostuvo en un cuadro que me regaló pletórico de realidad que "el pintor se traiciona en la palabra". El central, el káiser hoy de barro, se ha delatado.
En el soniquete de esa insulsa oratoria (quod natura non dat..) que nunca le ha acompañado (es difícil que un futbolista con tanta experiencia no sea capaz de armar un puñado de frases congruentes, y conste que esta apreciación me la han oído muchas de las personas con las que me relaciono, no ahora por la oportunidad), le han faltado tres conceptos. El primero de ellos, la causa: se va al Almería por dinero y hasta podría haberlo adornado con la caducidad del futbolista, argumentos que a mí me hubieran valido. Con esta manifestación, lo demás es despilfarro.
El segundo, la trazabilidad de la elección: se ha perdido en afear al club con ese concepto tan etéreo que es la valoración y no ha explicitado cuándo, dónde y por qué. Si este interés ha sido súbito de un calentón febril de Rubi (otro que tal), si conocía el ánimo indálico (legítimo) cuando se paseaba por Broto con un videógrafo y una metafórica lira cantando sus amores a la provincia, si lo comunicó inmediatamente y si, realmente, manejó la posibilidad de quedarse como explicó al club poniendo ese compromiso en su boca hace apenas tres días. O engañó al club o engañó el club, no hay medias tintas. Cada uno que interprete según sus sensaciones, yo tengo la mía, reforzada tras la espeluznante comparecencia de hoy: a mí me ha dado gato por liebre. Por cierto, la prueba del algodón de lo que le valora el Almería habría sido que se hubiera acercado a la cláusula de rescisión en un porcentaje equis, el que sea. No, el club indálico ha querido un low cost desestabilizante del Huesca. E insisto, está en su derecho, sobre todo si su maniobra la licita el propio Pulido, que para nada ha pensado en azulgrana.
El tercero, y hago punto y aparte porque lo merece, el perdón. Esta palabra reblandece y hasta reconforta. Ya no digo al club, sino a la ciudad, a la provincia y a la afición, porque sería inconcebible que no entienda el señor Pulido Mayoral que todos estamos defraudados. Ha sido muy escueto con el llamado respetable, quizás porque en un hilito de consciencia y de conciencia pueda alcanzar a entender que es ese cuerpo etéreo que no ha sido respetado. Por él tampoco. Quizás por eso ha concentrado una parte de su intervención en lamentar lo que se ha dicho estos días en redes sociales. Una falta de empatía que le inhabilita para seguir siendo el capitán.
Jorge Pulido Mayoral es ya historia del club, aunque oficialmente haya entrenado, seguramente para mantener la forma para su etapa almeriense, donde estos días hace menos frío atmosférico y también ambiental. Su estancia en Huesca puede perpetuarse lo que él desee -mientras recoge enseres-, pero en el Huesca no debe permanecer ni un día más. Ya no es "de los nuestros" aunque lo haya sido, él ha elegido la abrupta ruptura de la relación, un divorcio.
Agradecimiento por los servicios prestados, que no han sido entregados -otra de sus palabras fetiche en su canción triste en la Base- sino vendidos (nunca, que yo sepa, ha regalado su trabajo, como es obvio y natural), y para la retina los momentos importantes, que a estas alturas, por la lógica merma de sus facultades, eran más con cuentagotas y por espíritu que por rendimiento real (en declive). Que le vaya bonito a un capitán que ha emborronado su aprecio entre la tripulación y el pasaje. Huesca es tierra acogedora, pero la gratitud no se regala, hay que ganársela, y afrentas como ésta requieren de mucho tiempo para difuminarse. Fue héroe y hoy es villano... se lo ha ganado a pulso. Tome la puerta más ancha para salir, no vaya a ser que tropiece... otra vez.