Dedicó Foucault su última etapa de la vida a incorporar la estética como una parte fundamental de la ética, y sostuvo que la propia existencia mediante la libertad y el autocuidado eran una creación personal. Incluso interpretó que una obra de arte no ha de ser necesariamente corpórea, voluminosa, sino que toda expresión hermosa lo es. El folclore alberga esa conjunción imposible entre lo efímero y lo eterno. Así lo constataba esta noche de 10 de agosto, el Día Grande de San Lorenzo, la Agrupación Folklórica Santa Cecilia, identidad pura oscense, identidad en sí misma. Me venía a la memoria al finalizar la velada aquella publicidad del mejor restaurante que en Huesca ha habido: "Sólo el Sotón es el Sotón". Sólo los cecilios son los cecilios.
Permitida esta licencia personal, el público que rebosó el Paseo Carlos Vidal del Parque Miguel Servet puede concluir, en el retrogusto -en términos gastronómicos- de la actuación de Santa Cecilia, que disfrutó de un relato. No sólo en torno a la mujer, hilo argumental del recital, sino en esa universalidad íntima que es la vida de los pueblos hasta desembocar en esa Huesca que cantamos como "mi pueblo" en la fiesta de San Lorenzo, mi patrón. Todo avanzó fluido en torno a los conceptos que iba vertiendo, con su portentosa voz de presentadora, Jara Expósito desde que tomó el relevo a la primera interpretación, la del Dance de Bruxas.
Jara lanzó en el origen, tras reivindicar los 73 años de la Agrupación, un auténtico editorial con una verdad apodíctica: las mujeres sostuvieron los hogares, transmitieron tradiciones, educaron a generaciones de pequeños, trabajaron en la tierra y en los oficios ancestrales, fueron paradigmas de fortaleza y dignidad y, muy importante, "celebraron la vida".
Esa realidad, ese legado ha sido trasladado ora en los libros ora en la tradición oral, aunque cada uno tiene su relato personalizado, como la Expósito, que remembraba la sopa de verduras de su abuela inimitable por chef alguno aunque ostente todas las estrellas y soles de la galaxia. Tal es la diferenciación, tal la autenticidad, así la identidad.
El folclore convertido en vehículo de transmisión de las vidas de antaño y hogaño, en arca de la memoria, se iniciaba en el origen de todo lo aragonés, en el Pirineo. En Ansó, el valle de Chistau o el Sobremonte del Alto Gállego, cuyas manifestaciones se expresaban en ese concepto holístico, integral, de Santa Cecilia, con unos delicados trajes tradicionales, unos bailes genuinos y la vertebración a través de la rondalla y de las voces. Las piezas de Ansó, la Polka Pique y Aso de Sobremonte levantaron el vuelo de la gala de una manera serena y firme. Como eran las mujeres de los pueblos..
LAS GOLONDRINAS
El público era mayormente adulto, incluso talludito, aunque no faltaban niñas y niños que acompañaban a sus madres, e incluso jóvenes curiosos que pasaban por ahí y se quedaban de pie para admirar el espectáculo. Es la atracción genial de San Lorenzo y de la jota. A los poseedores de DNI con fechas de este milenio y siglo, les sorprenderían algunos conceptos como el de las golondrinas, esas mujeres que hace sesenta o setenta años hubieron de volar hacia Francia en busca de un futuro.
El objetivo era hacer granero patrimonial y retornar a sus pueblos. Primero, el sacrificio. En medio, la esperanza. Al final, la alegría de que su familia, a través de sus esfuerzos, vivía mejor y con el fin "de película" del retorno de ellas mismas a cosechar su propia existencia. Cristina e Inés representaron en su dúo a la golondrina que marchó, y María José también echó las alas del público a volar.
LAS MAESTRAS
Si hay una figura emocionalmente arraigada a los pueblos es la maestra, la gran forjadora de hornadas de niñas y niños que pasaban de proyecto a realidad fructífera. Nutrientes de sueños con esa delicadeza y a la vez firmeza que les caracterizaba.
Jara explicaba que la "cantera" de Santa Cecilia es la gran alegría de los ojos de todos y cada uno de los integrantes de la Agrupación. Cuatro pequeños de menos de 7 años salieron resueltos, incluso descarados, para interpretar primero la divertida Polka de la Viella ("Una vieja seca, seca, seca, seca, se casó con un viejo seco y se secaron los dos") y posteriormente la celebrada Jota de Antillón.
Los oficios de antaño eran muy extensos. Las mujeres lavaban la ropa en los ríos, en las fuentes y en los lavaderos habilitados por los ayuntamientos. Las hubo panaderas o costureras y, además, contribuían a las tareas del campo. El baile de las panaderas, la interpretación de Los Tropezones por Úrbez y una hilarante escenificación de Alingango en torno a una mesa entusiasmaron al respetable.
No era preciso concitar al calor, importante en el Parque, pero la temperatura subía al tratar el amor que tanto ha llenado de letras, movimientos, picadillos y pasiones el folclore. En este punto, a la voz y a la música se añade una gestualidad inspiradora. Lorién interpretaba "Si el corazón no me habla", Gema "Al jurarme tu querer" y el dúo de Pepe y Toño la mítica "En el pico llevan flores"... en las alas alegría, y en el corazón amores. Sandra cerraba este capítulo poderosa con "A la mujer no le digas".
La vida en el campo se extendía cada jornada eternamente y ahí estaba la mujer de un "renacentismo rural", practicante de cualquier modalidad que permitiera sostener las familias. Un escalofrío absorbía a todos los presentes con la voz potente y sedosa de Regina Trigo con ese prodigio que es "La Jota Triste". Para recuperar la alegría, el baile de las Segadoras cosechaba ánimo para todos.

EL MATRIMONIO
Matrimonio y maternidad. El amor conducía a un nuevo estatus para la mujer. Querer, cuidar, enseñar, acompañar y transmitir a través de la palabra, de cuentos, de nanas y de consejos. Antonio Pertusa se exponía a ese riesgo real que siempre es interpretar el Sha Feito de Nuei con virtuosismo. Reunía todos sus registros vocales y acababa de manera portentosa, como pocos pueden hacerlo. Inés Español encandilaba a los presentes con las Cerezas y redondeaban la faena César y Santiago con "Va delante de su madre" y Pepe con "Delante de una Mujer".
Los pueblos eran escenario de la presencia externa de pastores, arrieros, comerciantes y temporeros, y en sentido contrario muchos jóvenes habían de partir para cumplir el servicio militar y, de paso, abrir los ojos al mundo. Las mujeres seguían teniendo el protagonismo de sostener la vida rural. En este ámbito, sonaba "El Fandanguillo de Robres", que "cualquiera mujer lo baila; a la una, y a las dos, y a las tres de la mañana". Bien cantado y bailado.
LA CELEBRACIÓN
Las mujeres -y los hombres- de aquellos tiempos sabían celebrar. Era una manera de decirse y decir que lo habían hecho bien de fiestas a fiestas, la recompensas al esfuerzo a través de música, baile y júbilo. Tiempo de preparar los trajes y organizar comidas, bailes y paseos por las calles, rondas, coplas y amores. Toño interpretaba "Cuando en las tardes de mayo" y le seguían los Mayos y la Cruzada entre ellas y ellos,

Entre las celebraciones, San Lorenzo, sin el que no se entienden 73 años de jota. Cristina hacía disfrutar con "De 9 calles que están", con la Porteta, el Alpargán y tantos lugares icónicos oscenses; Víctor con un poderoso "El baturrico" que inventó la jota que se ha convertido en universal; y coralmente sonaba divertidísimo "Si me vienes a rondar".
Llegaba, hora y media después del inicio con luz solar y con esa sensación de haber disfrutado de una velada preciosa, la Jota de San Lorenzo, el recuerdo a Sarita Villacampa y un baile que aúna precisión y apoteosis porque eleva las alas del corazón al ritmo de las palmas.
Sólo los cecilios son los cecilios, nadie como ellos hace sentir al público algo tan especial, con la ortodoxia folclórica y los aires de novedad. En el fondo, eso es crear y cada uno lo hace a su modo, la presidida por Alicia Monaj con el sello heredado de sus predecesores (incluso aquellos como Paco o Enrique que Dios tenga en su gloria porque le amenizarán los cielos).
Aunque agosto les espera con un calendario exigente, sin duda esta interpretación laurentino marca su calendario. Cosechan y se preparan para sembrar el resto del año. Y son tan audaces que, quién sabe, quizás otro año dediquen su velada a los hombres. Que eso, en estos tiempos, sí que es arriesgar (entiéndase la chanza en el éxtasis posterior al concierto y en la alegría inoculada por Santa Cecilia).