La fatal fascinación del fuego a través de un móvil

Los jóvenes aparecían sobreexcitados en la contemplación de las llamas destructivas edulcoradas a través de sus pantallas en Suiza

04 de Enero de 2026
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El fuego a través de las pantallas de un móvil, una irrealidad
El fuego a través de las pantallas de un móvil, una irrealidad

Hace unas semanas, describía la cierta conmiseración que me produjo constatar que un turista, apenas a tres metros de mí, se dedicó a hacerse autorretratos a través del móvil -ya saben, lo que hoy todos conocemos con el anglicismo selfie-. No era para menos. Tener una naturaleza abierta como el mar Cantábrico, las rocas y la obra de arte de El Peine de los Vientos y decidir circunscribirlo a las pulgadas del celular es toda una malversación vital.

A estas alturas, 4 de enero de 2026, estoy profundamente consternado por un video que llegó a mis manos que horroriza los ojos de cualquier persona con un mínimo de sensibilidad. En la tragedia de Suiza con más de cuarenta muertos, algunos de los jóvenes asistían entusiasmados al espectáculo de destrucción a través del fuego, y todo porque podían retransmitirlo en directo y grabarlo. Sus gestos eran de una excitación terrible, que tendría su punto divertido de no ser porque esa insensatez acabaría con la muerte de alguno de ellos.

En lugar de salir corriendo, que hubiera sido lo sensato y salvífico, los ojos se abrían desaforadamente, entusiasmadamente, sin la más mínima aplicación racional para entender, como explicaba Óscar Wilde, que la única ventaja de jugar con fuego es que uno aprende a no quemarse. Las destructivas llamas se asomaban, a través de la pantalla, edulcoradas por una visión engañosa.

Nos encontramos en una terrible pérdida del sentido de la realidad, en la que la vida se abarata por la obsesión de jugar con ella como trileros, creyendo que vamos a engañar a los elementos que esconden riesgos desde los principios de la humanidad. Las nuevas tecnologías, que habrían de ser con su inteligencia artificial predictoras de peligros, se convierten en una idealización de lo que se ve a través de las pantallas que opaca nuestra visión de la verdad. Y ahí caemos, porque eludimos el sentido común que expone, como escribió José Luis Sampedro, que sólo vale la serenidad cuando hay fuego. 

He escuchado esta mañana que se está produciendo una regresión de las redes sociales, pero me temo que es un espejismo. Exactamente igual que, hace un cuarto de siglo, se habló del ocaso de las comunidades sociales (su predecesor) porque no satisfacían su utilidad para mejorar la vida de las personas.

En el fondo, la perfecta previsibilidad de la inteligencia natural de lo que sucede cuando no se actúa con responsabilidad nos induce a mirar hacia atrás para impulsarnos hacia delante. Zaratustra fue rescatado por Nietzsche para proclamar que el ser humano es una cuerda atada entre el animal y el sobrehumano, una cuerda sobre el abismo. Un peligroso sobrevuelo, un peligroso estar de camino, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y quedarse quieto. Y agregaba, hace más de tres mil años que lo grande en el ser humano es que es un puente y no un fin, que lo que puede amarse en él es que es una trascendencia y una decadencia. Por motivos obvios, hoy estamos en tiempos de decadencia.

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