Querida vecina Fina. Y van dos.
Esta vez os escribo a ti, a tu marido y a tus hijos.
Tus hijos han crecido en una familia trabajadora y responsable. Desde pequeños han vivido lo que es el esfuerzo para alcanzar metas, nadie les ha regalado nada. En su hogar se han educado en el respeto, la democracia, el “buen vivir” como meta. Sois gente de bien. Mejor, sois buena gente.
Hoy quiero compartir contigo qué haría yo si me presentara a las elecciones aragonesas de este domingo.
Siete de febrero de 2026, fecha importante para la democracia en nuestro país. No sólo para nuestro Aragón sino para toda España. Porque el PP ha planteado una ristra de elecciones autonómicas en modo nacional, siguiendo su estrategia política desde que Feijóo no pudo formar gobierno, aunque tuvo más votos que Sánchez, hace casi tres años. O sea, acabar con el gobierno progresista. Primero dijo que era un gobierno ilegítimo (¿desde cuándo es ilegítimo negociar y pactar con otros grupos para que sea posible formar gobierno?). Luego deshumanizó a Sánchez, convirtiéndolo en enemigo. Después permitió una vergonzosa cadena de concentraciones frente a Ferraz, entre las que algunos individuos, hombres y mujeres, usaban un títere, lo manteaban y gritaban “asesino”. Y, permanentemente, llamándolo “dictador” y “traidor”. ¿Cómo hemos llegado a tal punto en que las palabras han perdido su significado? Parece ser que la explicación está en que el lenguaje es performativo; es decir, que crea realidad… ¿Cómo es que corren por las redes informaciones falsas…? Esto es un riesgo para la democracia. Hacer pensar y creer a la gente que están secuestrando la libertad…
La política, o sea, el desempeño de acciones para organizar la vida en común, no es un partido de fútbol. Al equipo adversario en el deporte hay que ganarle. Al partido político distinto, si está en el poder, hay que hacerle oposición, cierto, pero oposición democrática. Sin bulos, sin falsas noticias, sin insultos ni amenazas. Sin usar los poderes del Estado para derrocarlo, como si el gobernante nos hubiera robado dinero, capacidad de decisión, saciar nuestros gustos y apetitos (tomar cañas a cualquier hora, ir a la velocidad que nos pete, cazar y pescar sin regulación, defender los toros como si fueran lo más importante de nuestra sociedad española…).
Pero… volvamos a lo que nos ocupa.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón defendería un desarrollo de nuestra economía, no sujeto exclusivamente al turismo y a las tecnológicas. Con equilibrio entre los sectores del campo, industrial y de servicios, contemplando la necesaria cohesión territorial entre todas las comarcas. Incluiría una red de transporte público, fundamentalmente ferroviario, que facilitara la movilidad entre poblaciones, con otras comunidades autónomas y con Francia. Y cuestionaría que todo pase por la alta velocidad. Eso es defender la igualdad entre todos los españoles, entre todas las aragonesas.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón, recuperaría las incipientes políticas de género, de apoyo y defensa de las mujeres, de denuncia de la violencia machista. ¿En todos los partidos hay acosos sexuales? Probablemente, pues el machismo es estructural y afecta a todas las capas y niveles sociales. Estoy harta de oír a la derecha y la ultraderecha que desde que hay migrantes en nuestras poblaciones ha crecido la inseguridad y las violaciones a las mujeres. ¿En qué datos basan sus eslóganes? Y que, encima, se erijan en protectores de las mujeres. ¿Recordáis que en la dictadura franquista se decía algo parecido? Había dos tipos de mujeres: mi madre-mi hermana-mi hija, por un lado; y las otras. Como manifestaba Berlusconi y Trump, entre otros, las mujeres son bellas. Ahí estamos.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón, defendería los derechos laborales frente a los intereses financieros y de las grandes empresas. El Salario Mínimo Interprofesional, el Ingreso Mínimo Vital, la regulación de los sectores más precarizados (trabajadoras del hogar, riders, trabajadores del campo, kellys,…), disminuir la brecha salarial de género,… estarían entre mis prioridades.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón, aplicaría la Ley de Vivienda estatal. Pondría topes a los precios de alquileres, crearía un amplio parque de vivienda pública (de alquiler y de venta), contando con los pisos vacíos (dando garantías a sus dueños para que percibieran el dinero acordado por el alquiler y estuvieran tranquil@s en el mantenimiento adecuado de sus viviendas) y favoreciendo la construcción de vivienda pública. Por ejemplo, insistiría al gobierno central para que las 140 viviendas prometidas en el solar de la cárcel de Huesca se hicieran y mantuvieran su carácter de vivienda pública.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón, defendería la sanidad pública, la educación pública, la respuesta pública a la dependencia de las personas mayores y a las de distintas capacidades. No os dejéis engañar: cuando Azcón dice que ha subido los presupuestos para la educación y la sanidad se está refiriendo a las subvenciones y nuevos conciertos con el sector privado (Quirón, Bachilleratos, FP, Universidad San Jorge, Educación Infantil, Residencias de Mayores, Centros de día diversos…). Mientras deja las aulas de colegios, institutos y centros de FP sin el personal y los medios materiales necesarios. Y sin vertebrar todo el territorio aragonés en torno al acceso a estos derechos básicos.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón acogería a los menores no acompañados que fuera necesario y les ofrecería condiciones dignas de vida. Y convencería sobre la necesidad de regularizar a las personas migrantes y de respetar, profundamente, el derecho a vivir donde cada familia quiera; sobre todo, cuando se busca un lugar seguro.
Si yo fuera candidata a las Cortes de Aragón… En fin. Haría una política de infancia y juventud que abordara la pobreza infantil, por medio del apoyo decidido y presupuestado para que ninguna niña ni ningún niño que viva en Aragón se quede fuera de los derechos a la educación, salud, cultura y deporte; tenga el origen que tenga, pertenezca a la clase social que sea, tenga el color que tenga, tenga sus raíces culturales y étnicas y religiosas que sean… Todos, todas, todes.
Fina y familia. Espero veros el domingo en el colegio electoral. La democracia es un derecho que hemos de defender. Las elecciones deberían ser la fiesta de la democracia, tal y como las vivimos en la transición. Mi madre decía: Claro que voy a ir a votar; mi voto vale lo mismo que el de la señora rica donde serví de joven. Mi padre decía: ¿Cómo es que no se ponen de acuerdo, los políticos inteligentes y sensatos, que buscan el bien común de la sociedad?
Un fuerte abrazo. Salud y Libertad.