Aneto, Gratal, Guara, Bonés, Peiró... la plaga de vandalización de símbolos religiosos en la montaña

Indignación en los círculos montañeros por la destrucción de cruces y la profanación de otras manifestaciones artísticas cristianas en el Pirineo y las sierras oscenses

26 de Abril de 2026
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Lo que queda de la Cruz en el Pico Gratal
Lo que queda de la Cruz en el Pico Gratal

Vandalización sin causa o anticristianismo. La dicotomía puede aunar los dos factores. La desaparición de la Cruz del Aneto ha provocado la natural consternación y la búsqueda de la metodología utilizada por los destructores, pero también la interpretación de los motivos, si es un ataque contra los símbolos del catolicismo y de la iglesia o, simplemente, el ejercicio del deporte menos recomendable en la montaña: hacer daño como exclusivo impulso.

Esta última explicación pierde un cierto sentido si analizamos la "plaga" de ataques y de profanaciones de los últimos tiempos, que se extienden por el Pirineo y por las sierras exteriores, algunos de ellos con bastante menos visibilidad de la que ha tenido el techo del Pirineo, pero no por ello menos significativos en la semiótica del actual pensamiento -por identificarlo de algún modo- de algunas capas de la sociedad.

Durante todo este invierno, quienes han subido los 1.563 metros del Pico Gratal han podido comprobar el destrozo que gente sin escrúpulos ha provocado al derribar la histórica Cruz, abatida y apenas reducida a cuatro piedras y a la señalización del propio paraje: "Peña Pico Gratal 1563m". Así lo han acreditado incluso fotográficamente tanto Peña Guara como el Club de Montaña Javieres, que aseguran que es muy anterior a la barbarie del Aneto, fechada en la primera quincena de abril.

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PROFANACIONES Y MÁS CRUCES DERRIBADAS

También la denominada Cruz de los Javieres, en identificación del Club de Montaña, ha tenido que ser restaurada en dos ocasiones, la última hace meses. Está situada en el camino hacia Guara que tanto toman estos montañeros partiendo en ocasiones de Bentué por Used, Fenales hasta el collado de Guara. El hartazgo de la devastación de la intolerancia ha derivado en la instalación con una cimentación más fuerte sobre la que erigir la Cruz, con grandes piedras para consolidarla en torno a ella, algunas de las cuales en ocasiones se encuentran tirada hacia abajo. Este símbolo, que a su vez ejerce de señal en la encrucijada para indicar la vía correcta hacia Guara, lleva prácticamente medio siglo en ese lugar.

Un territorio muy universal pero además habitual de esta agrupación es el de Loma Plana o La Pardina, a casi mil quinientos metros de altitud, entre las sierras de Loarre y Caballera, cuya cruz metálica también ha resultado vandalizada.

El propio club hubo de reponer antes de este pasado periodo navideño el pequeño Belén que, discretamente, luce en las estribaciones del Peiró, vandalizado en cualquier día de anonimato y cobardía sin más rédito que el de alimentar la ignorancia o el odio.

Otro tipo de construcciones han sido pastos de la barbarie, como esconjuraderos en los que se oficiaban ritos y oraciones contra la llegada de tormentas y vendavales que pudieran destruir las cosechas.

El 31 de agosto de 2025, informaba EL DIARIO DE HUESCA de una profanación dolorosa: la de la imagen de la Virgen con el Niño Jesús pintarrajeados con rotulador negro para convertir el arte en mediocre caricaturización que incluía un piercing en la nariz y un tatuaje en la Ermita de La Malena, en la Sierra de Bonés, término de Arguis.

ATAQUE RELIGIOSO Y A LA TRADICIÓN

Estos hechos, constitutivos de delito sin lugar a dudas, no pueden sostenerse sobre la idea de la laicidad de los espacios públicos naturales. Los símbolos que hollan las más representativas cumbres, además de la expresión de la libertad religiosa y de pensamiento (recuérdese a Miguel Servet, ejecutado precisamente por su defensa), constituyen una tradición montañera que los clubes como los dos aludidos y el resto de los que convierten esta provincia en la reina del pirineísmo defienden y practican sin necesidad de un estricto ejercicio cristiano (que muchos de ellos también).

En la montaña y los parajes naturales, además de la propia autoprotección, se habilitan símbolos relacionados con las costumbres atávicas y también con la dimensión espiritual del ser humano cuya necesidad sostienen filósofos clásicos y pensadores contemporáneos de acreditada solvencia. Son continuidad, en muchos casos, del legado de generaciones desde tiempos inmemoriales, y forman parte de la identidad cultural de nuestro país, nuestra provincia y sus pueblos.

Resulta prácticamente imposible, como sostienen muchos montañeros, pensar que esta intención destructiva, ejecutada con premeditación, alevosía y soledad (la de los montes es como la nocturnidad en los delitos urbanos) pueda provenir del medio rural o también de los que entienden que no debieran habitar en estos espacios desde una honradez intelectual, que naturalmente es respetable. La Guardia Civil sigue investigando, pero la colaboración ciudadana puede ser el mayor factor disuasorio contra este tipo de actuaciones deplorables. Gente que ataca y derriba nuestras raíces, nos persignemos o no.