Cita a las seis de la tarde en la Iglesia de San Pedro de Ayerbe. Un hito importante, entre la nostalgia y la alegría por recibir un legado sencillo de 49 años de entrega al prójimo. En el centro de la atención, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, y en su rededor vecinos de la propia Ayerbe, Losanglis, Piedramorrera, Biscarrués, Erés, Santa Eulalia de Gállego, Riglos, Fontellas, Jabarrillo y Loscorrales. Compañeras de la congregación, el párroco, José Ignacio Martínez y, presidiendo, el obispo de Huesca, Pedro Aguado Cuesta. En las celebraciones, que se completaron con un acto institucional de agradecimiento, la corporación municipal con el alcalde, Antonio Biescas, miembro del Movimiento Junior de Acción Católica que disfrutó durante años.
La parroquia estaba repleta de feligreses para una ceremonia como Dios manda, con protagonistas que pusieron su voz a un acontecimiento no por triste menos trascendental. El adiós desde el conocimiento de los orígenes que explicaba José María Alonso, consiliario del Consejo de Acción Católica, que recordaba el establecimiento por el obispo Lino Rodrigo de la comunidad de Misioneras Hijas del Inmaculado Corazón en una finca donada en testamento durante la Segunda República por la vecina Ramona Cinto, con la educación como hilo conductor de su misión. Sus alumnos de Bachillerato Elemental Libre se examinaban a fin de curso en el Ramón y Cajal de Huesca. Complementaban esta labor con la atención a mayores y enfermos.
A aquellas admirables monjas, que cesaron en su actividad por diversas vicisitudes entre ellas la nueva ley educativa de Villar Palasí, les sustituyeron las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en 1977. Fue un relevo ordenado y armónico, para cubrir las mismas funciones de educación y atención a los ancianos. José María Alonso, casi tres décadas coadjutor y párroco en Ayerbe, explicaba que las religiosas han tenido siempre abiertas las puertas a todas las personas desde sus orígenes con las primigenias, Mercedes Escartín, Ricarda López, Pilar Melero (ya difuntas) y Josefina Aragüés, que ha echado sus raíces plenamente en Ayerbe, hasta el punto de que en 2022 fue proclamada por el Ayuntamiento y atendiendo al anhelo popular Dama de Ayerbe. El sacerdote recordaba la Guardería Infantil inicial absorbida por el Colegio Público y la ayuda domiciliaria para acompañar en la soledad y la enfermedad de los ancianos, los trabajos de catequesis o las celebraciones de la Palabra en las parroquias de los pueblos y, sobre todo, la dedicación a los mayores en la residencia de la tercera edad, que se edificó y abrió bajo su impulso. Los nombres de Ricarda, Encarna, Celia y Josefina quedarán para siempre en la memoria ayerbense por su extraordinaria actividad social y por la profundidad de sus enseñanzas humanas y espirituales.

MANTENER EL CARISMA
Después de las Lecturas en las que se proyectaba el mandamiento del amor, tomaba la palabra el Padre Pedro Aguado Cuesta, fiel a su práctica oratoria cimentada en las trinidades de conceptos o de palabras. El obispo de Huesca y Jaca puso en valor la inmensidad del amor de las Hermanas como motor del servicio, de sus desvelos en la residencia por los ancianos, de su tierna dedicación a los niños, de su impulso a las catequesis y de acompañamiento en el Movimiento Junior de Acción Católica.
El prelado, que estaba acompañado por el vicario general José Alegre entre otros sacerdotes, emocionaba a la feligresía con la reflexión que acompaña el relato de la singladura de las religiosas en Ayerbe, 49 años nada menos, y recomendaba a los ayerbenses y a los vecinos de los pueblos del entorno que tuvieran presente que "el carisma no se pierde, hay que mantenerlo", y esa es una responsabilidad que queda ahora para los que permanecen en esta zona como tributo sincero a las lecciones de vida y de trascendencia que han legado las Hermanas.

La celebración se impregnaba de gratitud inversa y humilde de la hermana Josefina Aragüés, querida extraordinariamente por los miembros del Junior y por toda la villa de Ayerbe por su bonhomía, por su sencillez y por su sabiduría en el trato con el prójimo, por su ternura hacia los ancianos y su mirada cómplice con los niños.
Emoción hasta el final de la Eucaristía con el párroco, José Ignacio Martínez, en la ofrenda de símbolos que representan la trayectoria de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Ayerbe y su entorno. Un peluche por los niños, un bastón por los ancianos, un cuaderno escrito dentro del Movimiento Junior de Acción Católica, un evangelio por la misión incansablemente desempeñada, un rosario e incluso una miniatura de un Seat 600 por la inagotable voluntad de trasladarse a los pueblos de la comarca para prestar sus servicios. Todo con la fuerza del corazón, de la fe y de la voluntad de emana de su amor a Dios trasladado a los seres humanos. El obispo Aguado las reunía frente al altar y les despedía afectuosamente con palabras reconfortantes. El colofón de una vida de entrega que ahora les es devuelta a Mercedes Escartín, Ricarda López, Pilar Melero, Josefina Aragüés, Encarna Barcos, Aurelia Gutiérrez, Iluminada Dionís, Celia Ortega, Pilar Sanclemente, Laura Sabio, Alejandrina González, Adela Marín, Carmen Larralde, Pilar Serrae, Rosa Parra y Ascensión Martínez. Heroínas discretas y abnegadas para los anales de la historia de Ayerbe, con hábito y dotando a los demás de los mejores hábitos. 1977-2026. Y, hoy, un hasta siempre, hermanas.