En el corazón del Casco Viejo de Huesca se encuentran las ruinas de la Iglesia de La Malena, un rincón histórico que estos días añade un nuevo foco con la instalación del Belén.
María José Beneyto es una de las artífices de este proyecto, junto con su marido, Antonio, y Ana Mari Losfablos. Los tres ponen toda su ilusión y empeño y el resultado es magnífico.
María José explica que las primeras figuras, de un tamaño considerable, se colocaron por primera vez hace 12 o 13 años, cuando se rehabilitaron las ruinas de la iglesia, un espacio que había permanecido olvidado durante años. Con las puertas cerradas y el lugar en desuso, un grupo de vecinos decidió tomar la iniciativa para preservar la memoria del lugar y darle un nuevo propósito. Así nació este Belén, que ha crecido y evolucionado con el paso del tiempo.
En sus inicios, el Belén era más pequeño y se encontraba ubicado en un espacio distinto, aunque próximo. Hoy, gracias al esfuerzo constante de varios vecinos, cuenta con un montaje más elaborado. Este año, las novedades incluyen un corderito y una gallina y un gallo, realizadas artesanalmente.
El Belén no solo supone una celebración navideña, sino que rinde homenaje a la iglesia de La Malena, una construcción de estilo románico que data del siglo XI. Aunque hoy en día se encuentra en ruinas, sigue siendo un importante vestigio del pasado histórico y arquitectónico de Huesca.
A excepción de San José y la Virgen, que fueron creadas por Julio Luzán, y el niño Jesús, el resto de las figuras del Belén se han llevado a cabo con maniquíes restaurados, algunos incompletos, a los que los vecinos les dan nueva vida con telas cuidadosamente seleccionadas. Aunque los recursos son limitados, la dedicación y el esmero con los que se realiza cada detalle hacen que el resultado sea único.
Además de ser un atractivo en sí mismo, el Belén ha despertado interés en los más pequeños. Colegios como Santa Ana, Salesianos y Santa Rosa han llevado a sus alumnos a visitarlo. Durante las visitas, los escolares no solo contemplan el Belén, sino que también cantan villancicos y comparten la experiencia con sus familias, lo que ha ayudado a difundir este proyecto entre los habitantes de la ciudad.

María José y sus compañeros tienen un objetivo claro: incorporar La Malena al recorrido turístico del Casco Viejo de Huesca. Además, sueñan con que algún día se construya una capilla dedicada a Santa Magdalena, lo que permitiría recuperar aún más la relevancia histórica y cultural de este espacio.
El Belén de La Malena es mucho más que una representación navideña: es una expresión de trabajo colectivo, tradición y respeto por el pasado de Huesca. Gracias al esfuerzo desinteresado de sus creadores, este lugar sigue vivo, recordando la importancia de cuidar y preservar nuestra historia.
El Belén de La Malena no es solo una representación navideña: es un símbolo de dedicación, tradición y comunidad. Gracias al esfuerzo de vecinos como María José, este lugar se mantiene vivo y continúa siendo un puente entre el pasado y el presente de Huesca.