El comandante Javier Abizanda cenará, Dios mediante, el 31 de agosto en la Base Antártica Gabriel de Castilla, hasta donde se dirige en estos momentos después de unos dísa de aproximación y de disfrutar de la experiencia de disfrutar de la Navidad en la Isla Livingstone. Tras meses de preparativos y realizar la carga de los contenedores en Zaragoza, la Campaña Antártica del Ejército de Tierra desarrollará sus misiones gracias a un equipo multidisciplinar con trece compañeros de las Fuerzas Armadas a las órdenes del oficial de Santalecina.
El acercamiento al destino ha tenido su punto experiencial. Este domingo estaba en Livingstone. Mientras se abre la Base Antártica Española Juan Carlos I, el lunes comienza la apertura de la Gabriel de Castilla tras zarpar de Ushuaia el 26 de diciembre en una singladura por el Mar de Hoces (paso de Drake) con mala mar por la concurrencia de vientos virulentos, "pero todo está yendo bien".
Cenó en Nochebuena en el hotel en Ushuaia con sus compañeros y el 25 comieron en el Hespérides, "nos trataron muy bien y con comida típica de Navidad". En el caso del hotel, un menú sencillo, lejos de esos menús de 130 euros que prodigan los argentinos.
Disfrutan de una temperatura de 2-3 grados pero con una luz magnífica, y la previsión es de que baje el mercurio hasta los tres negativos. Nada comparable con los veinte bajo cero que han soportado otras campañas.
Una vez en la base, comenzará el año con sus funciones propias de apoyo a los científicos (cerca de la veintena) con seis embarcaciones zodiac para el desarrollo de varios proyectos de investigación. La media de edad de la expedición es de 45 años, con participación de una mujer. Conviven en 240 metros cuadrados sobre el cráter de un volcán activo sobre el que se colocan 264 sensores.
Ha llegado la hora de la verdad después de muchos meses de preparación de la 39 Campaña Antártica del Ejército de Tierra. Se sienten sucesores de la estela del navegante Gabriel de Castilla, quien avistó la Antártida en 1603. Cada uno tiene su especialidad: un médico, un veterinario, especialistas en alimentación, en comunicaciones, en navegación, en movilidad, en motores, en instalaciones de fontanería y electricidad, en intendencia y, al frente, el oscense Javier Abizanda. Alto grado de especialización, imprescindible solidaridad para ayudar cuando sea menester.
Como afirmaba a EL DIARIO DE HUESCA hace unos meses Javier Abizanda, la misión es "servir a la comunidad científica". Les ofrecen la comida, facilitan el descanso, las condiciones de los accesos y las medioambientales, cuidan de la salud y transportan a los investigadores allí donde sea preciso. "Para la ciencia, la seguridad es imprescindible".
Cuando estén en la Base, sólo habrá momentos para el asueto después de cenar, donde algunos de los científicos cuentan los hallazgos y sus inquietudes. Los 13 que todo lo facilitan escuchan porque en curiosidad son maestros, sin olvidar sus respectivos objetivos. Comentan las peculiaridades de la Isla Decepcilón, a más de mil kilómetros de Ushuaia, y también del clima en este verano en que hace viento y humedad para dar una sensación térmica de -10 grados o por debajo.
La Base estará operativa durante el verano antártico, tres meses de estación cálida en el continente helado. La expedición que dirige el comandante Javier Abizanda forma parte de unos valerosos militares que, desde 1988, apenas ha llegado al medio millar. Perciben el valor y orgullo de su espíritu expedicionario, sobre un cráter de un volcán activo que hace casi seis años entró en erupción, lo que provocó que volara la base chilena y los ingleses se fueran..
Entre fumarolas y zonas de agua a 90 grados, pasarán varias semanas los 13 hombres a las órdenes de Javier Abizanda a 13.000 kilómetros de distancia de casa. En el fondo, es un destino que les marcará su ejecutoria militar, la de este joven comandante de apenas 41 años. En un escenario excitante donde el trabajo será duro y la recompensa será beneficiar a toda la humanidad, entre ballenas y pingüinos. Feliz singladura, comandante.