El Cristo Yacente recibe la adoración de cientos de oscenses en un goteo incesante

Momentos para la oración y la reflexión en intimidad de la Iglesia de Santo Domingo y San Martín tras la Procesión del Santo Entierro

04 de Abril de 2026
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El Cristo Yacente es adorado toda la mañana de Sábado Santo en Huesca

Es la secuencia de la historia y un paso más en el proceso de la Pasión y la Muerte de Jesucristo en el camino hacia la Resurrección. Cristo ha muerto en la Cruz y su cuerpo reposa, después de ser sometido a una violencia extrema, en el sepulcro.

El sepulcro fue depositado, tras la Procesión del Viernes Santo, en el altar de la Iglesia de Santo Domingo y San Martín, con toda la solemnidad de quienes aguantaron tras prácticamente cuatro horas desde que se iniciara el desfile que recreó con los maravillosos pasos de Huesca los sucesos desde la Entrada de Jesús en Jerusalén hasta su muerte en la Cruz. Después de la despedida de las multitudes y el fervor de los cofrades y de los fieles que se agolparon en las aceras, quedó para la noche en silencio, en el recogimiento del templo. No sin antes recibir el rezo y las palabras de quienes participaron en, probablemente, los instantes más hermosos, los postreros con autoridades eclesiásticas y civiles y representación de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz y de cofradías.

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Cientos de feligreses se han aproximado para orar y para rendir tributo al Cristo, en adoración intensa, profunda y serena dentro de la tristeza. Junto a Jesús, la Madre compungida y expectante.

Durante toda la mañana, los fieles se han acercado hasta el altar de Santo Domingo y San Martín para admirar la madera policromada que modeló José Capuz y talló Eduardo del Pino, y que fue adquirida por la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz. La figura, que fue resaltada por el obispo Pedro Aguado Cuesta en su pregón, relucía con ese resplandor de la divinidad, como viene haciéndolo desde hace 166 años en que procesiona sobre la peana de Cristóbal Mendoza restaurada en 2013. Los doce hombros de los costaleros la han dejado en la sensación de paz de la iglesia en penumbra, donde reposará todo el año hasta la siguiente Semana Santa.

Profundísimo respeto de las y los oscenses y visitantes para santiguarse, la señal de la Santa Cruz, y para rezar ante el Cristo cuya semblanza rebosa serenidad tras el sufrimiento. ¡Quién sabe si, como desvelan las Escrituras, estará a punto de resucitar para la redención de los pecados y la esperanza de la humanidad!

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