“Cuidar es lo más cercano que existe a tocar el cielo”. La frase, pronunciada desde la experiencia de quien ha pasado por la enfermedad, la incertidumbre y la UCI, resumió este viernes el discurso de Ignacio Almudévar durante la graduación de la nueva promoción de la Escuela Universitaria de Enfermería de Huesca.
Medio centenar de nuevas enfermeras y enfermeros recibieron sus bandas de graduación en el salón de actos de la Escuela Politécnica Superior del Campus de Huesca, en una ceremonia que reunió a estudiantes, familias y profesorado y que cerró simbólicamente el curso académico de este centro adscrito a la Universidad de Zaragoza.
La presidencia institucional estuvo encabezada por Ángel Orduna, director de la Escuela Universitaria de Enfermería de Huesca, junto a Marta Liesa, vicerrectora del Campus oscense; Raquel Genzor, directora-gerente del Salud para las áreas sanitarias de Huesca y Barbastro; Belén Sanz, adjunta a la dirección de Enfermería del Servicio Aragonés de Salud; y Carmen Tosat, presidenta del Colegio Oficial de Enfermería.

La ceremonia comenzó con la actuación del Coro del Campus de Huesca, dirigido por Alejandro Escuer, antes de la intervención de Almudévar, padrino de esta promoción y coautor, junto a Alicia López, del libro Un cuerpo rebelde, una vida infinita.
Bajo el título “Cuidar es infinito”, Almudévar construyó un discurso profundamente humano sobre la enfermedad, la vulnerabilidad y la dimensión emocional de la enfermería. “La vida no es una meta, es un camino”, afirmó antes de mirar a los nuevos graduados para asegurarles que su profesión “también es un camino al infinito”.
El padrino recordó que permaneció 50 días ingresado y 35 en la UCI afectado de coronavirus, una experiencia que, según explicó, le permitió comprender de verdad el significado de la profesión sanitaria. “Cuando todo se vuelve frágil, cuando la vida se tambalea, cuando la noche parece no terminar, aparecéis vosotros no como técnicos, aparecéis como personas”, expresó.

A lo largo de su intervención insistió en que “la enfermería no es solo una profesión”, sino “una forma de mirar, una forma de tocar y una forma de acompañar”. También defendió que los estudiantes no habían aprendido únicamente una carrera universitaria, sino la capacidad de “estar incluso cuando no hay palabras”.
Almudévar insistió en que “acompañar también es sanar”. “Esa segunda oportunidad no era solo para mí, era para ponerme al servicio de los demás”, afirmó al recordar el periodo posterior a su recuperación.
“El dolor hay que vivirlo para comprenderlo”, señaló durante una intervención en la que mezcló reflexiones personales y agradecimientos. Uno de los momentos más emotivos llegó cuando recordó a una enfermera de la UCI que le dio un beso mientras se debatía entre la vida y la muerte. “Nunca supe quién era, no sé su nombre ni dónde está, pero vive en mi corazón”, confesó visiblemente emocionado.
También tuvo palabras de agradecimiento hacia Marta Polo, profesora de la escuela y antigua responsable del equipo de humanización de la UCI, con quien lleva años participando en charlas dirigidas al alumnado de Enfermería. Almudévar aseguró que ejercer como padrino suponía para él “un enorme orgullo y un profundo respeto”, porque los nuevos graduados representan “el futuro del cuidado, de la dignidad y de la esperanza”.

Durante buena parte de su intervención insistió en la importancia de la humanización en la atención sanitaria. “Un gesto puede cambiar la experiencia de un paciente, puede sostenerla, puede aliviarla, puede hacerla más llevadera”, afirmó antes de recordar la importancia de “una mirada, una mano o una sonrisa” en mitad del sufrimiento.
“El paciente no es un caso médico, es una historia; una historia con miedo, incertidumbre y preguntas sin respuesta”, explicó. A su juicio, ahí reside precisamente la diferencia “entre mirar y ver”. “Mirar es cumplir; ver es conectar”, resumió.
El padrino de los egresados recalcó la transcendencia de la labor que van a desarrollar los nuevos egresados. “Cuando llegáis a alguien en su momento más bajo no solo estáis haciendo vuestro trabajo, estáis dejando huella”, afirmó. “Podéis formar parte del momento que nadie olvidará nunca. Y eso os transforma”.
"Sentirse comprendido fortalece”, y concluyó proclamando que "cuidar no es solo lo que se hace, es lo que queda”, y pidiendo a los nuevos enfermeros y enfermeras que nunca pierdan sensibilidad ni permitan que la rutina apague su vocación. “No tratéis enfermedades, tratad personas”, reclamó.
En otro de los pasajes más aplaudidos, Almudévar insistió en que “la técnica se aprende y la ciencia evoluciona”, pero defendió que “el alma con la que cuidáis es lo que marca la diferencia”.
También dedicó unas palabras emocionadas a Miguel, compañero y amigo fallecido recientemente, y a su hijo Julián Greco, integrante de la promoción graduada este año. “Tu padre puede estar orgulloso de ti”, expresó.
Durante el tramo final del discurso pidió a los nuevos sanitarios que no olviden cuidarse a sí mismos y comparó el cuidado con la agricultura. “Cuidar se parece mucho a cultivar”, afirmó, porque exige paciencia, presencia y confianza en que el tiempo termine haciendo florecer las cosas.

El padrino dedicó igualmente parte de su intervención al profesorado y a las familias. Sobre los docentes aseguró que “dejan huella” mucho más allá de las aulas, mientras que de las familias destacó que “antes de la vocación hubo valores” y la capacidad de enseñar a ponerse “en el lugar del otro”.
“Hoy empieza una nueva etapa”, afirmó dirigiéndose a los estudiantes. “Ya no sois estudiantes; sois esperanza”.
Tras la última lección del curso, los integrantes de la mesa presidencial impusieron las bandas de graduación a los nuevos profesionales sanitarios. Posteriormente, Samantha Cabalar recibió el Premio Extraordinario de Fin de Carrera de la Universidad de Zaragoza, reconocimiento que distingue al mejor expediente académico de la promoción.
CADA GESTO TIENE IMPACTO
La ceremonia concluyó con las intervenciones institucionales y la actuación de la Honoris Tuna de Aragón.
La presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Huesca, Carmen Tosat, reconoció que resultaba difícil añadir algo después de un discurso “tan bonito” sobre la profesión y el cuidado de Ignacio Almudévar. Tosat, que recordó también su etapa como profesora de la escuela, felicitó a los nuevos graduados por cuatro años de esfuerzo, noches de estudio, prácticas y aprendizajes personales, pero les advirtió de que el título suponía, sobre todo, asumir “una gran responsabilidad”.
Dio la bienvenida a los nuevos enfermeros y enfermeras a “una profesión que no siempre es fácil, pero que siempre es necesaria” y reivindicó el papel de la enfermería como una labor que “sostiene, acompaña y muchas veces marca la diferencia entre la desesperanza y la dignidad”. Tosat recordó además que el colegio profesional será desde ahora “su casa” y pidió a los nuevos sanitarios que no pierdan nunca la curiosidad, la formación continua ni la capacidad de trabajar en equipo en un sistema sanitario que definió como complejo y exigente. “No subestiméis nunca el poder de lo aparentemente pequeño”, señaló antes de insistir en que “cada gesto tiene impacto”.

En el tramo final de su intervención, Carmen Tosat pidió además un aplauso para quien ha sido durante la última década el director de la escuela, Ángel Orduna, quien también recibió un ramo de flores que le entregó la delegada de curso.
DIEZ AÑOS COMO DIRECTOR
Orduna agradeció emocionado las muestras de cariño recibidas y recordó que a lo largo de esos años ha vivido “buenos momentos, malos momentos, malas noches y malos días”, pero aseguró que lo más gratificante siempre ha sido el agradecimiento de los pacientes y de sus familias.
“El gracias de un paciente después de un cuidado o de una técnica es lo que más me ha llenado siempre en esta profesión”, afirmó antes de felicitar a los nuevos graduados, a sus familias y también al profesorado y al personal de la escuela, a quienes atribuyó buena parte de la formación humana y profesional de los nuevos enfermeros.
Orduna recogió una de las reflexiones planteadas previamente por Ignacio Almudévar sobre la historia personal que existe detrás de cada paciente. El director defendió que no puede entenderse la enfermedad de una persona sin comprender cómo la vive, cómo la siente y cómo la afronta. “No se puede entender la enfermedad si no nos ponemos en la piel de esa persona”, señaló antes de insistir en que esa mirada resulta “imprescindible” para poder cuidar de verdad.

HUMANIDAD, FORTALEZA Y ADAPTACIÓN
La adjunta a la dirección de Enfermería del Servicio Aragonés de Salud, Belén Sanz, felicitó a los nuevos graduados y destacó que la enfermería exige mucho más que conocimientos técnicos. A su juicio, la profesión requiere también “humanidad, fortaleza y una enorme capacidad de adaptación” en un sistema sanitario en constante transformación, marcado por nuevos retos demográficos, tecnológicos y sociales.
Sanz defendió que la mirada y la formación de las nuevas promociones serán esenciales para construir una sanidad “más humana y más cercana” y animó a los nuevos enfermeros a seguir formándose, trabajar en equipo y no perder la esencia que les ha llevado hasta la profesión. “Hoy recibís un título universitario, pero también la responsabilidad de ejercer con ética, respeto, rigor científico y sensibilidad”, afirmó antes de darles la bienvenida “como compañeros”.

EL APOYO DE RAQUEL GENZOR
La directora-gerente del Salud para las áreas sanitarias de Huesca y Barbastro, Raquel Genzor, felicitó a los nuevos graduados por culminar una etapa académica marcada por “el esfuerzo, la dedicación y la disciplina” y les deseó “los mayores éxitos” en la nueva etapa profesional que comienzan a partir de ahora. Genzor recordó además que la Escuela Universitaria de Enfermería ha sido “su casa” durante los últimos cuatro años antes de despedirlos ya como nuevos profesionales sanitarios.
Tras su intervención, el director de la escuela, Ángel Orduna, pidió un aplauso para Raquel Genzor por el respaldo prestado al centro durante los últimos años, especialmente en una etapa marcada por las reformas en las infraestructuras de la escuela y por el incremento del profesorado. Orduna atribuyó buena parte de esos avances al apoyo y al esfuerzo de la responsable sanitaria.
IMPORTANCIA HISTÓRICA
La vicerrectora del Campus de Huesca, Marta Liesa, puso en valor la trayectoria histórica de la Escuela Universitaria de Enfermería, un centro que lleva 56 años formando profesionales sanitarios en la capital oscense. Durante su intervención precisó que los alumnos que finalizaron este año sus estudios pertenecen a la quinta promoción del actual título de grado, aunque recordó que antes de su implantación ya habían salido de sus aulas numerosas generaciones de diplomados.
Liesa agradeció además el esfuerzo realizado por el equipo directivo y por el conjunto del personal del centro para sacar adelante una ceremonia que definió como “muy bonita” para estudiantes y familias. La responsable universitaria tuvo palabras de reconocimiento hacia Ángel Orduna, Carmen Tosat y anteriores direcciones de la escuela, como las encabezadas por Concha y Esther, y reiteró el objetivo de lograr la integración de la Escuela de Enfermería de Huesca —junto a la de Teruel— en la Universidad de Zaragoza.
La vicerrectora felicitó igualmente a Ignacio Almudévar por una conferencia que calificó de “preciosa” y trasladó su enhorabuena al alumnado y a sus familias por el camino recorrido durante estos años. También destacó el expediente académico de Samantha Cabalar, Premio Extraordinario de Fin de Carrera, a quien agradeció haber “aprovechado al máximo los recursos públicos”. Antes de concluir, recordó a los estudiantes que la escuela seguirá siendo “su casa” en el futuro.