El eclipse que solo una generación podrá contemplar desde Huesca

David Vicente, planetarista del Planetario de Aragón, explica qué ocurrirá minuto a minuto durante el acontecimiento astronómico del próximo 12 de agosto

06 de Agosto de 2026
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El planetarista David Vicente. Foto Myriam Martínez
El planetarista David Vicente. Foto Myriam Martínez

Hay acontecimientos astronómicos que se observan con curiosidad y otros que permanecen grabados para siempre en la memoria. El 12 de agosto, el cielo de Huesca regalará uno de esos instantes irrepetibles. La alineación perfecta entre el Sol, la Luna y la Tierra permitirá contemplar un eclipse total que, según explica el planetarista del Planetario de Aragón, David Vicente, constituye una oportunidad extraordinaria: un fenómeno que, estadísticamente, solo puede disfrutarse una vez en la vida desde un mismo lugar.

Aunque cada año se producen, de media, dos eclipses solares en algún punto del planeta, la coincidencia necesaria para que la sombra de la Luna cruce exactamente un territorio concreto resulta excepcional. Los eclipses totales se repiten aproximadamente cada año y medio en distintas regiones del mundo, pero sobre un mismo emplazamiento pueden pasar alrededor de cuatro siglos hasta que vuelvan a producirse. En la Península Ibérica, recuerda el experto, no se contempla uno desde hace más de cien años.

El espectáculo comenzará hacia las 19:30, cuando la Luna realice el primer contacto con el disco solar. A partir de ese instante irá avanzando lentamente hasta ocultarlo por completo poco antes de las ocho y media de la tarde. Desde el Planetario de Aragón, la totalidad apenas durará 15 segundos, mientras que en el entorno del cerro de San Jorge se alcanzará un instante brevísimo de oscuridad. Más al sur, la duración aumentará progresivamente hasta un máximo de 1 minuto y 42 segundos, dependiendo de la posición desde la que se observe.

La singularidad de este eclipse reside también en la hora elegida por la naturaleza. Ocurrirá durante el atardecer, con el Sol situado apenas a seis grados sobre el horizonte, una altura muy baja que obliga a escoger cuidadosamente el lugar de observación. Una montaña, un edificio o incluso un árbol pueden impedir contemplar el momento culminante. Para David Vicente, planificar con antelación resulta casi tan importante como disponer del material adecuado para observarlo.

Pero un eclipse total no solo se contempla con los ojos. También se percibe con el resto de los sentidos. El divulgador describe cómo la temperatura desciende, el viento comienza a levantarse y las aves interrumpen su actividad cuando la luz desaparece de forma repentina. "Vamos a notar que la temperatura baja, que el aire se levanta, que los pájaros se callan. Es bastante abrumador", explica, aludiendo a una experiencia que transforma durante unos segundos el paisaje cotidiano.

La seguridad, sin embargo, constituye el aspecto sobre el que más insiste el especialista. Mirar el Sol sin protección puede provocar lesiones irreversibles en la retina, incluso aunque el eclipse esté ya muy avanzado. Ni las gafas de sol, ni las radiografías, ni los cristales ahumados, ni las pantallas improvisadas ofrecen protección suficiente. Solo deben utilizarse gafas homologadas específicamente para eclipses, y aun así recomienda observar el astro durante periodos breves, de alrededor de dos minutos, descansando después la vista.

Existe una única excepción. Durante la totalidad, cuando el Sol queda completamente oculto y desaparece cualquier destello directo de luz, las gafas pueden retirarse unos segundos para contemplar el verdadero espectáculo. Desde el Planetario de Aragón ese intervalo será extremadamente corto, entre las 20.28.40 y las 20.28.56 horas aproximadamente. Es entonces cuando aparecerá la corona solar, la tenue atmósfera exterior del Sol que permanece invisible el resto del tiempo debido a la intensidad de su brillo. "Es la única oportunidad que existe para el ser humano, sin la tecnología de los satélites, de poder verla", subraya Vicente.

Antes de llegar a ese instante también podrán contemplarse algunos de los efectos más conocidos del fenómeno. Primero aparecerá el llamado anillo de diamantes, producido por los últimos rayos solares que escapan entre el borde de la Luna. Después surgirán las perlas de Bailey, pequeños puntos luminosos generados por la luz filtrándose entre los valles y cráteres lunares, una demostración visual de que nuestro satélite no posee un contorno perfectamente regular. Solo cuando desaparezcan esos destellos será seguro retirar las gafas durante unos segundos.

La oscuridad permitirá además descubrir un cielo completamente diferente al habitual en pleno mes de agosto. Sin llegar a convertirse en una noche cerrada, sí emergerán algunas de las estrellas más brillantes, entre ellas Regulus, las componentes del Triángulo de VeranoVega, Deneb y Altair— e incluso la Osa Mayor, mientras el horizonte conservará el aspecto de un crepúsculo avanzado. Precisamente una observación de este tipo permitió, hace más de un siglo, confirmar experimentalmente la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, al comprobar el aparente desplazamiento de la posición de una estrella cuya luz era desviada por la gravedad del Sol.

Mesa instalada en la plaza Concepción Arenal. Foto Myriam Martínez
Mesa instalada en la plaza Concepción Arenal. Foto Myriam Martínez

Consciente de la trascendencia del acontecimiento, el Planetario de Aragón está repartiendo material informativo en el Pórtico laurentino, en la Plaza Concepción Arenal, miércoles y jueves, para recordar las normas básicas de observación. David Vicente reconoce que la emoción puede llevar a muchas personas a levantar la vista de forma instintiva cuando el cielo empiece a oscurecerse. Precisamente por eso insiste en un mensaje que considera esencial: disfrutar de un eclipse total es una experiencia inolvidable, pero solo si se contempla con la preparación y las medidas de protección adecuadas. Porque esos escasos segundos en los que el día se transformará en noche merecen ser recordados toda la vida, no lamentados por un descuido.