Enric Benito defiende en Huesca que "morir no es un drama" y reclama una ley de paliativos

El especialista presenta su libro en el Teatro Olimpia y plantea el acompañamiento como una experiencia de aprendizaje vital

15 de Abril de 2026
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Javier Moraleda, Enric Benito y María Pilar Tejero, en el Teatro Olimpia. Foto Myriam Martínez
Javier Moraleda, Enric Benito y María Pilar Tejero, en el Teatro Olimpia. Foto Myriam Martínez

El doctor Enric Benito ha defendido en Huesca una mirada distinta sobre el final de la vida, alejándola del miedo y situándola como una experiencia de aprendizaje y transformación, al tiempo que ha reclamado más recursos para unos cuidados paliativos dignos y ha instado a la sociedad a exigir el derecho a un acompañamiento profesional y humanizado, advirtiendo de que en España el final de la vida sigue dependiendo del “azar o del código postal”.

El reconocido especialista ha protagonizado este miércoles en el Teatro Olimpia de Huesca la conferencia Acompañar el morir con compasión y aprender de la vida, organizada por la asociación Huesca Compasiva, Comunidad que Cuida, en un encuentro en el que también ha presentado su libro El niño que se enfadó con la muerte. Acompañado por Javier Moraleda y María Pilar Tejero, ha planteado una reflexión que trasciende el ámbito sanitario para adentrarse en la dimensión humana y espiritual del proceso de morir.

En esta obra, Benito recoge una serie de enseñanzas que plantea de forma deliberadamente provocadora para cuestionar la visión social dominante. Entre ellas, sostiene que morir es un proceso normal y seguro, que el sufrimiento no forma parte inherente del final de la vida y que lo verdaderamente relevante en ese momento no es lo material, sino los vínculos afectivos. Asimismo, subraya la importancia de llegar preparado a ese instante y defiende que el acompañamiento no solo es un acto de cuidado, sino también una experiencia transformadora para quien lo ejerce, en la que se revela con claridad que el amor trasciende la propia muerte.

El libro propone además un modelo de acompañamiento que ayuda a afrontar la pérdida desde una perspectiva más consciente, facilitando procesos de despedida más armónicos y aliviando el duelo. En este sentido, Benito plantea que comprender el proceso de morir permite también comprender mejor la vida, y añade que los beneficios de la obra tienen un fin solidario, al destinarse a la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL).

Javier Moraleda, Enric Benito y María Pilar Tejero, en el Teatro Olimpia. Foto Myriam Martínez
Enric Benito ha recordado su vínculo con Huesca. Foto Myriam Martínez

El doctor ha recordado además su vínculo con Huesca, ciudad a la que regresó más de medio siglo después de haberla conocido durante su etapa universitaria, cuando realizó aquí las milicias mientras cursaba Medicina en la Universidad de Zaragoza. Ha evocado su estancia en las Navidades de 1971 y ha destacado el compromiso de los profesionales sanitarios del Hospital San Jorge, subrayando que en capital oscense el cuidado y el acompañamiento al final de la vida tienen un desarrollo esperanzador.

Su vocación por la medicina, y en particular por el acompañamiento al final de la vida, se remonta a una experiencia personal determinante: la muerte de su abuelo, figura clave en su infancia, que falleció entre intensos dolores a causa de un cáncer de próstata. Aquel episodio le provocó una reacción de rechazo ante el sufrimiento evitable y marcó el origen de un compromiso que años más tarde redefiniría. Ya en su madurez, tras una crisis personal, comprendió que su propósito no residía en la producción científica, sino en dar sentido a aquella promesa inicial: contribuir a evitar el sufrimiento innecesario en el proceso de morir.

LA MUERTE NO ES UN DRAMA

Desde su experiencia clínica, ha cuestionado la concepción de la muerte como un drama, defendiendo que se trata de un proceso natural. “La gente puede negar lo que quiera desde su mente, pero no me lo puedo negar desde la experiencia que yo tengo. He acompañado miles de personas y sé mucho más que la gente de cómo va eso. Por tanto, no permito que nadie me diga cómo va si no tiene la experiencia que yo tengo. Tengo autoridad para decir que la muerte no existe”, ha afirmado, subrayando el valor del conocimiento adquirido en el acompañamiento a pacientes.

En este sentido, ha explicado que el miedo a la muerte nace de una identificación superficial con la propia identidad, apuntando que “lo único que muere es tu ego, el personaje que crees ser”. Ha profundizado además en la raíz del sufrimiento, que no identifica con el dolor físico, sino con la resistencia a lo que sucede. “El sufrimiento es el rechazo a la realidad que no quiero aceptar porque no me gusta”. Según ha señalado, ese yo es un constructo, “un personaje que has construido, un vestido que llevas puesto”, que condiciona la forma en la que se interpreta la realidad. Frente a ello, ha invitado a afrontar el proceso desde la experiencia directa, especialmente cuando se vive de cerca la muerte de un ser querido, recomendando que las personas “se revistan de coraje, que pongan su miedo entre paréntesis, se acerquen a acompañar y experiencialmente, empíricamente, intenten averiguar qué es eso de morir”.

Durante su intervención, Benito ha abordado también la vivencia de ese momento desde ambas perspectivas, señalando que “el que va a morir a veces es el que está más preparado para irse”, mientras que la dificultad suele residir en la falta de preparación emocional del entorno. En este contexto, ha definido la buena muerte como un proceso aceptado y acompañado: “Si tú aceptas que ahora me toca irme, me entrego, pero además estoy rodeado de gente que me quiere y que me acompaña”, añadiendo que el acompañamiento permite descubrir que “el amor es más fuerte que la muerte”.

Lleno en el Olimpia para escuchar a Enric Benito. Foto Myriam Martínez
Lleno en el Olimpia para escuchar a Enric Benito, Javier Moraleda y María Pilar Tejero. Foto Myriam Martínez

El especialista ha diferenciado además entre creencia y experiencia espiritual, cuestionando la solidez de las convicciones superficiales. A su juicio, “la creencia no se sostiene mucho” si no va acompañada de una vivencia profunda, y ha señalado que la verdadera preparación nace de la conciencia trascendente: “si has hecho oración contemplativa, has hecho meditación y sabes que no eres solamente un cuerpo, sino que tienes dimensión trascendente, la muerte no te da miedo, pero no es un tema de creencia, es un tema de experiencia”.

Más allá del plano personal, Benito ha lanzado una crítica directa a la situación de los cuidados paliativos en España, denunciando la falta de recursos y la desigualdad en el acceso. Ha advertido de que los profesionales se enfrentan a un “sistema ignorante que no provee de recursos necesarios”, y ha subrayado que en el país “menos del 50% de las personas que necesitan paliativos tienen acceso a ellos”, lo que convierte la atención al final de la vida en una cuestión de “azar o de código postal”.

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En este contexto, ha defendido que España sigue sin una ley específica de cuidados paliativos, pendiente desde hace décadas, y que la legislación actual resulta insuficiente. “Derecho ciudadano a tener acompañamiento profesional y humanizado”, ha reclamado, insistiendo en la necesidad de una ley de paliativos que garantice una atención universal y digna.

A lo largo de su intervención, el especialista ha reiterado que acompañar a una persona en el final de su vida no solo es un acto de cuidado, sino también una oportunidad de aprendizaje profundo. Desde esta perspectiva, ha invitado a superar el miedo y la ignorancia para descubrir en ese proceso una dimensión esencial de la existencia, donde el amor, la presencia y la conciencia adquieren un significado transformador.

MÉDICO DEL CORAZÓN

Javier Moraleda ha comenzado su intervención recordando que desde niño quería ser “médico del corazón”, una vocación temprana marcada por la figura de su abuelo, practicante, a quien ha descrito como un ejemplo de entrega, humanidad y compromiso con los pacientes. Ha relatado cómo aquella referencia, ligada al cuidado cercano y desinteresado, quedó grabada en su memoria y en su forma de entender la profesión, aunque con el paso del tiempo descubrió que esa aspiración no se correspondía con una especialidad concreta, sino con una manera de ejercer la medicina centrada en las personas.

En este sentido, ha explicado su recorrido profesional hasta encontrar su lugar en los cuidados paliativos, tras atravesar etapas en las que no se reconocía en determinados modelos asistenciales. Ha señalado que fue en este ámbito donde comprendió que aquella idea inicial de “médico del corazón” adquiría pleno sentido, al situar a la persona en el centro y priorizar el acompañamiento frente a la enfermedad, en una práctica que ha definido como una medicina “de corazón a corazón”.

Moraleda ha destacado la influencia de Enric Benito en ese proceso, refiriéndose a él como uno de los impulsores del modelo de acompañamiento espiritual en cuidados paliativos y como una figura clave en la evolución de esta disciplina. Ha subrayado la importancia de su trabajo en la transformación de la atención al final de la vida y ha expresado su emoción por poder compartir este encuentro en Huesca, interpretándolo como una confirmación del camino emprendido hacia una medicina más humana.

Javier Moraleda, Enric Benito y María Pilar Tejero, en el Teatro Olimpia. Foto Myriam Martínez
María Pilar Tejero y Javier Moraleda también han recordado experiencias personales. Foto Myriam Martínez

HUESCA COMPASIVA

María Pilar Tejero ha enmarcado sus primeras palabras en una experiencia personal directa con el final de la vida, señalando que su implicación nace tanto del sufrimiento vivido con la muerte de su padre, como ejemplo de un proceso mal acompañado, como de la vivencia opuesta con su amigo Juan, en cuyo caso el acompañamiento fue adecuado. Desde esa doble referencia, ha defendido la necesidad de mejorar la atención en este momento vital y ha subrayado la importancia de contar con una ley universal de cuidados paliativos que garantice una atención digna para todas las personas.

En este contexto, ha explicado el origen y la labor de Huesca Compasiva, Comunidad que Cuida, una iniciativa que, según ha indicado, complementa el trabajo de los profesionales sanitarios a través del acompañamiento comunitario. Ha destacado que, aunque los equipos médicos son esenciales, la mayor parte del tiempo las personas permanecen con sus familias, vecinos o en soledad, por lo que el cuidado al final de la vida debe implicar a toda la sociedad. En esta línea, ha defendido un modelo que atiende no solo al cuerpo, sino también a las emociones, los miedos y la dimensión espiritual, con el objetivo de favorecer despedidas y procesos de duelo más saludables.

Asimismo, Tejero ha detallado las acciones que desarrolla la asociación en la ciudad y la provincia, entre ellas talleres gratuitos de cuidado y autocuidado, encuentros para hablar abiertamente sobre la muerte o actividades de sensibilización dirigidas a fomentar la compasión y el acompañamiento. Ha apelado a la participación ciudadana, tanto a través del voluntariado como del apoyo asociativo, y ha concluido su intervención invitando a los asistentes a tomar conciencia de la importancia de la conexión y la presencia en el cuidado de las personas en el final de la vida, antes de dar paso al inicio del acto.

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