La entrega del Premio Vicente Ascaso, tercera edición, ha tenido un nombre propio además de la galardonada, Sauleda, y la inspiradora, Ascaso. Ha sido el de Raúl Bernal, reconocido abiertamente como el gran artífice de la Feria Huesca es Dulce junto al Ayuntamiento.
Si atendemos al aforismo de que a la tercera va la vencida, es cierto que esta edición ha escalado un peldaño más en calidad, en diversidad y en innovación como elemento confluyente con la tradición, el producto y la profesionalidad para articular un acontecimiento llamado a convertir a Huesca en el gran referente nacional del dulce.
Aunque es digno de encomio el empeño del Ayuntamiento de Huesca en el impulso del sector más diferencial de la ciudad, hasta entonces a la sombra del hecho gastronómico en restauración y cafetería, el nivel ha sido posible por tres factores: uno, la influencia de un líder en España reconocido en todo el mundo (baste señalar su pertenencia al exclusivo Relais Dessert); dos, la generosidad de ponerla al servicio de su ciudad; y, tres, importantísimo, el acompañamiento de todo el gremio que no sólo le ha seguido como el adalid que es, sino que le ha complementado con las virtudes de todas y cada una de las pastelerías concurrentes, en el caso de esta feria veintiséis.
En cada una de las tres ediciones, por aquello de que la comparación enaltece los valores, me han venido a la mente tres intentos de elevar Huesca a una consideración nacional importante. Las dos primeras fueron las aspiraciones del equipo de Ana Alós, capitaneado para esta lid por Ana Acín, a Capital Española de la Gastronomía en aquel primer lustro de la pasada década. La lucha con Vitoria y Cáceres, respectivamente, fue estéril, a pesar de que era una maravilla aquella definición de la gastronomía social, saludable y sostenible cuando la actividad de las tapas (hasta trescientos establecimientos en toda la provincia) y de los talleres todavía presentes invitaba a una ambición compartida. Se quedó en institucional entre la apatía absoluta del sector, incapaz de concitar voluntades de grandes chefs con las que empujar el proyecto más allá de las conseguidas por la propia Acín Viu y este humilde escribano. Del tejido asociativo hostelero, un cero patatero. De los presuntamente influyentes, el mismo número redondo.
La tercera provino de la sociedad civil, de la Plataforma Huesca Suena, comandada por cierto por la que hoy es técnica de Desarrollo, Loreto Bermúdez de Castro. El fin, la designación de Huesca como Ciudad Creativa en Gastronomía de la Unesco, una iniciativa que trascendía hasta el hecho cultural y social. Fue en el anterior mandato consistorial. En ese caso, el esfuerzo corporativo fue inexistente. Gratitud a quienes respaldaron a la ciudad, como la presidenta entonces de la Real Academia de Gastronomía, Lourdes Plana, o del presidente de la Aragonesa, Ernesto Fabre... y poco más. Apatía institucional, desidia empresarial del sector. En octubre de 2025, conquistó este reconocimiento Zaragoza.
Tengo para mí, y como yo muchos, que Raúl Bernal Belarra ya ha alcanzado, en otra dimensión distinta (ni mejor ni peor), similar mecenazgo colectivo en la ciudad al de grandes referentes como Miguel Escuer, Ignacio Almudévar y algunos ciudadanos que han levantado anónimamente importantes edificios de solidaridad.
Raúl, que perfectamente podría estar viviendo mecido en los laureles de la gloria repostera que ha alcanzado con sus grandes premios nacionales, ha decidido convertir la Feria Huesca es Dulce en un motivo para engrandecer Huesca a través de su mejor versión. Y, aun sin buscarlo, aun colocándose en medio del público para transitar discretamente (todo lo discretamente que puede hacerlo con esa barba y esa sonrisa), el foco le sigue, porque es cuestión de correspondencia a su magnanimidad. De esa que explicaba Concepción Arenal cuando esgrimía que a veces damos el nombre de favor a la justicia y creemos que hemos sido generosos cuando, simplemente, hemos sido justos.
La clausura oratoria de la Feria, con motivo del Premio Vicente Ascaso, ha prometido por parte de Lorena Orduna, Jairo Vincelle y Sura Ascaso, con la "súper embajadora" Sandra Sauleda, que la cuarta edición será incluso mejor, en la continuidad de la progresión de las tres primeras.
En ese preciso instante, a este escribano se le ha ocurrido que, probablemente, con este nivel ya alcanzado, tener un sólo premio se queda corto. Y que sería perfectamente complementario combinar la tradición y la honestidad de los merecedores del Vicente Ascaso, todos de trayectoria increíble, con el Premio a la Innovación Raúl Bernal Belarra (sea la nomenclatura la que sea). Y, en el sentido de Concepción Arenal, es adecuado, irreprochable e incluso conveniente para dar otro impulso a la dimensión de Huesca es Dulce.
Ni que decir tiene que el inquieto Raúl ha corrido, tras la ceremonia del Premio Vicente Ascaso, a Villahermosa, donde este fin de semana se han concitado grandísimos pasteleros de talla mundial, atraídos por ese "venta p'a Huesca que vas a disfrutar" de Raúl Bernal. Y no iba, como correspondería en esta faceta, en virtud de su condición palaciega de la élite repostera, sino a currar... Lo que identifica a los probos creadores en los obradores. Sin Raúl, la Feria Huesca es Dulce sería posible. Pero no esta Feria Huesca es Dulce.