Hasta la Plaza de España, donde se sitúa la casa de todos, los fragatinos han realizado un recorrido diverso, plural y con manifestaciones de todos los tipos para mostrar a Sus Majestades los Reyes Magos los frutos de su talento, de su capacidad de esfuerzo, de sus tradiciones, de su cultura y de la magia que convierte el trabajo en virtud.
Melchor, Gaspar y Baltasar han "alucinado" con el espectáculo plural y disruptivo en el que se han combinado carrozas con la gran estrella de Oriente o con las Fragatinas, mujeres y hombres ataviados con sus apreciados trajes regionales, grupos caracterizados de seres sobrenaturales o de medusas, títeres gigantes, colectivos con brilli-brillis, el Movimiento Junior de la ciudad, un vaquero sobre una monta que era puro ingenio, un coche-loco, una carroza impulsada por un corcel, hombres-pájaro, los gigantes o la banda de música.
Estaban Sus Majestades impresionadas cuando han llegado a los aledaños del Ayuntamiento, donde lucía espléndido el gigante árbol navideño. Allí, como corresponde, les ha recibido la máxima autoridad, el alcalde, Ignacio Gramún, alborozado como todos por tan egregia visita.
Los vecinos allí reunidos no sentían el frío, porque la ilusión era el mejor calefactor. Han saludado a los hombres sabios de Oriente y han esperado a que fueran recibidos en el salón de plenos por la corporación.
Desde el balcón, Melchor, Gaspar y Baltasar han pronunciado palabras de esperanza, la próxima por los regalos que, presumiblemente, se van a agolpar esta madrugada en los zapatos de los fragatinos y sobre todo de la gente menuda. Y la que mira más lejos, hasta la próxima visita real el 5 de enero de 2027, cuando ese juez inexorable que todo lo ve dilucidará si nos merecemos nuegos agasajos tras nuestro comportamiento de doce meses.
Los Reyes Magos, por aquello de la frugalidad exigida en las cenas, han echado apenas un bocado y se han puesto manos a la obra, porque la noche es larga y la mañana prometedora. ¡Felices Reyes Magos y que la dicha nos acompañe!