El posible impacto de los niveles muy bajos de colesterol en el funcionamiento cerebral abrió un debate científico durante el coloquio celebrado tras la conferencia sobre envejecimiento impartida en el Campus de Huesca por el psiquiatra Antonio Lobo. La reflexión fue planteada por el profesor y psiquiatra Javier Olivera, quien aprovechó el intercambio final con el público para rendir un homenaje al médico y divulgador Jorge García Dihinx, recientemente fallecido, y recuperar una de las cuestiones que este defendió de forma reiterada: la necesidad de analizar con cautela la reducción intensiva de esta sustancia y sus posibles efectos más allá del ámbito cardiovascular.
Durante su intervención, Olivera recordó que García Dihinx cuestionaba la aplicación indiscriminada de estrategias orientadas a disminuir de forma muy marcada los niveles de colesterol, en particular del colesterol LDL. El psiquiatra precisó que esta posición no negaba los beneficios demostrados de dichas políticas en la reducción de la mortalidad por infarto de miocardio o ictus, sino que ponía el foco en las posibles consecuencias no deseadas de llevar esos niveles a valores excesivamente bajos, un aspecto que, según expuso, merecía una reflexión más amplia.
Olivera subrayó que el colesterol desempeña un papel relevante en el organismo y, de manera específica, en el sistema nervioso. En este sentido, señaló que existen publicaciones que apuntan a una posible asociación entre niveles muy bajos de colesterol y un mayor riesgo de suicidio o de deterioro cognitivo, una línea de investigación que García Dihinx consideraba insuficientemente explorada y que utilizaba como argumento para reclamar una interpretación menos dogmática de las recomendaciones clínicas.
A partir de esa reflexión, el psiquiatra trasladó la cuestión a Antonio Lobo y le preguntó hasta qué punto la reducción intensiva del colesterol, impulsada por los avances en prevención cardiovascular, podía tener implicaciones negativas para la salud cerebral.
En su respuesta, Lobo reconoció que se trataba de una hipótesis concreta que debía ser investigada de forma específica. El catedrático señaló que la posibilidad de que niveles muy bajos de colesterol tengan efectos deletéreos sobre el cerebro era plausible y que podía encontrar respaldo en futuras investigaciones, aunque evitó extraer conclusiones definitivas. A su juicio, se trata de un campo de estudio que aún no está cerrado y que requiere evidencia científica sólida antes de modificar recomendaciones clínicas.