Nadie de los más de trescientos feligreses presentes este mediodía en la Parroquia de Santiago Apóstol quería este momento. Pero ha entendido que debía acompañar al que ha sido su pastor veinte años en dos etapas, Luis Gurucharri Amóstegui, navarro arraigado en Huesca que, empero, contra su voluntad retorna a su tierra foral. No por rechazo al nuevo destino, un reto, sino porque su voluntad era seguir acompañando a su iglesia.
La Eucaristía ha estado cargada de toneladas incalculabes de emotividad. Tiene tal peculiaridad nuestra religión católica que es capaz de barnizar de serenidad incluso las adversidades, la impotencia y hasta la indignación. La paz es bien supremo, tanto como la trascendencia. Desde que se anunciara la marcha de Luis Gurucharri, según la Diócesis a petición propia, el movimiento del barrio, de sus asociaciones y de sus vecinos ha sido tan respetuoso como frontal frente a la determinación episcopal. Sin embargo, como las lágrimas no hacen ruido, el indisimulado malestar y la resignación se ha recubierto de oración, de reflexión y de espontáneos aplausos. En la estricta solemnidad cristiana, poco adecuados, hoy sin embargo idóneos para que la expresividad no dejara un solo matiz.
A la hora de escoger un titular para esta crónica de una despedida anunciada, el periodista ha de escoger entre los más significativos. Esa voluntad de Gurrucharri Amóstegui de no dejarse llevar por la rabia, el resentimiento y la tristeza aunque haya motivos. El católico firmante establece una apostilla del pastor: "Prefiero que esta Eucaristía sea una gran acción de gracias por Jesucristo y por lo que él hace en nosotros, en mí y en cada uno de los aquí presentes". Ya que esto es un medio de comunicación, gana el primero, aunque el segundo da fe de la bonhomía del buen cura.
HOMILÍA DIFÍCIL
Lo ha reconocido el celebrante. "A lo largo de mi vida, he pronunciado homilías complicadas. El funeral de niños, jóvenes que han fallecido por enfermedad o por accidente, personas que han sufrido mucho en su vida". "Pero esta es difícil para mí por varios motivos, sobre todo porque significa mi etapa final en la Parroquia de Santiago", y el nudo en la garganta ha interrumpido el verbo de Luis Gurucharri.
El sacerdote ha reconocido que es imposible relatar simplificadamente su trayectoria de tantos momentos y vivencias fundamentales que han contribuido a ser "mejor persona y mejor sacerdote".
Como declaración de principios, ha anunciado que no se iba a "dejar llevar por la rabia, el resentimiento, la tristeza aunque haya motivos para ellos, pero no conduce a nada". Los ha dejado de lado. "Prefiero que esta Eucaristía sea una gran acción de gracias por Jesucristo y por lo que él hace en nosotros, en mí y en cada uno de los aquí presentes".
Su voz se abría paso entre las manifestaciones casi continuadas e inoportunas de bebés y entre toses que siempre forman parte de estas escenas. Gratitud a los presentes y a quienes le han manifestado su respaldo en las últimas semanas. Agradecimiento a quienes "sentís mi partida de esta parroquia y de la diócesis, a quienes habéis sentido rabia y dolor, habéis escrito cartas, recogido firmas y a quienes habéis rezado por mí estos días y estos meses".
Aunque expresaba su intención de que no fuera todo muy lacrimógeno, las lágrimas asaltaban, sin resistencia, los rostros de muchos de los presentes. De hecho, ha querido extraer de su gesto triste una broma al remembrar su llegada a esta parroquia en aquellos tiempos donde chocaba la cantidad de luminarias por la presencia de la Comisaría, de tal modo que se identificaba como "la iglesia de las farolas", por lo que no le importará incorporar a su currículo la identificación "el cura de las farolas", para no olvidarse de tantas personas que han manifestado su "queja, rabia, dolor y cariño hacia mí".

Se ha adentrado en la liturgia de la palabra con tres temas fundamentales para cualquier cristianos: el de la vocación en la primera lectura del Libro de Jeremías, la misión en el Evangelio de San Mateo y la transformación y el discernimiento para acoger la voluntad de Dios en la Carta a los Romanos de San Pablo.
De la primera, ha recalcado la seducción de Dios, su capacidad para marcar a las personas que están con él y que permite transformar su vida.
SU LLEGADA A HUESCA
Se ha vuelto a detener, emocionado, al recordar su proceso de vocación personal y a sus tres tías de religiosas: "Yo vine a Huesca por ellas". Llegó a la Universidad Laboral oscense y pensó que sus tías le ayudarían. "Ellas son las culpables de que yo esté aquí con su oración y su presencia. Han sido fundamentales en mi vocación". Llegó en el curso 77-78. Entonces se formó un grupo de jóvenes que estudiaban la Palabra de Dios, acudian a la Iglesia, rezaban el rosario. "Empezamos a sentir esa importancia de la Palabra de Dios y la presencia del Señor en nuestras vidas".
Fue el germen de su asistencia al Seminario de Zaragoza. El 14 de agosto de 1988, fue ordenado por Javier Osés en Tardienta. De aquellos tiempos recuerda que conoció a su compañero hoy de parroquia, Ángel Lasierra, que ejercía en Bolea y el entorno. Luego estuvo diez años en Grañén con varios pueblos del entorno, donde conoció al actual vicario general, José Álegre.
Y la llegada por encomienda de Javier Osés en 1998 a la parroquia de Santiago. "Nunca se me ocurrió pedir a don Javier que, para que viniera yo, se tuvieran que ir los sacerdotes que estaban. Juan Acín, José Coll, Alastruey y José Luis Sanclemente". Seis años de trabajo en todos los ámbitos de catequesis, club parroquial, jóvenes y los mayores. "Fuimos una comunidad sacerdotal de la que guardo un gran recuerdo y agradecimiento". Como símbolo de su fructífero ministerio, bautizó a una niña a la que ahora, cerrando un ciclo, va a casar en la Catedral de Jaca el 5 de septiembre.
Ha añadido el tiempo en que Fray Jesús Sanz le envió a estudiar Teología Bíblica a Roma, cuando llevaba dieciséis años de sacerdote y tenía 41. "Fue durísimo, pero el Señor me ayudó y muchos sacerdotes de España con los que compartí la experiencia, en las circunstancias de este año han estado conmigo con su preocupación, cariño e interés". Fue una experiencia de comunión eclesial, de crecimiento como sacerdote.
A la vuelta de Roma, fue destinado a Ayerbe y los pueblos del entorno, como Erés, Biscarrués o Riglos ahora tan en boga por el incendio. "Para mí era una gozada acompañar en esos pueblecitos".
EL REGRESO A SANTIAGO
En 2012, el nuevo prelado, Julián Ruiz Martorell, le propuso el retorno a Santiago Apóstol de Huesca. "Mi primera respuesta fue que yo ya había estado" seis años que fueron para él "una gozada". Catorce años de intenso trabajo y afecto profundo, donde ha granado una "espiritualidad sacerdotal se fundamenta en la espiritualidad ministerial" de impartir los sacramentos. Ha afirmado que "no hay que profesionalizar el sacerdocio, buscar el interés de lo que me gusta o me conviene, marcharme de viaje o vacaciones cuando yo quiero". Ha preferido estar sin periodos de asueto, "pero entiendo mi compromiso así, hay que trabajar, dar la vida y ayudar". Entregarse como sacerdote a tiempo completo a la comunidad cristiana.
Ha enumerado algunos hitos: comuniciones, confirmaciones, funerales, confesiones... Todos los sacramentos son importantes. "Hay que trabajar sin que nadie lo vea durante muchas horas". "Hay mucho de lo que se ve y lo que no se ve", ha agregado, para citar los grupos de formación, de oración, de catequesis, de enfermos y su "pequeño sello en la parroquia". El arquitecto que proyectó la parroquia, Agustín Benosa, tiene 99 años y sus hijos hubieran deseado que hubiera oficiado cuando correspondiera el funeral. No podrá ser.

Luis Gurucharri ha valorado la importancia que, a su entender, ha tenido vivir en la parroquia, y ha apreciado las condiciones en las que se han mantenido así como la habilitación del columbario, la única iglesia salvo la Catedral en disponerlo y al que acuden miembros de otras zonas parroquiales de la ciudad. Y, finalmente, la incorporación de la escultura de Santiago Apóstol.
"NO HA SIDO NADA FÁCIL"
El párroco ha aludido a su próximo destino en la iglesia de Santa Eufemia de Villafranca de Navarra. "Para mí es un reto, una comunidad nueva, personas nuevas" a las que piensa aplicar el mismo método que en Huesca. "Mi comunión con Dios y la comunidad cristiana a la que me he entregado y mi familia".
"La decisión de irme no ha sido nada fácil... no tenía otra opción", y ha recordado su actividad docente en Santa Ana y la capellanía en Santa Rosa, que ha reforzado su convicción de la trinidad de "familia, colegio y parroquia". "Lo hemos conseguido" y durante más de veinte años compartir con jóvenes de catorce a dieciséis años le ha permitido "estar con los pies en la tierra". Ahora, se trunca por la imposibilidad de continuar en Huesca, apenas a año y medio de su jubilación laboral.
La homilía, siempre originaria de la reflexión, ha sido sucedida por un espontáneo aplauso con toda la feligresía puesta en pie, las caras humedecidas por la emoción. Era hora de proseguir la liturgia hasta llegar a la Comunión, en la que Luis Gurucharri y los comulgantes se han conmovido mutuamente, regadas las formas por las lágrimas de quien imparte y recibe el sacramento.
Levantaba el ánimo la preciosa capacidad interpretativa del joven coro de la parroquia. Luis Gurucharri ha agradecido el homenaje posterior en el Pedro I de Aragón, y ha anunciado que estará hasta mitad de septiembre y luego acompañará a los jóvenes y familias el día 19 a petición del obispo Pedro Aguado.
"Gracias por esta celebración, por venir, y, si cada uno de vosotros guardáis un momento de cariño, de respeto, de cuidado, de mi parte en nombre de Dios como sacerdote, gracias de verdad a todos vosotros". Los cientos de feligreses se han levantado para propiciar una larguísima ovación de prácticamente tres minutos al sacerdote antes de partir en un hasta siempre. No quería Luis Gurucharri un final triste y ha pedido al coro que pusiera música. La metáfora de la armonía de veinte años de convivencia con el buen cura querido, entregado y ausente en ciernes por decisión episcopal. Una parroquia dolida que ha escogido la gratitud serena al reproche. Influencia del pastor, ahora que está tan de moda la palabra, migrado.
Para cerrar esta etapa antes de la prórroga de estos días próximos de septiembre, decenas de feligreses se han congregado en el Hotel Pedro I de Aragón para rendir un tributo otra vez sobrecogedor a Luis Gurucharri Amóstegui. Ahora, la Parroquia de Santiago Apóstol inicia la etapa post Gurucharri y tendrá que superar las fases del duelo, que son cinco y a veces duraderas y fatigosas. Ausente el pastor, el rebaño que se siente desvalido tiene que recuperar la confianza, que afortunadamente para los católicos va más allá de las personas.