El académico Miguel Ángel Vicente Val es el nuevo presidente de la Academia Aragonesa de Gastronomía elegido por unanimidad por el Pleno, la semana pasada. El nuevo presidente se presentó en la jornada “Queso y gastronomía, situación en Aragón” que organizó la Academia Aragonesa de Gastronomía el pasado lunes día 26, en colaboración con la Fundación Ibercaja, en el Patio de la Infanta, primer acto público de la renovada Junta Rectora.
"Hoy comienzo mi actividad como presidente de la Academia Aragonesa de Gastronomía lo que significa una satisfacción personal y una responsabilidad que asumo con ilusión y mucho respeto por esta institución", explicó el también director de El Gastrónomo Zaragozano y editor, quien anuncia una etapa continuista. De hecho, hay pocos cambios en una Junta Rectora en la que el expresidente Ernesto Fabre pasa a ocupar la vicepresidencia, se mantienen la tesorera, Asunción Victoria; la bibliotecaria, Elena Piedrafita y el secretario, Juan Barbacil y los vocales son Florentino Fondevila, Juan Cacho, Cristina Mallor y Miguel Caballú.
Miguel Ángel Vicente es, en su faceta editorial, un auténtico resistente contra el vertiginoso debilitamiento del soporte papel, demostrando que la calidad de contenidos y la especialización concita la atención de los lectores. Ha destacado además por la edición de libros gastronómicos de una dignidad admirable. En sus años de académico, ha sido ejemplo de proactividad y servicio, lo que le ha permitido ser un meritorio heredero de grandes presidentes como Antonio Beltrán, Ángel de Uña, Víctor Guelbenzu, Ángel González Vera y Ernesto Fabre.
Miguel Ángel Vicente —que enumeró en su discurso a todos los presidentes que le precedieron— dedicaba unas palabras especiales a Miguel Caballú, presidente en funciones durante estos últimos meses y vicepresidente a lo largo de varios mandatos. "Miguel ha sido una figura fundamental en la trayectoria de nuestra Academia. Con su experiencia, su carácter afable y su capacidad para conciliar voluntades, ha acompañado y orientado a sucesivas presidencias, aportando continuidad y buen criterio. Los dos venimos de Caspe, la ciudad del Compromiso, y me gusta pensar que algo de esa herencia compartida se reconoce en su manera de entender las relaciones y de trabajar por lo que nos une".
Tras agradecer su implicación a todos los académicos "que, a lo largo de estos años, han contribuido a consolidar nuestra querida Academia", el presidente expresó su deseo de estar a la altura de quienes le precedieron y corresponder, con su trabajo y dedicación, a la confianza que los actuales académicos han depositado en su persona. "Me corresponde continuar esa labor junto a mis compañeros y procurar que el conocimiento y la experiencia que reúne esta institución lleguen cada vez más a la sociedad aragonesa", concluyó.