La coincidencia de la clausura del Año Jubilar con la festividad de la Sagrada Familia ha propiciado, en palabras del obispo de Huesca -por la mañana ha oficiado similar liturgia en Jaca-, Pedro Aguado Cuesta, una celebración "preciosa" en la que ha resaltado sobremanera un concepto: el de la esperanza que ha nucleado estos doce meses convocados por el Papa Francisco en un año histórico. La Catedral de Huesca se ha llenado para una ceremonia repleta de simbolismo, con multitud de jóvenes y una feligresía muy familiar.
Una escenificación de las familias con un simbolismo poderoso basado en el amor y la fe, que ha comenzado con la ofrenda de un papel en blanco en el que seguir escribiendo los renglones que han quedado sin rellenar en el camino jubilar para vivir a partir de ahora un tiempo con mayor entrega. Luego, dos cirios que se han apagado -en significación de que la rutina, la comodidad o el cansancio han enfriado nuestro ardor e impedido responder con plenitud- y encendido -porque "creemos en un Dios que siempre reaviva lo que parecía extinguido", una luz renovadora que sea signo de esperanza en la Iglesia Diocesana. Y varias personas con la mano en el pecho, "un signo frágil pero profundamente esperanzador", que nos recuerda que en ocasiones no hemos sabido animar con entusiasmo a nuestras comunidades porque nosotros hemos caminado con el corazón cansado. "Pero hoy, al realizar este gesto humilde, proclamamos ue la esperanza de Dios nunca se agota". Reconocimiento de fragilidad y confianza en que el Señor puede dar vida y vigor a lo que parecía débil.
El Padre Pedro ha contextualizado la celebración en el cierre del Año Jubilar convocado por el Papa Francisco bajo el lema "Peregrinos de Esperanza", coincidente con el Día de la Sagrada Familia "para que el Señor les conceda el precioso don de ser un lugar y hogar de fe, de esperanza y de amor. Son dos preciosos acontecimientos que vamos a tratar de celebrar y unir en esa sencilla versión que comparto con vosotros".
Se ha inspirado para la homilía en el texto del Papa Francisco cuando se inició el Año Jubilar. "El camino que nos sugirió para ser peregrinos de esperanza. Lo primero que tenemos que decirnos es que la esperanza cristiana nunca defrauda. Nuestra esperanza se basa en la promesa de Dios, que se cumplirá, seguro que se cumplirá. Cuando sea el momento. Nuestra vida, la de los hombres y mujeres de fe, consiste en hacer todo lo posible para que la promesa de Dios se acerque a nuestras vidas, a la vida de nuestras familias, de nuestras parroquias, de nuestras sociedades, de nuestros sueños. Esta es nuestra responsabilidad".
Ha agregado el prelado que es bueno recordar y valorar el proceso vivido en la diócesis en el Año Jubilar, con celebración de varios jubileos que han concitado a todos. "Ha sido bonito, y cito algunos, los enfermos, en San Lorenzo, los ancianos, que nos recuerdan que la esperanza no se apaga en la debilidad", los catequistas, los niños caminando hacia la Catedral, los jóvenes peregrinos a Roma detectando las puertas que quieren atravesar, las familias también en Roma y tantas peregrinaciones parroquiales y arciprestales. "Es bueno recordarlos, agradecerlos y bendecir".
LA JUSTICIA Y LA PAZ SE BESAN
Monseñor Pedro Aguado ha apelado a algunos signos que expresó el Papa Francisco. "Si queréis vivir como personas de esperanza, os sugiero el signo de la paz, algo profundamente deseado y tan lejano en muchos pueblos y países del mundo". Y ha propuesto que la Diócesis asuma el reto "la paz como uno de los signos distintivos. Vamos a intentar hacerlo. Vamos a llevar adelante este año próximo un proyecto de oración, de formación y compromiso, que vamos a titular: la Justicia y la Paz se besan", una expresión recogida en el Salmo 85.
El segundo signo propugnado por el Papa Francisco era "cuidar la vida. Este es un tesoro de los matrimonios cristianos: la apertura a la vida, padres y madres de sus hijos, cuidándoles con amor, enseñándoles a ser personas auténticas, capaces de soñar un mundo mejor. Construir familias es un precioso signo de esperanza. Vivámoslo como un reto".

El tercero del Papa es el "signo de trabajar por una sociedad y una Iglesia más inclusiva, más de todos. Sólo lo haremos, decía el Papa Francisco, si amamos a los que sufren, si estamos con los enfermos, si acompañamos a los pobres, que son los que mejor representan a la iglesia, si acogemos a los inmigrantes y construimos con ellos, si escuchamos a los ancianos, les dedicamos tiempo, si vivimos deseosos de un mundo en el que la fraternidad se abre camino poco a poco".
Son los signos y los buenos propósitos en el inicio del Jubileo, pero lo que "cerramos es el Año Jubilar, no cerramos nuestro deseo de seguir siendo peregrinos y peregrinas de esperanza. Esto no lo cerraremos nunca. José, María y el Niño formaron una familia como las nuestras, pasaron por la prueba del miedo a Herodes, por la experiencia de la emigración a Egipto para proteger al Niño. Por el trabajo fuerte para poder vivir, por la experiencia de educar a un niño que era el hijo de Dios. No pudieron regresar a su país por miedo a que el nuevo rey atentara contra el Niño. Y se fueron a Galilea, a Nazaret, donde Jesús creció hasta llegar el momento de convertirse en el mejor peregrino de esperanza. El secreto de esta familia estuvo siempre en el amor profundo y la confianza incondicional".
"HAZLE UN REGALO AL NIÑO"
Ha cerrado la homilía el obispo de Huesca con tres pequeñas propuestas para seguir siendo peregrinos de esperanza, con toda la libertad. "Primera, cuidad vuestra oración. La oración esencialmente es un pacto de esperanza. La persona que reza entiende lo que significa confiar en Dios. No viváis un día sin acercaos a Dios. Ojalá lo hagáis en familia. Descubriréis cómo vuestra familia se fortalece porque es una de las claves de la familia, del amor fraterno: orad".
La segunda pista ha consistido en "hacer un regalo al niño. Cuando Jesús nació, los Magos de Oriente le llevaron tres regalos: oro, incienso y mirra. Nosotros también podemos llevar un regalo. Permitidme que os sugiera uno: un regalo que le gustaría mucho al Niño de Belén. Por ejemplo, hazte socio de Cáritas, o de Manos Unidas, o colabora con las Conferencias de San Vicente de Paúl. Si te haces de Cáritas, has hecho un regalo fácil de conseguir, que no tengas que ir a ninguna tienda y que el Niño Dios o su mamá no devolverán a la tienda. Es un regalo precioso, porque será para todas las personas que necesitan esperanza. No lo dudes, hazle un regalo al Niño. Esto lo tenemos que hacer para ser peregrinos de esperanza".
La tercera de las pistas consiste en vivir la "fe en la Iglesia, participa en la parroquia, cuida de tu cofradía, acompaña a los jóvenes, escucha unos consejos al cura o párroco, reza por las vocaciones sacerdotales y religiosas, construye puentes en todas las personas buenas y con todas esas que hay en la sociedad tengan fe o no la tenga. Construye la Iglesia que necesitamos".
Tras pedir que el año próximo sea de paz y justicia, ha terminado nuevamente con el Papa Francisco y su deseo de antes de morir. "Es muy breve, es un deseo precioso. Decía así el Papa: que la fuerza de la esperanza pueda colmar nuestro presente en la espera confiada de la venida de Nuestro Señor Jesucristo".

La Eucaristía ha proseguido con nuevas acciones de gracias y ofrendas con simbolismo de las familias: las llaves de nuestros hogares que son el espacio donde aprendemos a amar, perdonar y cuidar; la Biblia que es palabra viva de Dios; el cartel que anuncia los caminos de preparación al matrimonio y al bautismo; y el póster que nos sitúa en la celebración de la Sagrada Familia. Todo signo de una Iglesia que cuida y acoge en las familias. Al llevar al altar el vino y el agua, el ancla y el cuaderno con las oraciones jubilares vividas en la peregrinación de familias a Roma. El agua simboliza la misericordia, la purificación, la reconciliación y las heridas salvadas; y el cuaderno y el ancla los pasos dados, encuentros y gestos fraternos que fortalecen la esperanza. El pan transformado en Cuerpo de Cristo que nos incite a compartir y la cesta con frutos de la tierra, que simbolizan "los frutos que tú, Señor, has hecho crecer en nuestra Iglesia: la esperanza que florece, la fe que se fortalece y la solidaridad que se vive en comunidad".
Tiempo de los jóvenes con la ofrenda del pan como signo de nuestro deseo de vivir como verdaderos peregrinos, con un corazón capaz de seguir levantándose siempre. Jóvenes con velas para iluminar un mundo presidido por la desesperanza, el desencanto, el relativismo que diluye la verdad. "Queremos comprometernos a ser testigos firmes de la esperanza cristiana, que no engaña". Una confección de una prenda con hilos es "la imagen de nuestras comunidades, diversas en rostros, carismas, edades y sensibilidades pero unidas en un mismo Señor".
En el momento de la despedida, monseñor Aguado Cuesta ha pedido a toda la feligresía: "Guardemos la alegría del encuentro con el señor" y mantengamos "la profesión de nuestra esperanza". La bendición ha pedido al Padre que aleje de "vosotros todo mal y cumpla vuestros deseos de bien", al Hijo "que ha llamado a todos los oprimidos" para que conceda un descanso en paz para poder esperar su regreso al final de los tiempos y al Espíritu Santo que "os conceda cada día en vuestra vida lo que habéis experimentado en la ve".