Narciso Donoso Alonso, un serrablés en la élite de la Armada: “Sobrevolar Sabiñánigo como piloto ha sido una forma de dar las gracias”

El Capitán de Fragata repasa su carrera como piloto aeronaval, sus vuelos con el Harrier y las emociones de regresar al cielo del pueblo donde empezó todo

Periodista
10 de Marzo de 2026
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Narciso Donoso Alonso, un serrablés en la élite de la Armada.
Narciso Donoso Alonso, un serrablés en la élite de la Armada.

Desde Sabiñánigo hasta la élite de la Armada Española. Narciso Donoso Alonso ha logrado convertir su pasión por volar en una carrera llena de desafíos, responsabilidades y experiencias únicas por todo el mundo. Nacido el 2 de mayo de 1978 en Asturias, vivió su infancia y juventud en Sabiñánigo y es serrablés por los cuatro costados. Capitán de Fragata de la Armada combina la disciplina con la curiosidad de un aventurero, la precisión de un piloto y la cercanía de un vecino de Sabiñánigo, donde vuelve siempre que puede a visitar a su madre y a su hermano.

En su juventud practicaba fútbol y, sobre todo, atletismo. Formó parte del Grupo de Montaña de Sabiñánigo (GMS) y se colgó muchas medallas en cross, participó en campeonatos provinciales, en los memoriales Emma Cajal y José Luis Alós en Huesca y en pista cubierta en Zaragoza. Como curiosidad, en 1997 formó parte del equipo de Sabiñánigo que llegó a la gran final del Grand Prix. También desde bien pequeño, los aviones capturaban su imaginación. “Siempre me llamó la atención mirar al cielo y ver los aviones”, cuenta. Las maquetas, los juegos de ordenador y los simuladores fueron marcando el camino hasta que, años después, pudo convertir ese sueño en realidad.

La Armada apareció en su vida casi por casualidad. Inicialmente, pensaba seguir los pasos de su padre y ser guardia civil, donde consideraba muchas especialidades interesantes, pero tras quedarse fuera por poco en la primera convocatoria de oposiciones, ya en la segunda optó por ocupar la plaza que le ofrecía la Armada. “Decidí aceptarla y no probar de nuevo. Éramos una familia humilde y no hizo falta que mi padre me dijera nada, tiré hacia adelante”, recuerda. Ahora valora que acertó tras una trayectoria adecuada que le permitió especializarse como piloto aeronaval.

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Su recorrido le llevó en 2007 a Estados Unidos para cursar dos años y medio de formación avanzada de piloto naval. “Tuve la gran suerte de que el nivel de inglés y el puesto en la promoción me garantizaron una plaza”, explica. Primero llega la teoría, para seguir con prácticas en avionetas, después avión a reacción, hasta obtener la calificación que le permitió pilotar en un portaaviones americano. Recurre al símil de la película de Top Gun. “Te lanza una catapulta y luego enganchas un cable con el gancho que lleva el avión en la parte posterior”, describe.

Narciso Donoso ha volado 15 años un Harrier.
Narciso Donoso tras desfilar sobre la Castellana en Madrid un 12 de octubre.

Esos primeros ejercicios fueron experiencias que le marcaron.  “Era un piloto muy joven, con muy poca experiencia, y al final del curso me enfrenté a aterrizar en un portaaviones americano. Lo ves por primera vez tan pequeño en el mar y piensas ¡qué va!, ahí no meto el avión ni de broma. Sin embargo, conforme desciendes, lo vas viendo cada vez más grande y al final, después de diez lanzamientos en catapulta y diez enganches con el cable, te dan la clasificación y es entonces cuando disfrutas de haberlo conseguido. Es espectacular levantarte por la mañana y decir: voy a hacer esto”, traslada Donoso.

De regreso a España voló durante 15 años un Harrier, “un avión que tiene la característica de poder aterrizar y despegar como se hace normalmente en una pista, pero también tiene la capacidad de poder pararse en el sitio y hacerlo en vertical. Es bastante emocionante”, comparte el capitán de fragata, equivalente en otros cuerpos al cargo de teniente coronel.

A la derecha, Donoso en sus comentidos actuales.
A la derecha, Donoso en sus comentidos actuales.

En este tiempo, Donoso ha participado con España en muchos ejercicios. “No hemos estado en zonas de conflicto donde esta capacidad se emplea hasta sus últimas posibilidades, pero he participado tanto desplazándome solo con el avión y otros aviones como a bordo del portaaviones “Juan Carlos I”, el único que tiene la Armada, prácticamente por todo el Mediterráneo, Norte Europa, Mar Báltico, Mar Rojo y Océano Indico hasta Kuwait en ejercicios nacionales e internacionales en los que se practican muchos aspectos para cuando sea necesario hacerlo de una forma más exigente”, explica Donoso. También ha participado en muchos festivales aéreos nacionales e internacionales como piloto de exhibición con su querido Harrier al cual añora con mucho cariño.

Narciso Donoso ya no pilota desde hace dos años. El pasado terminó el curso de Estado Mayor (CEMFAS) y ahora sigue vinculado a la aviación desde un puesto de coordinación y planificación de operaciones aéreas, organizando vuelos de aviones y helicópteros en maniobras internacionales.

Actualmente regresa del despliegue en el Mar Báltico en maniobras bajo mando español de la OTAN, con el objetivo de demostrar la capacidad de desplegarse de una forma rápida donde se les necesite. El objetivo es “dar una imagen de solidez, de cohesión y sobre todo de disuasión -apunta- en una zona como es el Báltico que empieza a ser sensible a ciertas acciones de las fuerzas armadas de la OTAN”.

Despliegue en el Mar Báltico.
Despliegue en el Mar Báltico.

Su labor ha consistido en coordinar de día y de noche el tráfico aéreo y asegurar que las operaciones se desarrollaran de manera segura y eficiente. “Me encargo de que todos los aviones y helicópteros embarcados hagan lo que se les encomienda de forma escalonada y segura. Es diferente a volar, pero también tiene su atractivo”, explica. Este despliegue contaba con unos 20 barcos de Francia, Alemania y Turquía, principalmente, a los que pueden sumar otros en colaboraciones con los países por lo que se navega.

Sobre la posibilidad de volver a pilotar en el futuro, Narciso reconoce que hay opciones, pero que su carrera está enfocada ahora hacia el mando de barcos, una responsabilidad que valora tanto como sus años de vuelo. “Habría una posibilidad en el futuro de poder volar otros dos años, pero mi carrera ha ido por un derrotero en el que no solamente he podido volar, sino que además he podido ser comandante de diferentes barcos”, uno en Málaga, el Tagomago, y otro en Cartagena, el Infanta Elena. El siguiente paso es “mandar un barco más grande”, por lo que, si coinciden en el tiempo con poder volver a volar, escogería lo primero “debido a una serie de circunstancias particulares de cada una de las opciones. Ha sido un sueño, pero en algún momento había que despertar. Hay que ir dejando paso a otras generaciones”, considera Donoso.

Con humildad y cercanía, anima a los jóvenes de Sabiñánigo y de toda Huesca a sumarse a la Armada si sienten verdadera pasión por ello. “Huesca no es una provincia de tradición marinera, pero esta profesión abre puertas que nunca imaginarías. Las experiencias son intensas, solamente la parte del portaaviones para los pilotos es muy potente, y si te gusta, te llena y te hace feliz. Si llegué yo, puede llegar cualquier otra persona”, asegura. “Hay que estudiar, ser un poco cabezón también queriendo que salga adelante, y sobre todo, aprender de lo que vas viviendo para ser mejor persona y mejor profesional”, aconseja. 

Imagen de la operación en el Báltico.
Imagen de la operación en el Báltico.

En algunas ocasiones, el destino de sus misiones le ha permitido volar con su avión, aunque sea fugazmente, sobre el paisaje donde creció. No era algo previsto ni habitual, pero a veces las circunstancias de los entrenamientos lo hacían posible. Cuando los Harrier se desplazaban de la base de Rota a Zaragoza y desde la capital aragonesa a trabajar en el polígono de tiro de las Bardenas Reales, en Navarra, se abría la posibilidad muy especial para él de acercarse un poco más al Pirineo.

La primera vez que pudo hacerlo fue poco después de regresar a España tras su formación en Estados Unidos, y aquel vuelo tiene para él un significado especial. "Fue muy emocionante y emotivo". Su padre todavía vivía y decidió avisar únicamente a sus padres y a su hermano. Les pidió que se situaran en un punto concreto y les advirtió de que quizá, entre una hora y otra, podría pasar por allí. Nada era completamente seguro. Mientras el avión avanzaba hacia el Pirineo, las emociones empezaron a agolparse. Recuerda que, a medida que se acercaba el momento de cruzar el valle, sentía "una mezcla explosiva de muchas sensaciones". Era la primera vez que sobrevolaba el lugar donde había crecido pilotando un avión de combate, y eso concentraba en unos pocos segundos una historia personal muy larga: la infancia en Sabiñánigo, los años de esfuerzo y todas las personas que le habían ayudado en el camino, especialmente sus padres y hermanos.

Desde la cabina todo sucede con una rapidez vertiginosa. Para él, el instante es breve, casi fugaz. En tierra su familia espera en el punto acordado. Cuando finalmente aparece el avión, apenas hay tiempo para nada. Los ve, parpadea y en cuestión de segundos ya han quedado atrás. Pero, sin embargo, ese momento siempre ha tenido un significado profundo. "Suponía muchas cosas para mi familia, para mí y para mucha gente que me conoce en Sabiñánigo. Personas apropiadas que me encontré en el momento adecuado, que me orientaron, me motivaron y de alguna forma me ayudaron a conseguir esto y a ser la persona que soy", señala Donoso Alonso. "Sobrevolar Sabiñánigo -comparte- siempre ha sido para mí una forma de dar las gracias”.

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