Quince años después de que Huesca comenzara a aplicar el proyecto La Ciudad de las Niñas y los Niños, la capital oscense ha vuelto a reflexionar este lunes sobre el papel de la infancia en la vida urbana. La Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación del Campus oscense de la Universidad de Zaragoza ha acogido las II Jornadas de Educación para la ciudadanía con voz de infancia, un encuentro dedicado a revisar esta iniciativa y a debatir sobre cómo incorporar la mirada infantil en la construcción de la ciudad.
El proyecto, impulsado por el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci, se implantó en Huesca hace tres lustros gracias a la colaboración entre el campus universitario y el Ayuntamiento, a la que posteriormente se ha sumado el Gobierno de Aragón.
Tonucci ha intervenido por videoconferencia ante los participantes en la jornada, principalmente estudiantes de la Facultad, con un mensaje dirigido a reivindicar la necesidad de escuchar de verdad a los niños y niñas. “En estos 35 años del proyecto internacional y en los 15 años del proyecto en Huesca, lo que más hemos aprendido es escuchar a los niños”, ha señalado. Sin embargo, ha advertido de que escuchar a la infancia no significa solo oír lo que dicen, sino comprender cómo aprenden y descubren el mundo.
El pedagogo italiano ha explicado que los primeros aprendizajes de un niño no proceden de la enseñanza formal, sino de descubrimientos espontáneos. Desde los primeros intercambios de mirada con la madre durante la lactancia hasta los juegos con la voz que desembocan en las primeras palabras, "el desarrollo infantil está marcado por procesos de exploración y experimentación", ha señalado. “Los niños aprenden a hablar, a andar o a dibujar sin docentes, a través de descubrimientos y ensayos”, ha afirmado, defendiendo el valor de estos aprendizajes incidentales.

A partir de esa reflexión, Tonucci ha recordado cómo en generaciones anteriores el aprendizaje continuaba fuera de la escuela, especialmente en el tiempo libre. Los niños jugaban con amigos y sin la supervisión constante de los adultos. "Nuestro juego era libre, en el sentido que se jugaba a lo que queríamos en lugares elegidos para nosotros. El lugar de juego era lo que los niños bautizaban así, podía ser la escalera de casa, el patio, la acera de enfrente de casa. Todo esto empezaba muy pronto, a los 4 o 5 años máximo, y desde los 6 años todos los niños y niñas iban a la escuela sin adultos".
Según ha explicado, en esta experiencia de juego fuera de casa se aprendían otras cosas: "A conocerse y conocer los demá; a conocer los peligros y los obstáculos, a superarlos o a evitarlos; se aprendía a pelearse y a recomponer las peleas; a ponerse en relación con las normas que la familia ponía para respetarlas o trasgredirlas, encontrando después consecuencias. Era un mundo muy complicado que se abría para nosotros y estaba en nuestras manos".
Sin embargo, ha lamentado que esa experiencia prácticamente ha desaparecido en las últimas décadas. Para el psicopedagogo italiano, la sociedad se enfrenta ahora, tras la pandemia de la covid, a una situación que ha descrito como una “segunda pandemia” que afecta a la infancia en todo el mundo.
Si en el pasado el aburrimiento impulsaba la creatividad y la invención de juegos, hoy muchos niños pasan largas horas en casa sin posibilidad de salir a la calle. En ese contexto, ha advertido, el móvil se convierte en la principal alternativa de ocio.
Tonucci ha alertado de que los dispositivos digitales exponen a los menores a contenidos y dinámicas problemáticas, desde el aislamiento social hasta el acceso a materiales inadecuados. Frente a ello, ha defendido que la solución no consiste solo en prohibiciones o limitaciones tecnológicas.
“El tema no es solo reducir el uso del móvil o retrasar su uso”, ha señalado. “El tema es que tenemos que ofrecer a los niños y las niñas, desde los primeros años de vida, algo que les interese más de un móvil. Y nosotros pensamos que la única oferta que tiene esta posibilidad de competir con algo de fascinante es el juego. El juego fuera de casa, todos los días, con amigos y sin adultos, donde los niños se sientan libres", ha puesto de manifiesto.
En contra de la percepción extendida, ha afirmado que las ciudades actuales son más seguras que hace décadas, cuando las generaciones anteriores se movían con mucha mayor autonomía. Por ello, ha apelado a las instituciones locales y a las familias a recuperar esa libertad infantil.
"La ciudad necesita tener niños y niñas en la calle, porque será mejor y más segura". Como ha explicado, la ciudadanía se hará cargo de los niños, y donde hay una asunción de cargo significa que hay atención y cuidado y se crea un ambiente hostil e incómodo para los delincuentes. De ahí la imagen que dibujé hace 35 años, para el libro La ciudad de las niñas y de los niños, que representa un grupo de niños que está jugando en la calle frente a un cartel de obras que dice "perdonen las molestias, estamos jugando para vosotros". Los niños juegan porque lo necesitan, pero si juegan en un espacio público recuperan el espacio público, lo hacen más seguro, lo hacen mejor", ha concluido.

"UN PROYECTO DE CIUDAD CON LOS NIÑOS"
Tras su intervención, la profesora Azucena Lozano, una de las impulsoras del proyecto en Huesca y miembro del equipo gestor de La Ciudad de las Niñas y los Niños, ha subrayado la capacidad de Tonucci de ponr de frente la realidad para avanzar hacia ella. “Cuando los niños están en la calle están jugando para toda la ciudadanía”, ha destacado. Posteriormente ha expueso en una ponencia para exponer en profundidad el proyecto y ha defendido la necesidad de reconocer el derecho de la infancia a ser escuchada.
Según ha recordado, la iniciativa fue rechazada inicialmente por el Ayuntamiento en 2003 y no fue hasta 2011 cuando se pudo poner en marcha, iniciando desde entonces quince años de trabajo continuado con el acompañamiento de Tonucci.
Lozano ha subrayado que "no es un proyecto para los niños, sino un proyecto de ciudad con los niños”, ha señalado y ha destacado que su objetivo es incorporar la mirada infantil en las decisiones urbanas. Ha explicado que las ciudades suelen diseñarse para un modelo de ciudadano concreto, tradicionalmente un adulto varón, lo que deja fuera a otros colectivos como personas mayores, menores o personas con discapacidad. En cambio, defendió que una ciudad pensada para los niños termina siendo una ciudad mejor para todos los que la habitan.
El proyecto en Huesca se articula a través de distintos espacios de participación. El principal es el Consejo de las Niñas y los Niños, formado por 26 escolares de quinto y sexto de Primaria elegidos por sorteo entre los centros educativos de la ciudad y que participan durante dos años. Los consejeros se reúnen periódicamente para debatir propuestas y trasladarlas al Ayuntamiento.
Estas ideas se analizan posteriormente en el denominado Laboratorio, en el que participan técnicos municipales, asociaciones y otros agentes sociales para estudiar cómo pueden llevarse a la práctica. El proceso se completa con otros grupos de trabajo, como el Grudimix -grupo de discusión mixto con alumnado y profesorado universitario, personal municipal y otros participantes- y el grupo gestor, encargado de coordinar el proyecto.
Lozano ha destacado también que una de las claves de la iniciativa es fomentar la autonomía infantil, facilitando que los niños puedan moverse por la ciudad, ir solos al colegio o encontrarse con amigos. En este sentido, ha defendido el valor del juego libre en la calle como un espacio de aprendizaje continuo. “La ciudad tiene que ir creando un ambiente en el que los niños puedan salir a jugar”, ha señalado y ha insistido en que lo ideal es que dispongan de espacios abiertos donde puedan inventar sus propios juegos.
Para la profesora, el éxito del proyecto depende sobre todo del compromiso de los propios niños. “Lo más importante es la ilusión y la implicación de los niños”, ha afirmado. “Sin su voluntad de participar, este proyecto no sería posible”.

DIÁLOGO CON LOS MIEMBROS DEL CONSEJO
La jornada ha continuado dando voz a los miembros del Consejo de la Ciudad de las Niñas y los Niños de Huesca Nico Zueras Avellanas, Asier Rodríguez Muzás, Silke Maza Amella, Irene Domínguez Sarvisé, Candela Pueyo Giménez y Neymar Cuero Sinisterra, acompañados por María Chic.
Los consejeros infantiles han explicado al público cómo funciona este espacio de participación, en el que niños y niñas de los distintos centros escolares proponen ideas para mejorar la ciudad. “Es una experiencia muy chula porque te interesas por tu ciudad para mejorarla y para que los adultos piensen un poco más en los niños”, han señalado y valorado que el proyecto permite “mejorar la ciudad desde el punto de vista de los niños y las niñas”.
Los consejeros se reúnen una vez al mes en dos formatos de trabajo: las comisiones, donde elaboran propuestas, y el consejo, donde las ponen en común. Entre los temas en los que están trabajando actualmente destacan la seguridad en las calles y la autonomía infantil. “Nos gusta quedar con nuestros amigos solos”, han apuntado y defendido que Huesca puede ser una ciudad segura para que los niños se muevan con mayor libertad.
Entre las iniciativas que se han impulsado se encuentran los proyectos de “Comercio Amigo” y “Espacio Amigo”, establecimientos señalizados a los que los niños pueden acudir si necesitan ayuda, o la creación de puntos de encuentro para que los menores puedan quedar antes de ir juntos al colegio.
También han propuesto actividades como “El Coso en juego”, una jornada de juego libre en la calle, que todavía no se ha podido llevar a cabo por lluvia.
Algunas de sus propuestas han salido adelante y otras se han quedado por el camino. "Nos dicen que es muy caro o que no se puede hacer o que ya lo están haciendo", han comentado. “A veces tenemos buenas ideas pero luego las normativas o los adultos ponen alguna traba”, como los pasos de cebra de colores, ha apuntado Chic.
Durante el diálogo con el público, los niños también se dirigieron a los estudiantes de Magisterio presentes en la sala, que en el futuro ejercerán como docentes. Sus recomendaciones fueron que "no se pongan deberes”, “que los recreos sean divertidos”, “menos exámenes” o “que no griten” y, para finalizar, con “educar con el corazón”, una idea aplaudida por todos.
Los participantes también destacaron que el consejo les ha ayudado a conocer a otros niños, mejorar su capacidad para hablar en público y perder la timidez. “Tener enfrente a la alcaldesa impresiona un poco”, admitía uno de ellos, y han coincidido en que es un proyecto divertido en el que se lo pasan muy bien.

La jornada han continuado con un coloquio y Paco Paricio, de ‘Los Titiriteros de Binéfar’,ha guiado el el taller ‘Los juegos del Titiritero’. La actividad ha sido abierta poruna representación institucional compuesta por la vicerrectora del Campus de Huesca, Marta Liesa, la alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, el decano de la Facultad anfitriona, Javier Zaragoza, y la directora provincial de Educación, Mónica Martínez. Todos ellos han reafirmado su compromiso con La Ciudad de las Niñas y los Niños, por considerarlo "de justicia", un proyecto que habla de "democracia y participación" y que ddemuestra que la participación infantil es posible y "profundamente transformadora".
Asimismo, ha participado la profesora de Didáctica de las Ciencias Sociales del Campus de Huesca y coordinadora de la jornada, Arasy González Milea, quien ha valorado estra jornada como un regalo para sus estudiantes. Como ha señalado, "este proyecto ha demostrado en estos últimos 15 años que ha cambiado la forma en que la ciudad ve, cuida y reconoce a su infancia". Ha invitado a sumarse al Día del Juego a la Calle, el próximno 15 de abril, que va a estar dinamizado por los estudiantes participantes en la jornada, que atenderán a los 3.600 niños y niñas de Huesca.