Reyes más ecológicos y tecnológicos: los contenedores, sin la saturación de los 6 de enero de antes

El cambio de hábitos y el vaciamiento previo por los servicios municipales provoca una imagen inhabitual de normalidad para esta fecha

07 de Enero de 2023
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Envoltorios de regalo en un contenedor en la calle Teruel de Huesca
Envoltorios de regalo en un contenedor en la calle Teruel de Huesca

Como muestreo, diez contenedores están bien. Entre el mediodía del 6 de enero y el del 7 de enero, un recorrido por los especializados en papel y cartón semejaba la búsqueda de quienes padecen síndrome de Diógenes. O, en versión posmoderna, el Dumpster Diving, la búsqueda de tesoros escondidos entre la basura. Una ciudad se retrata a través de sus residuos en todos los sentidos: si es ordenada, si tiene conciencia medioambiental, si come saludable, si apuesta por el "slow food" o el "fast food", si tira de reciclaje y selecciona,... En estos receptáculos de desperdicios, hay todo un máster de sociología del consumo.

La observación cuando asoma el mediodía del 6 (en realidad, asoma poco por la niebla) sorprende respecto a las escenas que no son tan de antaño, sino más bien recientes. Frente a aquellas imágenes con el contenedor de papel y cartón rebosante, rodeado ya de unas cuantas cajas y bolsas de papel con envoltorio, absoluta normalidad. Un vistazo al interior desvela que está prácticamente vacío, sorprendente porque tradicionalmente han sido muchos los padres que, abrumados por tanto desorden en los embalajes, salían a trasladar esa sensación a la calle, junto al espacio de recogida selectiva de residuos. Eso sí, también significativo que el único paquete grande en la calle Doña Sancha sea de Amazon.

Normalidad en los contenedores, más allá de alguna muestra de suciedad.
Normalidad en los contenedores, más allá de alguna muestra de suciedad.

Esto sí que es nueva normalidad. El tipo de regalos que los reyes Melchor, Gaspar y Baltasar dejan en los domicilios familiares ha variado sustancialmente. No es que la industria juguetera sea ajena a la recuperación tras la pandemia y de hecho preveía volver a las cifras previas con un incremento de facturación entre el 2 y el 3 %.

No es tampoco que niñas y niños renuncien a la manera de jugar característica de nuestros tiempos pretéritos (si acaso se penalizan algunas por sexismo o por contraindicación educativa), es que los hábitos y la irrupción de la sociedad de la información ha variado el escenario. Es cierto que ha habido resistencia de los juegos tradicionales, pero incluso éstos se han vuelto más tecnológicos por una querencia a la interacción, a incrementar las potencialidades lúdicas. Los que más agradan son aquellos que imitan a las herramientas tecnológicas de los adultos, como tablets, ordenadores o cámaras de fotos, de los pocos productos que sí tienen su cuota de mercado en Navidad.

El caso es que, sea como fuere, los regalos de Reyes son menos voluminosos y, a falta de datos oficiales de los servicios de recogida de basura, pesan y ocupan menos. Los contenedores son notarios de esta evolución. Con sus pros y sus contras en el contenido, pero con un efecto beneficioso en lo medioambiental.

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