Los vecinos de Angüés están razonablemente soliviantados por las insalubres prácticas de muchos turístas que acuden a bañarse en las aguas del Alcanadre y que, ante la ausencia de contenedor, amontonan las bolsas de basura con restos de comida y otros objetos en el medidor del agua en el Puente Viejo y sus alrededores.
Este vertedero improvisado es la consecuencia de la afluencia importante de personas que acuden a bañarse en las aguas del río Alcanadre y lo hacen sin ningún tipo de miramiento, decoro ni respeto hacia la naturaleza y hacia el resto de sus congéneres humanos.
Si no fuera porque hoy está mal visto, muchos recalcarían todavía más el hecho de que la inmensa mayoría de ese mal llamado turismo tiene procedencia del exterior, pero lo que es decirlo, lo dicen, y con conocimiento de causa. Desde luego, los vecinos de Angüés o de Lascellas ya no acuden al río a disfrutar de sus aguas.
Fundamental aunque no exclusivamente los fines de semana, esta zona entre Angüés y Lascellas se llena de bañistas que pasan el día, comen, beben, excretan sus necesidades (aunque produzca escalofríos, no hay ser humano que aguante muchas horas sin hacerlo) y luego dejan, como obsequio de cortesía, los residuos de su jornada de asueto allí donde les viene mejor. Como se ha conformado ya este montoncito en el Puente Viejo, debe tener ya carta de usabilidad.

No tienen muy claro si corresponde al término de Angüés o al de Lascellas, o si compete su salubridad a la Confederación Hidrográfica del Ebro por ser entorno de un cauce fluvial, pero los vecinos lamentan que no exista un contenedor que palíe al menos en parte esta acumulación de suciedad (que, conociendo la diversidad del personal, quizás para algunos no fuera siquiera útil cuando prefieren "adornar" el medio ambiente con sus restos). Y, de paso, demandan una cierta vigilancia, convencidos como están de que el río Alcanadre, precisamente, no tiene en este contexto la mejor calidad de sus aguas.
Así que ya tienen faena las instituciones para dirimir de quién es la competencia del Puente Viejo y, sobre todo, para poner solución a semejante marranería. Que es de mal gusto y nada bueno puede traer. Ya luego, lo de la educación para la ciudadanía, es otro cantar, que los verdaderamente puercos son los que depositan incívicamente los residuos.