La montaña, incluso para quienes la conocen bien, puede cambiarlo todo en segundos. Así ocurrió en el pico Tablato, en el término de Panticosa, el pasado 29 de diciembre. La llamada entró a las 13.14 horas y desde el otro lado del teléfono se daba el aviso de que un alud había sorprendido a un grupo mientras realizaba esquí de montaña. Cuatro habían sido arrastrados por la nieve. En pocos minutos, se activó un amplio dispositivo de rescate que acabaría confirmando la peor de las noticias: tres personas habían perdido la vida.
Se trata de Jorge García-Dihinx, médico del Hospital San Jorge de Huesca, divulgador meteorológico y montañero muy conocido en el Pirineo; su pareja, Natalia Román, reconocida deportista de Zaragoza, y el montañero de Irún Eneko Arrastua. Una mujer de 29 años, vecina de Ordizia, fue rescatada con síntomas de hipotermia, mientras que su padre y un vecino de Zaragoza resultaron ilesos.
Al frente del operativo estuvo el teniente Baín Gutiérrez, jefe del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de Jaca, que conoce bien estas montañas y también a muchos de quienes las recorren. Este era el caso porque "son conocidos de estos valles, y personalmente había coincidido con Jorge en el monte y en algún acto”. Eso hace que el rescate pese más, "aunque estamos acostumbrados a estas situaciones, porque quien más quien menos ha vivido momentos muy duros. Yo tuve un accidente con uno de mis mejores amigos, también del Greim, que casi se mata delante de mí. Estamos acostumbrados, pero son complicadas”, reconoce.
El acceso al lugar ya anticipaba la dificultad del operativo. “Era una zona sin cobertura. Tuvimos muchísimos problemas con las transmisiones, incluso con nuestras propias trasmisiones con el helicóptero, y eso que contamos con varias diferentes, como de banda aérea, de SIRDEE (Sistema de Radiocomunicaciones digitales de emergencia del Estado). Quienes dieron el aviso, evidentemente también”. La información inicial hablaba de cuatro personas sepultadas. Nada más.
Hasta la zona se desplazaron efectivos del Greim de Panticosa, Jaca y Huesca, junto a la Unidad Aérea de Huesca. En total, 14 especialistas en montaña trabajaron sobre el terreno, además del apoyo posterior de otros agentes de la Comandancia. “Cuando subieron los primeros especialistas, comprobaron que dos de las víctimas ya habían sido localizadas gracias al autosocorro realizado por los propios compañeros y otros esquiadores de montaña que se encontraban en la zona. Con los aludes, el autosocorro es primordial. En quince minutos se pierden el 90 % de las posibilidades de sobrevivir sepultado, y nosotros no podemos llegar en ese tiempo, es imposible”, subraya.
Con detectores de víctimas de avalancha (DVA), sondas y palas, lograron sacar a Jorge García-Dihinx y a Eneko Arrastua. La tercera víctima, Natalia Román, seguía desaparecida cuando los equipos del Greim comenzaron su intervención. "A partir de ahí, llegas y trabajas. No tienes frío, ni hambre, ni sed. Vas con el chip del rescate”, explica Baín Gutiérrez, describiendo un estado mental en el que lo demás queda en segundo plano. "Con nuestra experiencia y nuestro material logramos encontrarla. Los perros de rescate Unkar y Balrog localizaron el punto", indica. Cada unidad del Greim en la provincia de Huesca cuenta con un guía canino especializado en este tipo de emergencias.
El alud hizo que se precipitaran unos 700 metros, en una caída que el propio jefe del Greim describe como “una ola de manto nivoso” descendiendo por una pared casi vertical. Lo milagroso es que la joven afectada quedara "prácticamente ilesa, no se hizo ni una fractura”, señala. La joven fue arrastrada por la masa de nieve hasta la parte baja como sus compañeros afectados. En el grupo se encontraba su padre, que no fueron alcanzado por el alud. "Es la suerte o la divina providencia. Es raro que en un grupo de esquiadores, sobre todo numeroso, atrape a todos porque siempre hay distintos factores, pero a ellos no les arrastró el alud. Uno era el padre, pero hay que imaginarse también lo que supone de ver eso con tu hija".
La investigación continúa, aunque los primeros indicios apuntan a un alud de placa, en el que un estrato de nieve dura desliza sobre otro más débil. "Iban provistos de todos los elementos necesarios, pero es como si cae una bomba, con un gran estruendo. Es una fuerza… Fueron muchos metros de pared, al desencadenarse arrastra toda la nieve que hay arriba, es un efecto rebote el propio de alud", explica el jefe del Greim de Jaca.
Baín Gutiérrez insiste en un mensaje que repite una y otra vez: el riesgo cero no existe. Y lo dice con conocimiento de causa. “Era un grupo de personas megaexperimentadas, si no, no lo diría. Estaban accediendo a una zona que hemos hecho mil veces. No era especialmente propensa a aludes. Pero en terreno nevado el riesgo cero no existe”. Ese riesgo también lo asumen los rescatadores. “Cuando nosotros llegamos, tenemos que meternos donde ha caído un alud. A veces caen más. A partir de ahí, todo el frío que pasemos, la angustia, pues es prácticamente secundario.A pesar de que tenemos nuestros protocolos y medidas de seguridad, como una persona de vigía en una zona elevada, si se desencadena, es muy complicado, por no decir imposible, salvarse. Y más en una segunda vez, que es como un tobogán, que baja más deprisa".
Pese a la gravedad del accidente, Gutiérrez recuerda que los aludes con víctimas no son frecuentes en el Pirineo aragonés. “Tenemos muchos más rescates por caídas en pendientes heladas, hasta 90 cada año, con fallecidos también”, explica, aunque reconoce que los aludes generan siempre una fuerte conmoción social.
El auge del esquí de montaña y de las actividades invernales no es nuevo, pero se ha intensificado en los últimos años, especialmente tras la pandemia. “Cada vez hay más personas, más pruebas, más disciplinas. Se está democratizando, aunque sigue siendo un deporte caro y exigente”, señala. Un crecimiento que convive con una realidad inmutable: la montaña no ofrece garantías absolutas.
El jefe del Greim de Jaca insiste en que la seguridad empieza mucho antes de pisar la nieve. La clave, subraya, es la planificación previa de la actividad, adaptada al terreno y a la disciplina que se vaya a practicar, ya sea esquí de montaña, alpinismo o escalada en hielo.
Esa planificación pasa, en primer lugar, por consultar la previsión meteorológica, no solo del día elegido, sino también de las jornadas anteriores. “Es fundamental saber qué tiempo ha hecho días atrás para entender cómo está el manto nivoso”, explica. La evolución de la nieve depende de muchos factores: la orientación de las laderas, si el terreno está a barlovento o sotavento del viento, la insolación, la presencia de niebla o incluso nubes procedentes del otro lado de la frontera que pueden no haberse percibido desde aquí.
Por eso, recomienda analizar bien la zona por la que se va a transitar, ya que en una misma montaña las condiciones pueden cambiar radicalmente según la orientación norte, sur, este u oeste. A ello se suma la consulta de los boletines de riesgo de aludes, contrastando distintas fuentes oficiales y especializadas, como Aemet, Meteo France o foros técnicos, ya que puede haber matices entre unas y otras.
Una vez en la montaña, el análisis no termina. Todo lo contrario. El jefe del Greim advierte de que ir solo por terreno nevado multiplica el riesgo y recalca la importancia del grupo. “Hay que ir evaluando de forma permanente la nieve y el entorno entre todos”, señala. También pide no sobreestimar las propias capacidades y tener claro que darse la vuelta es siempre una opción válida si las condiciones no son las esperadas. “La cima no es ni siquiera la mitad del camino, aún queda mucho por delante”, recuerda.
Escuchar a la montaña es otro de los mensajes clave. Observar "cómo suena o cruje la nieve, detectar grietas, tocarla con la mano o con el bastón y analizar continuamente el terreno" aporta información valiosa para tomar decisiones. A todo ello se suma la información, formación y la práctica, imprescindibles para interpretar correctamente esos indicios. Y aun haciendo las cosas bien, insiste, el riesgo cero no existe en la montaña, por lo que también es esencial saber cómo reaccionar ante una emergencia.
Mientras continúan las investigaciones y vuelve la actividad a la montaña, el recuerdo de Jorge García-Dihinx, Natalia Román y Eneko Arrastua queda grabado en los valles y entre quienes comparten esa pasión que, como recuerda el jefe del Greim de Jaca, da mucho, pero también nos exige respeto.