Muere Arturo Aliaga, "el mejor consejero de la historia de Aragón"

El que fuera vicepresidente de Aragón y presidente del PAR deja una honda estela de bonhomía y capacidad de gestión

02 de Septiembre de 2026
Guardar
Arturo Aliaga, con cocineros aragoneses en Madrid Fusión
Arturo Aliaga, con cocineros aragoneses en Madrid Fusión

Arturo Aliaga López, zaragozano de Jaulín, oscense conyugal de Sariñena, turolense por vocación, aragonés por nacimiento, ejercicio y voluntad, ha fallecido a los 70 años de edad.

Se nos antojaba, a los muchos que le admiramos y que le quisimos, imbatible por las enfermedades por más cruentas que fueran, inmortal por ese optimismo antropológico que constataba lo mismo cuando se subía a una tribuna y pronunciaba con entusiasmo anglicismos como si permitieran impulsar más el sentido internacional de Aragón que cuando, entre amigos, en una bodega, pongamos que en la propia de Sariñena, tomaba la guitarra y rasgaba sus cuerdas para acompañar hermosas melodías o raciales jotas.

En el ámbito empresarial pero también en el político, Arturo Aliaga era considerado "el mejor consejero de la historia de Aragón". Es materialmente imposible la constatación, pero es cierto que su propia formación y su ilusión a prueba de cualquier adversidad le acreditaba como un adalid de la eficacia en la gestión y un visionario en tantas y tantas materias en las que brilló.

Logo WhatsApp
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp para tener la mejor información

A nadie dejaba indiferente Arturo Aliaga, porque, además de cumplir su misión con criterio de ingeniero industrial, impasible el ademán para la toma de decisiones, innegociable la adopción de procesos precisos y contrastados para solucionar los problemas, era una persona extraordinaria y un hombre de bravura aragonesa. Un valor que demostraba contra viento y marea, como sucedió cuando alzó la voz públicamente cuando este escribano y cuatro compañeros fueron fulminados por la familia de la aristocracia comunicativa de manera inmisericorde e injusta. Era, nada menos, vicepresidente del Gobierno de Aragón y no todos los consejeros tuvieron la misma gallardía (sí Pepe Soro, al que estoy eternamente agradecido).

No es, esta peripecia, sino una más de las que nos unieron durante décadas y de las que le adosaron, como un oscense más, a la ciudad y la provincia. De hecho, fue profesor de la Escuela de Ingeniería de Huesca y profesor asociado de la Universidad de Zaragoza en Teruel. Ingresó en el Cuerpo de Funcionarios de la Administración de la Comunidad Autónoma de Aragón.

De manera independiente, comenzó su sucesión de cargos de carácter técnico en el Departamento de Economía del Gobierno de Aragón hasta que en 2002 fue elevado a la consejería de Industria, Comercio y Desarrollo del Gobierno de Aragón, en sustitución de José Porta Monedero. Alumbrado por éste y por Santiago Lanzuela, tomó el testigo para dar impulso al Parque Tecnológico Walqa con una audacia difícil de identificar en Aragón. Por poner un ejemplo, atrajo a un gurú mundial de la tecnología como Jeremy Rifkin y también fue copartícipe con José Luis Estallo de la creación de los Premios Empresa Huesca.

Primero con Marcelino Iglesias, después con Luisa Fernanda Rudi y a continuación con Javier Lambán, este hombre de acuerdos, de pactos, inasequible a cualquier intento de contravenir el diálogo, sirvió de una manera absolutamente leal anteponiendo los intereses de la comunidad a los propios partidarios. La verdad es que, de hecho, Arturo Aliaga no era un hombre muy orgánico y, una vez culminada su tarea institucional como vicepresidente de un gobierno extraño por la concurrencia de siglas que le producían no pocas contradicciones, el aparato de su partido, que presidía desde 2015, le devoró. Quizás no eran las intrigas palaciegas internas su mejor habilidad.

Establecer una enumeración de las conquistas de Arturo Aliaga en materia de gestión sería interminable. Desde la innovación en energías renovables hasta las tecnologías, desde la industria agroalimentaria hasta el turismo que le apasionaba, desde sus encuentros con empresarios en los que estaba francamente cómodos y con él sus interlocutores hasta las veladas con Monegros Empresarial que presidía María Jesús Laguna y donde disfrutaba en su segunda tierra o con las fiestas de electricistas y fontaneros oscenses, desde la gastronomía con los cocineros Michelín o su apoyo a la Academia Aragonesa de Gastronomía a la industria farmacéutica. En términos futbolísticos, siempre jugaba en casa. Tal era su afabilidad y su convicción de que no estaba para engrandecer los problemas sino para simplificarlos hasta la solución definitiva. El sentido del deber en el más puro estilo Arturo.

Este escuetísimo resumen no ha de dar la impresión de que la vida fue de color de rosas para Arturo Aliaga López. Las enfermedades le asediaron, sufrió un severo infarto, el coronavirus se cebó con él y un cáncer le puso a prueba. Nada podía con su resistencia, nada con su ánimo reforzado por una sonrisa que levantaba el espíritu a sus amigos.

Es puñetera esta vida que tanto abrazó con su vitalidad Arturo Aliaga. Justamente en San Antolín, cuando su Sariñena festeja con gozo, se ha marchado a algún predio celestial en el que necesitarán un buen gestor, una buena persona, un hombre alegre y entrañable, un aragonés de hierro, un amante de las tradiciones, un orador de palabra y de oración. Quizás se tenía que ir así, sin avisar, sin propiciar un atisbo de tristeza en los suyos, que han sido -y somos- muchos. Descanse en paz Arturo Aliaga López, comúnmente considerado "el mejor consejero de la historia de Aragón" (aunque tal expresión categórica quizás esconda algo de hipérbole), con certeza el paradigma de la grandeza de Aragón, donde somos, como la zarzuela que tanto le entusiasmaba, gigantes y cabezudos.

Archivado en